Por Borja Barba el 30-Sep-2011 |
Foto 0 en El Athletic de Bielsa comienza a carburar: pega esta imagen en tú pagina, Foro, Myspace o Ebay con este código...
Han tenido que pasar ocho partidos oficiales (cinco de Liga y tres de Europa League) para que al nuevo Athletic Club de Marcelo Bielsa se le haya podido ver esa pasta de la que se supone que está hecho. Tras los repetidos fiascos de los partidos disputados hasta la fecha, excepción hecha del espejismo de Bratislava (1-2), al técnico argentino le bastó con cumplir la máxima que debe alumbrar la carrera de cualquier técnico: colocar a cada futbolista en su sitio.
Con un 4-3-3 de salida, Bielsa plantó, por fin, a Jon Aurtenetxe de lateral zurdo, a Óscar de Marcos en el centro del campo y a Javi Martínez como pivote. Una maniobra tan simple como ésa bastó para ver a un Athletic con hechuras de equipo serio, bien plantado y con querencia por la pelota. Frente a un Paris Saint-Germain en el que Antoine Kombouaré había decidido reservar a jugadores clave como Gameiro o Sirigu, el equipo vasco salió al terreno de juego mandando, decidido a imponer esa personalidad que en otros días tanto se había echado en falta.
Con Muniain activísimo y Javi Martínez, imperial en el centro del campo, redoblando esfuerzos para zamparse minuto a minuto a Javier Pastore, el Athletic decidió hundir el pie en el acelerador desde el principio del choque. Se buscaban las bandas, con la constante referencia en el área parisina de un Fernando Llorente al que el experimentado Lugano acompañó hasta la ducha. La imagen, por fin, era otra muy diferente, y el gol empezaba a olfatearse en el ambiente.
Así, el primer tanto de los rojiblancos llegó fruto de una jugada en la que se combinó lo mejor del histórico patrón de juego del Athletic con una dosis de ese estilo asociativo que pretende implantar Bielsa en La Catedral. Un balón abierto a la banda derecha, De Marcos profundizó con verticalidad y decisión y metió un centro cruzado, en carrera, al corazón del área. Allí, Igor Gabilondo, llegando desde segunda línea, irrumpió con violencia para reventar la pelota contra el fondo de la portería francesa. Incontenible. El viejo estilo del Athletic (juego vertiginoso por bandas, un nueve fijando a los centrales y llegada en irrupción de la segunda línea) combinado con la presión a todo campo y la necesidad de tener el balón que Bielsa trata de implantar.
El gol del Athletic espoleó a los franceses, que brindaron sus mejores minutos, especialmente en las botas de Nené, a raíz de verse abajo en el marcador. Sin embargo, metidísimo en el duelo, el equipo bilbaíno crecía con el paso de los minutos. Sólo alguna peligrosa contra del PSG parecía traer algo de inquietud a la grada de San Mamés. Pero a los rojiblancos les pasó lo mejor que les podía pasar. Para un equipo en crecimiento y que hasta ahora había arrojado más sombras que luces con su juego, el segundo gol cuando el partido ya enfilaba hacia el descanso tuvo un peso importantísimo en lo anímico. Y fue prácticamente un calco del primero, visto por un espejo. Un centro cruzado de Aurtenetxe desde el costado izquierdo y llegada en tromba, por el lado contrario, de Susaeta, que acertaba con el remate en carrera para batir por segunda vez a Douchez. Dos a cero, que ya no se movería.
Ya en la segunda parte, el PSG tardó poco tiempo en claudicar. Con la mente puesta en el duelo que le enfrentará al Olympique Lyonnais en la jornada del fin de semana de la Ligue 1, Kombouaré retiró del campo a Pastore y Bodmer. Antes, el técnico francés había perdido a Sissoko, justamente expulsado tras pasarse todo el partido repartiendo estopa en el centro del campo. Con el Athletic feliz por el resultado y la imagen, y con la mente puesta en el derby vasco del domingo, no iba a dar el partido para mucho más. El Athletic sumaba su segunda victoria en dos partidos en la fase de grupos de la Europa League y, lo que es mucho más importante, mostraba síntomas evidentes de crecimiento en su juego y su autoconfianza.
En DDF| El crédito del Loco
Foto| Athletic Club
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