Por Pol Gustems el 08-Mar-2011 |
Foto 0 en El argentino paciente: pega esta imagen en tú pagina, Foro, Myspace o Ebay con este código...
Donde otros se ponen nerviosos, les tiemblan las piernas, miran al vacío y tiran al muñeco, los grandes jugadores enseñan su diferencia con el resto. Leo Messi anotó el tanto que devolvía la eliminatoria al bando culé engañando a todos, eludiendo las prisas y tratando el balón con dulzura. Paró el tiempo. Después anotó el primero. Pero ayer el Barcelona iba a necesitar mucho más que una genialidad para doblegar a un Arsenal inusualmente poco atrevido, y pasar a cuartos de final. (3-1)
La historia ha querido que Manuel Almunia esté presente en una amplia variedad de retratos en azulgrana. Primero fue París. Ni siquiera le tocaba vestirse de corto, pero expulsado el alocado Lehmann, Eto?o y Belleti acertaron entre sus piernas. Tres años más tarde, Messi paseó una vaselina por encima del arquero navarro. Anoche Almunia no esperaba la fotografía. Era suplente, desplazado por el joven Szczesny, pero al cuarto de hora el joven portero se lesionó en un dedo. Almunia saltó al campo y Messi repitió el ejercicio. Al filo del descanso recibió en el área grande, libre de marca. Pudo tirar, pero obvió el disparó y optó por la magia. Suspendió el balón en el aire con un toque sutil y delicioso. Todo el estadio se puso en pie, en un segundo que duró varios, para ver como Messi recogía el balón y lo reposaba en las redes. El reloj interno del argentino va por delante de cualquier otro.
El partido era desconcertante. El Arsenal venía a otra cosa, pero se había quedado replegado, disciplinado en la presión, exitoso en desquiciar la circulación azulgrana. Y eso que Wenger alineó talento, con Rosicky, Nasri, Cesc y Van Persie en posición de discutir el juego al Barcelona. El de Arenys jugaba por primera vez en el Camp Nou. Un sueño que se habría imaginado miles de veces. Unas mejor, otras menos lúcidas. Puede que se hubiera figurado un debut testimonial, como prácticamente el de todos los que suben de la cantera. Pero ya capitán del Arsenal, con todo lo que eso representa, seguro no le pasó por la cabeza pasarse noventa minutos sin oler el balón. Ninguna oportunidad de su equipo, ningún tiro a puerta en noventa minutos. La defensa de urgencia barcelonista, con Busquets y Abidal en el centro y Adriano en la izquierda, apenas fue probada.
Solo una fatalidad podía dar un vuelco al partido, y Busquets acertó en el primer remate sobre la portería de Valdés. Un premio demasiado goloso para un Arsenal que había renunciado a sus principios en la defensa de un resultado. Era una de las pocas formas de llegar al éxito, así lo entendió Wenger, pero quizás se excediera en la forma. Hablan los datos: 76-24 en posesión, 20 a cero en tiros, pero también las sensaciones. Solo un gran error ajeno les metió dentro del partido. De sacarse, planteamiento a parte, se encargaron ellos mismos. Wenger escondió a Van Persie en la previa. El holandés, que vio una rigurosa segunda amarilla por alejar un balón, no le devolvió el favor.
Con uno menos la presión del Arsenal cayó progresivamente y los jugadores azulgranas llegaron cada vez con más facilidad a zonas de remate. Necesitaron varios intentos, entre ellos un par de tiros tibios de un desacertado Villa. Pero el segundo también llegaría. En el primer gol la exquisitez de Messi eclipsó la jugada de Iniesta. El segundo lo metió Xavi. Pero ni el toque fugaz de Villa podía hacer olvidar lo que había hecho previamente el manchego. Quebró a dos contrarios, dejándolos abatidos en el suelo. Luego sirvió en bandeja el gol. Iniesta hizo de si mismo en los momentos clave del partido.
Como también apareció Pedro, en el éxtasis culé, para forzar el penalti de la sentencia. Almunia se quedó quieto, en el centro, mientras Messi la colaba junto al poste izquierdo. Otra pose de fotografía que perfectamente podía definir el partido. El Barcelona, sin cursar su mejor encuentro, fue en busca del gol como le requería el resultado. El Arsenal, con ventaja, partiría bajo los palos. De eso no había duda. Lo que nadie esperaba es que ni siquiera dieran el pasito de rigor, el que da el portero para ganarse un penalti, para proponer algún destello de lo que se les supone. No son solo disparos, el Arsenal apenas trazó tres pases seguidos.
Messi un i prou, diría Serrat. En el minuto 86?, Mascherano hizo un esfuerzo titánico y pasó la escoba a Bendtner, cuando este encaraba sólo a Valdés. El mediocentro, paciente en su adaptación al equipo, ha esperado su momento para ser importante en este Barcelona. En esa jugada también se paró el tiempo, y Mascherano la definió como Messi.
En DDF | Barça – Arsenal: un sutil ajusticiamiento
Fotografía | Uefa.com
Foto 1 en El argentino paciente: pega esta imagen en tú pagina, Foro, Myspace o Ebay con este código...
Leído 2 veces

|