Palabras pronunciadas por el ingeniero Félix M. García C., presidente del Grupo Linda, en el acto de graduación celebrado por la Regional Norte del Instituto de Formación Técnico Profesional (Infotep) con motivo del vigesimoctavo aniversario de esa entidad:
Agradezco la invitación que me hiciera la Dirección Regional Norte del Instituto de Formación Técnico Profesional ?Infotep? para dirigirme a ustedes en este acto de tanta importancia para el proceso de capacitación de recursos humanos para la producción, como es la entrega al país de este grupo de profesionales en diversas áreas técnicas.
En la actualidad, la capacidad de las empresas para sobrevivir viene definida por su preparación para la competitividad.
Esto nos obliga a prestar mucha atención no solamente a la capacidad gerencial, sino a mejorar las habilidades y destrezas de los recursos humanos a todos los niveles.
La necesidad de personal entrenado por parte del sector productivo coincide con el objetivo nacional de promoción del desarrollo económico y social de la República Dominicana, por lo que eventos como este son un símbolo de que, pese a las amenazas, los presagios y efectos de la crisis mundial, seguimos avanzando.
Si bien es cierto que nuestras energías deben concentrarse en superar esta crisis económica que afecta el universo a todos sus niveles, también estamos obligados a trabajar paralelamente con otras manifestaciones de crisis social que a la larga pueden convertirse en insalvables, como es el caso de la delincuencia.
Muchos jóvenes de nuestra sociedad flotan en un ambiente que les demanda capacidad de consumo para poder cubrir un estilo de vida que ven en otros sectores de mayores recursos económicos, pero sus capacidades no les permiten generar los ingresos necesarios y terminan engrosando las masas de potenciales delincuentes.
La formación profesional para la producción, ya lo sabemos, es una solución directa y eficaz para enfrentar este mal que cada vez tiene más incidencia en el desequilibrio de la sociedad que aspiramos.
Ahora bien, la oferta de formación académica por sí misma no es capaz de realizar las transformaciones que demanda la sociedad; el tipo de formación recibida y la capacidad del aparato productivo para absorber los recién formados profesionales es lo que determina que la inversión en educación sea tan efectiva como se aspira y se requiere.
Si revisamos las estadísticas de la población dominicana con títulos académicos observaremos que en los últimos años el crecimiento cuantitativo ha sido bastante alto en este renglón.
Lo mismo podemos decir del número de instituciones académicas a nivel superior, las cuales, a nuestro juicio, se han multiplicado mucho más que lo que necesita un país con nuestro tamaño y nuestra población.
No obstante, cuando requerimos de un técnico en plomería, electricidad, mecánica o carpintería, ya sea a nivel empresarial o para resolver problemas residenciales, la cosa se nos complica.
Son tan pocos en el mercado, que no aparecen, y cuando están disponibles el exceso de demanda los lleva a un nivel de incapacidad tal que su cotización y su disponibilidad se salen de los límites reales.
Todo esto reafirma la importancia de la inversión nacional en la formación técnico profesional
No queremos decir que no se haya invertido en eso.
De hecho, el Infotep es un buen ejemplo de un esfuerzo conjunto de los sectores público y privado donde este último no solo realiza un aporte económico considerable, sino que también participa como receptor de los estudiantes en proceso de entrenamiento, lo que les asegura a estos el acceso a prácticas y experiencias reales.
En sus 28 años de existencia, el Infotep ha ofrecido algún tipo de capacitación o entrenamiento a dos millones de personas y es un modelo de institución que debe preservarse.
Una vez orientados los esfuerzos hacia la formación técnica, debemos concentrarnos en la inserción de esos recursos humanos en el mercado laboral.
Creemos que el fortalecimiento de las pequeñas empresas es una alternativa viable para ayudar de manera efectiva a aumentar el producto interno bruto mediante la creación de empleos y el apoyo a los profesionales técnicos que aspiran a convertirse en pequeños empresarios ellos mismos.
De hecho, el impacto de este sector de la economía es enorme en nuestro PIB si consideramos que existen más de 600,000 unidades de micro, pequeñas y medianas empresas que generan cerca de un millón quinientos mil empleos adicionales a los generados a los propios dueños de ellas.
Las actividades de estas entidades productivas, concentradas mayormente en pequeños comercios, salones de belleza, actividades de producción agropecuarias, panaderías y talleres de metalmecánica demandan de una fuerte estructura de formación técnico profesional de calidad, seria, enfocada más que nada en la capacitación gerencial para formar individuos preparados técnicamente para la autogestión.
Además de la capacidad de generación de empleo, las pequeñas y medianas empresas son la forma más segura y eficaz de alcanzar una redistribución del ingreso que acerque nuestra sociedad hacia la tan ansiada equidad social, muy necesaria en estos días que precisamos de paz ciudadana.
Este tipo de empresas produce un efecto multiplicador único, lo que hace que los recursos y dineros invertidos reporten rendimientos socioeconómicos insuperables.
Aun cuando es un tema muy analizado, nuestras condiciones actuales de producción limitan el desarrollo de las micro, pequeñas y medianas empresas, pues el alto costo de la energía eléctrica se refleja directamente en la rentabilidad de estos pequeños negocios que, como es el caso de los salones de belleza, por citar uno, tienen que doblar el gasto al pagar la factura de energía eléctrica y mantener su propia pequeña planta generadora.
Esto sin mencionar el peligro que representa el manejo y el negativo efecto medioambiental.
Otro factor determinante es el acceso al financiamiento, pues sabemos que la capacidad financiera de un micro, pequeño o mediano empresario no le permite calificar ni competir en igualdad de condiciones con otros más grandes y poseedores de garantías más sólidas.
Pero lo más importante es la disponibilidad de programas de formación técnica en áreas que puedan satisfacer las demandas de una economía y una vida modernas.
Las instituciones como el Infotep y otras existentes o por surgir, deben enfocar sus programas de entrenamiento a la formación de un técnico apto para responder a las necesidades de su cliente, que es la sociedad.
Además de las habilidades técnicas en las áreas de que se trate, el técnico tiene que manejar las variables claves de una gestión integral, como son las finanzas y los préstamos, servicio al cliente y mercadeo, elaboración de planes de crecimiento y los elementos mínimos de contabilidad.
En la medida en que esto ocurra, tendremos un país con mayores expectativas para competir y una población cada vez menos dependiente de programas de ayuda gubernamental.
En concreto, pedimos al Estado, a las instituciones de educación, las ONGS y a nuestro colegas empresarios, que nos empleemos con seriedad y profundidad en un plan de revisión y diseño de los programas de educación técnico vocacional de acuerdo a nuestras necesidades.
Si así lo hacemos la autogestión y los servicios que recibe la sociedad serán mejores.
Es una tarea de la Secretaría de Estado de Educación tomar el liderazgo necesario para llevar a cabo estas acciones.
Señores del personal administrativo y docente del Infotep, jóvenes graduados, los felicitamos por el alcance de esta nueva meta en su vida, y los exhortamos a que sigamos adelante, mejorando cada día más nuestros aportes y nuestras actuaciones, de manera que la paz y la estabilidad social de esta patria que nos legaron nuestro padres fundadores, no perezcan en manos de los desaprensivos.
Muchas gracias.
http://www.elcaribecdn.com/articulo_multimedios.aspx?id=196563&guid=823F381EC6A04B7B9D1D6AFBBDE61459&Seccion=63