Por Enrique Ballester el 09-May-2010 |
Foto 0 en El adiós de Raúl Tamudo: pega esta imagen en tú pagina, Foro, Myspace o Ebay con este código...
La familia de Raúl Tamudo Montero (Santa Coloma de Gramenet, 19-10-1977) se instaló en la década de los setenta, procedente de tierras extremeñas, en el extrarradio barcelonés. Su padre era albañil y su madre trabajaba en una fábrica, mientras Raúl y su hermano Paco (capitán del Montcada de la Primera Catalana) quemaban las tardes en el campo rojo, un descampado de tierra que ahora ocupa un Ikea, y que entonces albergaba las maniobras de un delantero de raza, puro instinto, y orgullo de un barrio y de una vida que apenas existe ya, un goleador de otro tiempo capaz de fundir épocas en el RCE Espanyol, club al que pertenece desde su incorporación adolescente al filial, y del que se marcha, símbolo sobre símbolos, siendo quien más partidos ha disputado de blanquiazul (340), máximo goleador de su historia (129), artífice de sus dos únicos títulos en más de medio siglo (las Copas del Rey de 2000 y 2006) y único futbolista que ha defendido sus colores en tres estadios distintos: el viejo Sarrià, el olímpico de Montjuic y el flamante Cornellà-El Prat.
A Tamudo le costó tan poco demostrar que andaba iluminado como tanto asentarse en la primera plantilla. En seguida, cerca del debut, marcó un gol decisivo al Hércules, el primero de muchos, para ayudar en la lucha por la permanencia de un equipo humilde que, en las catorce temporadas de viaje deportivo y compartido, ha vivido experiencias de todo tipo, casi siempre al límite, por lo bueno y por lo malo, y casi siempre con la dicha de caer milagrosamente de pie de las acrobacias más inverosímiles. Tras curtirse con cesiones a Alavés y Lleida, retomó su noviazgo con el Espanyol, donde llegó a alcanzar la barrera de los dos dígitos en cifras goleadoras durante nueve cursos consecutivos, hecho que le llevó a superar en la tabla histórica a Rafa Marañón, justo el día en el que un doblete suyo en el Camp Nou birló una Liga al eterno rival, el FC Barcelona.
En casi tres lustros, ha estado en todas. Bordeando el descenso en más de una ocasión, con la estampa inolvidable del gol de Coro en tiempo añadido, y las lágrimas de Tamudo buscándole a la carrera, en la celebración, como máximo exponente de la angustia liberada, por un parte; y con la gloria caprichosa de las finales, feliz en las dos de Copa, con la definición del Tamudo pillo y superviviente en la del 2000, con el robo y el gol a Toni Jiménez, ante el Atlético de Madrid, y con otro tanto en la de 2006, ante el Real Zaragoza, escala previa al fantástico camino, conexión imborrable con De la Peña y el triángulo letal con Luis García, hasta la final de UEFA, perdida en los penaltis en Hampden Park, en Glasgow, la ciudad a la que a punto estuvo de mudarse.
Porque la historia de Tamudo en el Espanyol, presente en el once de Luis Aragonés en Dinamarca la noche en la que todo cambió para España, se explica simplemente a través de las lágrimas. Las de la rueda de prensa de despedida, por un fichaje que se truncó tras el informe médico del Glasgow Rangers. Las de las finales perdidas, la que valió la plata olímpica de Sidney ante Camerún, y la mentada ante el Sevilla. Las de los descensos esquivados a última hora, las de los trofeos, como aquellas levantando la Copa en el Bernabéu, capitán. Las rabiosas en el adiós a Jarque, y las de emoción infinita del pasado sábado, en sus últimos minutos con el club de su vida. Tamudo, autor de varios de los goles más bellos que ha presenciado Montjuic, se marcha, mientras busca equipo en otras Ligas, del césped al museo, directo a las enciclopedias y a la memoria, donde residen, eternos, los futbolistas que no se olvidan.
foto: rceespanyol.com
Leído 11 veces

|