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. Ya sé que este no es un tema nuevo en mi HOJA, pero hoy? siento la necesidad de repasar mi concepto de santidad. Nunca está de más, revisar la propia vida y ponerla en comparación con ciertos ?modelos- que debemos tener. . El diccionario de la R.A.E., define ?modelo?, en su primera acepción, como ?arquetipo o punto de referencia para imitarlo?; pues eso precisamente, son los santos para mí. Referencia, puntos de partida y orientación. Porque cuanto todo se tambalea es bueno saber que hay cosas que permanecen y gente a la que agarrarte, para saber, con su ejemplo, como proceder. . Sin embargo, es notoria la equivocadísima idea que ?el mundo- se ha fabricado de la santidad. Una santidad obtusa y oscura de gente rara, de conductas entre la introversión y la esquizofrenia, y hasta?, con ciertas tendencias masoquistas. Es decir, una santidad tan aborrecible y exagerada como falaz y tendenciosa. ¡La santidad no es así, sino todo lo contrario! . Gracias, en primer lugar a la literatura y posteriormente al cine, podemos conocer como fueron muchos de aquellos santos reconocidos. En los libros, muchos, escritos por ellos mismos, están el ejemplo de sus vidas y el gran tesoro de su pensamiento; y ahora gracias a la magia del cine, los podemos ver y sentir mucho más cercanos. De una manera u otra, lo que es constatable, es que los santos fueron, son y serán, personas muy normales; alejadas de artificios, nada afectadas; iguales a nosotros, con nuestras bondades y carencias. . Pero además muchos, hemos tenido la suerte de conocer en vida, a verdaderos santos como Juan Pablo II y la Madre Teresa, paradigmas exactos de esa ?santidad de gente normal- En sus rostros, pudimos ver su risa, su alegría, sus lágrimas, sus penas y preocupaciones, sus ratos de recogimiento y sus momentos de sufrimiento. Todos los gestos y emociones con los que ponían de manifiesto al mundo, su condición humana. A mi, me anima verles como hombres, no como ángeles; me motiva saber de sus luchas, de sus victorias y también de sus derrotas; me impulsa saber que la clave de la santidad radica en el amor a DIOS, no en la ausencia de defectos. . Por todo eso, quiero volver de forma breve, sobre un tema ya tocado en el post anterior: La conveniencia o no, de agilizar los largos procesos de beatificación y canonización, tan criticados últimamente, sobre todo por ciertos advenedizos camuflados. . A mi modo de ver, las cosas ocurren cuando tienen que ocurrir, y la inspiración del Espíritu sopla, siempre, eficaz y oportunamente. Personalmente, como he dejado entrever, me motivan más, esos santos contemporáneos, que otros mucho más escondidos en la historia y bajo el polvo de unos libros, que ya somos muy pocos los que los leemos. . Me siento vibrar, ante cualquier discurso grabado de Juan Pablo II. Porque lo viví. . Me emociona ver, entrevistada a la Madre Teresa; me admira la entereza y la fé de aquella diminuta mujercita. Porque sé que vivió en mí tiempo. . Cualquier intervención ?enlatada- de San Josemaría, me sacude el corazón?, probablemente porque después la he ?vivido? con gente que estuvo en esta o aquella tertulia? . Me conmueve también, observar el extraordinario mimo con la Eucaristía, que tuvo el Padre Pío, hasta instantes antes de su muerte? y etc., etc., etc. . Por tanto, creo que este mundo, en este momento concreto de su historia, necesita santos visibles, cercanos, reconocibles, coetáneos. A los que se les vea hablar, reír, llorar y moverse; modelos reales de carne y hueso, en los que mirarse. Por eso no me parecen descabellados los criticados plazos, y por eso también me parece ?providencialmente oportuno-, que todo corra, (aunque, sin romper los cauces), como los tiempos demandan. . Pienso, creo y estoy convencido que el ejemplo de santos ?tan cercanos?, ?tan vivos? en la memoria colectiva, es hoy, muy necesario. El mundo precisa de esas firmes referencias. Todos aquellos actos de ternura y de servicio incondicional, que aún conservamos en la retina y en el corazón, nos sirven de estímulo, más que ninguna otra cosa. Y además, sus vidas, nos empujan y nos dicen que la santidad es posible incluso en nuestras propias vidas. . Casi al inicio de su Pontificado, Benedicto XVI, nos dijo: "La santidad es una propuesta válida para todo cristiano y se convierte en una verdadera urgencia en nuestra época.? . Hoy, el mundo sigue necesitando santos, que sigan el ejemplo de aquellos modelos:
Los santos; los más cercanos, y los más lejanos que en cualquier caso, también son absoluta y totalmente venerables y dignos de imitación.
Lo que importa es que, los aspirantes al reto de la santidad, sepamos vivir la fe de forma coherente pero también naturalmente. La santidad no es un compendio oscurantista de anormalidades y rarezas. Nunca lo fue. La naturalidad y sobretodo la alegría son las señas de identidad.
Todos los santos, por el hecho de serlo, han sido profundamente felices; y la felicidad va unida a la alegría, aunque esa alegría tenga sabor a Cruz.
, La alegría es saber que los santos son aquellos que llevan al mundo la caricia de Dios, La alegría es saber que ellos, los que nos precedieron, pudieron ser fieles a Su llamada. La alegría es saber que nosotros podemos, si queremos, ser como ellos. ¿Te apuntas al reto?