Por Enrique Ballester el 12-May-2010 |
Foto 0 en El Atlético regresa a Neptuno campeón (2-1): pega esta imagen en tú pagina, Foro, Myspace o Ebay con este código...
En mayo de 2008, a pie de campo, caliente tras lograr la clasificación para la Champions League, a Sergio Aguero le preguntaron si le apetecía acercarse a la fuente para celebrar el pase. El Kun, con voz templada y mirada sostenida, dijo que tendría “ganas de ir a Neptuno cuando ganemos algo”. Agüero, empujado por ese deseo, persiguió un balón imposible en el minuto 117 de la final de la Europa League, para convertir esa carrera tenaz en antesala del gol del triunfo, el dos a uno definitivo que coronó el doblete de Forlán y la victoria del Atlético de Madrid sobre el Fulham, tras una final escurridiza y traicionera, resuelta por la pegada de la dupla del cuadro de Quique Sánchez Flores, y la increíble madurez del sostén defensivo de otra pareja, que es cantera y presente, y será seguro futuro, David de Gea, el porterazo adolescente, y Domínguez, el cacique espartano.
En el arranque, el partido se debatió entre el respeto y el tanteo. No llegó la primera falta hasta el minuto cinco, con los contendientes midiendo al milímetro cada una de sus acciones. El miedo a fallar tenía su razón, y a los once minutos, el error inaugural estuvo a punto de costar un gol, tras el robo y el pase interior de Agüero a Forlán, que cruzó su disparo raso a la madera, sin encontrar la red, pero desatando el juego de grilletes y cadenas. Así, con poco mareo en la medular, evitando peajes con trampa, las llegadas al área se sucedieron, ora una rosca de Reyes y la réplica de Schwarzer, ora una volea de Davies blocada con cuajo de veterano por el imberbe De Gea.
El Atlético, abonado a las transiciones veloces, avisó una vez más antes de adelantarse. Fue con una doble maniobra preciosa del Kun, de recortes secos y cambios de ritmo, paso previo del gol de Forlán, a la media hora, en una jugada en la que toda la delantera atlética fue partícipe. Reyes arrancó con potencia por la banda diestra, y conectó en largo con Simao, que descolgó el cuero al balcón del área. El remate mordido de Agüero lo cazó Forlán en el alambre del fuera de juego, asegurando el tanto con instinto.
La dimensión del gol, la fortuna de la ventaja, se vio minimizada en un par de suspiros, sin margen para medir su verdadero efecto. Zamora abusó en el choque con Perea, y la oportunidad, ya en posición de disparo, se fue torciendo de lado a lado, hasta que el centro de vuelta fue prolongado por Assunçao a los pies de Davies, que no perdonó, batiendo a quemarropa, duro, a David De Gea.
La final mutó en tormenta variable. Tan bien respondió el Atlético hasta el descanso, arrimándose al desafío, exigiendo Forlán a Schwarzer, como tan mal se introdujo en el viaje del segundo acto. Sólo un mal control de Gera posibilitó la salida valiente y dichosa de De Gea, en un inicio de dominio inglés, con Zamora hurgando en la herida de Perea. El delanterote del Fulham, tocado, duró apenas diez minutos más y, desde ese momento, no hubo sustos para la portería colchonera a excepción del latigazo húmedo de Davies que siguió al despeje pifiado de Antonio López. En el examen, De Gea fue, otra vez imperial, un gigante con brazos de aspas de molino.
Como quien recoge un testigo, ayudado por la incorporación del participativo Jurado, y sin grandes razones aparentes, el Atlético recuperó el timón del encuentro. Amagando con el gran salto, angustiado más por el caer de los minutos, que todo lo convertían definitivo, que por una amenaza real en el bando contrario. Impregnada la batalla por el cansancio propio del desgaste acumulado, la final se condenó a la prórroga, por inercia, acentuándose el vértigo y los mareos.
En el tiempo extra, un centrochut de Forlán precedió otra incursión del uruguayo, cuyo pase de la muerte no acertaron a empujar con puntería, ni Salvio (que entró por Reyes, sin sustancia), ni Agüero, a un palmo del gol. Tras el cambio de campo, y después de diez minutos de agonía, afloró el premio. Domínguez, que no cometió un solo error en toda la noche, acudió al cruce con jerarquía, clase y criterio. La jugada creció para el balón largo al Kun Agüero, otro pequeño héroe, que apretó para salvar la posesión sobre la cal, girar, y encarar por el costado zurdo, tensando el centro hacia al desmarque a la corta de Forlán, que se adelantó a Hangeland para desviar con la puntera una pelota gloriosa, y para convertir, tras 48 años de espera, el once -De Gea, Ujfalusi, Perea, Domínguez, Antonio López, Assunçao, Raúl García, Simao, Reyes, Forlán y Agüero, en una alineación de pura Historia.
foto: uefa.com
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