Por Dadan Narval el 28-Dec-2007 | Voy a escribir un post sobre lo que necesita el Barcelona para poder ganar la Liga, la Champions, todo lo que se proponga. Lo voy a hacer con la mano en el corazón, más allá de que a muchos culés les pueda sentar mejor o peor leerlo. Me da igual. A diferencia de otros columnistas, que se arriesgan a que el lector les de la espalda al leer aquello que quizá no quieran leer, no hay detrás de estas líneas interés económico de ningún tipo (nadie paga por leer DDF) y sólo me debo a mi firma, no a mi empresa.
Digo que voy a escribir con la mano en el corazón. Estoy triste por la derrota en el Clásico; todo lo triste que puede estar un hincha cuando su equipo pierde, ni más ni menos. En estas, llevo todo el día intentando sacar adelante un post en el que exponer qué es lo que realmente le falta a este Barcelona para poder dar todo lo que tiene dentro de sí, superar la situación actual? y no encuentro otra explicación. Al Barcelona le falta un jugador clave, uno que ha sido siempre condición de posibilidad sine qua non en todos los equipos que han hecho alguna vez historia en esto del fútbol. Uno que suele vestir con la camiseta número doce.
Al Barcelona le falla, sobre todas las cosas, el público. Si hay una pieza débil en el engranaje blaugrana no es ni Ronaldinho, ni Deco, ni Eto`o ni Valdés. No. Es un jugador mucho más importante. El único capaz de echarse a todo el equipo a la espalda cuando las cosas van mal dadas y ganar, con su empuje los partidos. El número 12 destaca por su ausencia en el Camp Nou. Oportunista él, sólo aparece cuando las cosas van bien, cuando es hora de recibir los premios, las medallas. Entonces, él está ahí, ante todos diciendo, como aquel jugador que marcó tres goles a Corea, ?me lo merezco?. Pero cuando todo va mal, cuando a la pelotita maldita le da por no entrar, entonces, por arte de magia, desaparece. Se arrincona a un lado y acusa con el dedo al resto del equipo. ?La culpa es de ese o de aquel, pero no mía?, dice.
No es algo nuevo. Al contrario, ha sido una constante en los últimos años. Desde el Barcelona de Bobby Robson, aquel equipo que rompió todos los registros goleadores, venció en Copa del Rey y Recopa y perdió la liga por un punto, pasando por el del primer Van Gaal, dos ligas y una Copa del Rey en sus dos primeros años, hasta el actual de Rijkaard ?después de dos años indiscutibles-, si ha habido un eslabón débil en toda la cadena necesaria para ser el mejor equipo del mundo, ese ha sido el público. No nos engañemos, nunca ha ayudado. Ha estado ahí cuando se ha ganado, sí, pero sus aplausos, sus gritos de ánimo no eran para equipo, no, eran para la bella Señora Victoria. Sólo su llegada se celebraba.
No le pido, de todas maneras, al público que gane partidos. Aún cuando sé que esto es posible, quizá sea exigirle demasiado. Lo que le pido es que, al menos, no eche piedras sobre su propio tejado, porque éste es el problema fundamental del Barcelona, ese que urge más que nunca solucionar aun cuando, probablemente, no tenga solución, un problema cuya máxima consecuencia es la tendencia histórica del Barcelona de fagocitar a sus propias estrellas. ¿Por qué hemos de convertir en odiados a todos nuestros ídolos?
Digo que es un problema sin solución, y lo digo con tristeza. Pienso en las razones de este mal endémico e histórico de nuestro equipo, y sólo acierto a atisbar que más que probablemente es debido a que detrás del público, de sus opiniones expresadas en aplausos y pitos (las más de las veces éstos últimos) está el gran tema de la prensa blaugrana. Hoy toca caza, captura y ajusticiamiento público de Rijkaard y Ronaldinho. No hay más que ojear el Sport o El Mundo Deportivo. Habrá quien diga que se les ataca con razones. Ese es otro debate. Hoy son ellos, y ayer era Eto`o ?al que hace sólo unos meses El Mundo Deportivo quería echar del equipo a toda costa-, Guddy, al que Mascaró, probablemente la pluma más populachera del mundo editorial, quería regalar con un ?lazito? a cualquier postor, Henry, Márquez?. Y un poco más atrás eran los Gica Hagi, Laurent Blanc ?¿quién era aquel francés de treinta años para jugar en el Barcelona?-, Ronaldo, Popescu, Reiziger, Bogarde, Rivaldo, Kluivert, los De Boer, Litmanen, Simao, Quaresma, Giuly, Van Bommel? Todos estos jugadores fueron perseguidos por las plumas de unos mediocres incapaces de encontrar un término medio entre el elogio desmedido y zalamero y las palabras envenenadas que sólo buscan destruir a su destinatario.
Y en el futuro, no lo dudemos, será Messi el silbado. Cuando a los columnistas de turno les dé, quién sabe por qué (el melón atiende a razones que la razón no entiende), por echarlo a los leones y comiencen a echar pestes sobre él, estará sentenciado. Será Messi, sí, y cualquiera que fiche por nuestro equipo, por más que lo haga bien, por más que se llame Cristiano Ronaldo, Lampard, Essien, Daniel Alves o Mourinho. Da igual. Su destino está establecido de ante mano. Si fichan por el Barcelona, tarde o temprano acabarán pagando el precio debido a vestir los colores blaugranas.
Decía Eto`o hace unos días que si le ponían un micrófono en mano iba a montar una gorda. Quizá sea el momento de que alguien le alcance uno. Quizá sea el momento en el que los jugadores del Barcelona hablen y se defiendan de las palabras que estos mediocres lanzan diariamente contra ellos. Quizá sea el momento en el que las censuras sean respondidas por las personas que las sufren. Sólo de ese modo el público, que si bien no siempre tiene razón, al menos tenga todas las cartas sobre la mesa para poder hacer razonables sus juicios.
Como eso no va a suceder, había pensado hacer de este post una carta abierta. Una carta abierta a los Casanovas, Carazo, Mascaró, Frieros, Batllé, Santi Nolla, Josep M. Artells, etcétera. Pero no lo he hecho. No lo hecho por dos razones. La primera, porque sé que les falta valor para entrar en un debate público no ya sobre la situación actual del Barcelona, sino sobre periodismo deportivo y ética deportiva. La segunda porque sé de ante mano que tal debate no serviría para nada. Hay dos cosas que les importa un bledo a la hora de realizar su labor. Una es la calidad periodística. Otra, el Barcelona.
Con todo esto no digo que la situación actual del Barcelona sea debida al poco apoyo que el equipo recibe del público o de la mala fe con la que actúan determinados columnistas. Tampoco digo que la prensa haya de estar detrás del equipo, apoyándole, ni nada por el estilo. Pero sí creo que si la labor de la prensa es informar y dar opiniones razonadas, eso dista mucho, muchísimo de lo que hacen MD y Sport, quienes pasan de “eres nuestro dios” al “no sirves para nada, no tienes sentimiento culé” en dos tardes. Sí creo, sin embargo, que la mala prensa y la falta de apoyo del público son dos de los factores fundamentales de la extinción prematura del equipo de Rijkaard a la que parece que estamos asistiendo, del mismo modo que lo fue en los casos de los equipos de Robson y el primer Van Gaal, por poner dos ejemplos. Cuando nada más comenzar la carrera por la Liga, el Barcelona empata a cero frente al Racing y ya se habla de falta de finiquitar el equipo, cuando cada gol de Bojan es celebrado por la prensa culé más por el posible daño que supuestamente hace a Eto`o o Ronnie que por el bien que hace al Barcelona, cuando las gambetas de Messi se reducen a un ?ya Ronaldinho no hace falta?, cuando cualquier gesto en un entrenamiento se realizan dobles lecturas, triples lecturas, piruetas para entenderlo como un enfrentamiento, cuando al técnico se le acusa de cobarde por no hacer lo que antes se censuraba a otros (léase Van Gaal), etcétera, cuando todo esto sucede? no hay nada que hacer. Todo está perdido. Como diría el amigo Van Gaal, ?amigos periodistas: felicidades, lo han conseguido?.
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