. La Iglesia acaba de vivir algunos de sus tiempos litúrgicos más fuertes: el Adviento, la Navidad y la Epifanía y?, pronto, casi sin respiro y después de un breve ?tiempo ordinario- daremos el salto e iniciaremos la cuaresma como preparación a los acontecimientos de la Pasión, muerte y resurrección de Nuestro Señor, que celebraremos la próxima primavera, que? aunque parezca que no, está a la vuelta de la esquina, ?tempus fugit- . Así, a través de la liturgia, la Iglesia nos invita a reflexionar y profundizar mejor en y con la vida de Cristo, Nuestro Salvador. Por eso, una vez más insistimos y probablemente lo haremos muchas más veces a lo largo de este nuevo año, sobre la importancia de la Doctrina y en este caso, también de la liturgia. Decíamos tan solo, hace un par de posts, que aprender a amar a Dios no es saberse, ?de carrerilla? una serie de normas para aplicarlas casi enfermizamente; sin embargo, si que es necesario saber lo que Dios quiere y conocer el modo en que lo quiere. Precisamente para ese fin, la Iglesia, como Madre, encamina con la Doctrina los pasos del cristiano y se sirve de la liturgia como inestimable ayuda. . Pero de todo lo dicho anteriormente, lo que en este momento me interesa recordar es, que el denominador común de todos estos tiempos, el factor determinante, es humano, es mujer y se llama MARÍA. La única figura permanente de estos tiempos, junto a su divino Hijo, es María. En la Mujer se condensa la espera de toda la humanidad, la esperanza de un pueblo. En Ella la creación entera gime con dolores de parto y con Ella la humanidad, alcanza la gracia de renacer. Gracias a María; esa criatura caduca, intranscendente, ordinaria, frágil, débil y pecadora que es el ser humano?., puede alcanzar la plenitud, puede por fin, ver a DIOS, tener a DIOS, amar a DIOS. . María fue y es el puente, entre lo visible e invisible; María es la posibilidad. Ella fue el medio humano que Dios usó para llevar a cabo su amoroso plan salvador y su mérito fue?decir que sí. Aquel? ?Que se haga en mí...?, aceptando con la máxima obediencia la voluntad de Dios, ejemplifica de manera oral, lo que fue toda su vida y por la Misericordia del Padre, aquel ?hagase?, hace eco en cada uno de nosotros, que compartimos con María, la condición de humanos. Con María la humanidad es colmada de Su presencia, que se hace carne en un vientre vacío, abierto, dispuesto... PURO... . Por eso, admiro a María por su vocación referida totalmente a Cristo, la venero por ser ese modelo de adhesión perfecta a la voluntad del Señor? pero lo que de verdad, me hace amarla?, es su cercanía, su presencia. Su asistencia en muchas vicisitudes de mi vida diaria. Yo siento, muy a menudo, como María me sostiene en las pruebas; como, tantas veces, me alienta en las dificultades?; en definitiva noto como Ella guía mis pasos. Efectivamente, su papel en la liturgia y en la doctrina es fundamental; pero sobretodo, no puedo olvidar que María es Madre, mi madre. Madre del Cristo y Madre cariñosa y atenta de cada uno de nosotros. . Por eso, como hijos que somos y nos sentimos, es justo y además muy necesario que comencemos la singladura de este blog, en este nuevo año, invocando a María.
Su vida nos empuja a ser, como Ella, portadores de luz para alumbrar estas noches de la historia del mundo, con la esperanza del AMOR. .