Por Ramón Flores el 23-Oct-2007 | Mucho viene durando ya la travesía del desierto del Atlético de Madrid. Aunque nadie duda de que por historia, prestigio, masa social y presupuesto el club debería hallarse fácilmente entre los cinco primeros de España, hace ya más de diez años que el equipo rojiblanco no aparece por esa zona noble de la clasificación a final de temporada. Una década que los colchoneros se han pasado dando tumbos por la clasificación ?incluyendo el desastroso bienio en el pozo- con el club perdiendo la identidad, la institución instalada en un discurso victimista basado en la estética del perdedor, y un baile de entrenadores que ha impedido la maduración de cualquier cosa parecida a un proyecto o una idea a medio plazo. Ni un sólo inquilino del banquillo del Manzanares ha durado más de una temporada en Primera desde que se fuera por primera vez Antic, allá por el 98.
Durante todos estos años, el aficionado atlético ha encarado cada temporada con la ilusión de dejar atrás un presente cada vez más gris, y la esperanza de que el entrenador que llegaba sería el bueno, que Torres ejercería finalmente su papel de Mesías, y que los nuevos fichajes, habitualmente adquiridos a precio de oro, avalarían su fama con un gran rendimiento en el césped. Según transcurría el año, empero, la sufrida y fiel parroquia rojiblanca se iba desencantando con un juego cada vez más mediocre, cargaba las tintas en el desesperado técnico de turno, el Niño bastante hacía con mantener su escuadra a flote ?cada vez más agobiado- y sus acompañantes se revelaban, casi invariablemente, como medianías como el riñón bien cubierto. Llegaba el verano, y vuelta a empezar. Así ha sido todo este tiempo, y así pintaban las cosas en Junio.
Sin embargo, algo ha cambiado este curso. Primero, que la directiva por fin ha mantenido al entrenador ?en este caso, el Vasco Aguirre- con gran parte de la masa social en contra y también teniendo en cuenta, todo hay que decirlo, que el juego en la segunda parte de la pasada temporada fue herrumbroso. Segundo, que también se ha confiado en el la estrella de futuro fichada el año pasado, el Sergio Kun Agüero, a pesar de su discreto rendimiento en su primer año, y también contra las voces que le acusaban de poca profesionalidad. Ahora, con un año más y la aclimatación terminada, recuerda cada vez más al crack que se insinuaba en Independiente. Tercero, y quizá lo más importante, el club se ha desprendido del Niño Torres, muy buen futbolista, pero abrumado cada vez más por tener que portar él solo el peso de un club centenario, y utilizado con demasiada frecuencia como escudo contra los fracasos; sin él ya no está la excusa de que Fernando no marcó la diferencia como habría debido hacer. Y último, el club ha fichado a jugadores más o menos veteranos de calidad contrastada, gastando el dinero en pólvora y fantasía, que es donde hay que hacerlo, hasta formar uno de los mejores ataques del campeonato.
Es esa poderosa vanguardia, Forlán-Kun-Maxi-Simao, con Reyes y Luis García en la recámara, y la aportación de dos llegadores como Raúl García y Maniche, la que está resolviendo los partidos. Porque aunque el fútbol todavía no tenga demasiada continuidad, se aprecien intermitencias y falte probablemente un creador de juego, los goles y las victorias siempre ocultan las carencias, y esto es mucho más fácil lograrlo cuando hay calidad arriba. Se vio de modo diáfano en el partido contra el Zaragoza, un encuentro que, con dos equipos similares que gustan del balón, sufren sin él y son más bien livianos, salió bastante equilibrado, sobre todo en su primer tiempo. Por tanto, el 4-0 final lo que muestra es la diferencia de contundencia. Y ésta es un buen mcguffin para que todo el mundo, entre aplausos y parabienes, mire hacia otro lado mientras las ideas de Aguirre sedimentan y el Atlético gana la solidez que aún le ha faltado ante rivales de alta alcurnia.
Seguramente, al Atlético le faltan defensores y un portero de gran nivel para convertirse en un equipo realmente potente; sin embargo, si con los mimbres que tiene el técnico mexicano el capaz de conseguir una buena coordinación de líneas y una firmeza defensiva aceptable ?es en la parte de atrás donde el trabajo táctico puede llegar donde no llega la chequera- los rojiblancos deberían poder aspirar, por un lado, a los cuatro puestos de privilegio de nuestra Liga, y por otro, a la Copa de la UEFA, un torneo ideal para un conjunto de su perfil actual. Con la consecución de alguno de estos dos objetivos ?ambiciosos por demás- podríamos hablar de que éste, por fin, sería el año del Atleti. El año del salto.
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