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Enviar a email | El Bautismo del Señor: Reflexiones y Liturgia en artistas | Por CAMINO MISIONERO el 09-Jan-2009 | 
Publicado por Dabar
No apagará el pabilo vacilante
Hace ya unos años estuvimos meditando durante toda una Semana Santa los textos de Isaías sobre Jesús, y el que tenemos el gustazo de escuchar este domingo no tiene el menor desperdicio, sino tuviera la obligación de escribir me quedaría tan ancha diciéndoos, leed y contemplad el texto de Isaías, pensad en cómo nosotros que hemos sido incorporados a Cristo (nada más y nada menos) por el Bautismo, miramos a Jesús y nos configuramos según su persona: ?No gritará, no clamará, no voceará por las calles.? Cuántas veces voceamos, gritamos queriendo imponer nuestras razones, y porqué no cuántas veces nos voceamos, sin ser capaces de perdonarnos a la primera. También en sentido contrario cuántas veces sofocamos un grito (contra nosotros mismos) por nuestro propio silencio ante una injusticia. ¡Qué voceros somos! Frente a todo esto Jesús calla, anda sigiloso, va haciendo su proyecto sin hacer más ruido del necesario, sin imponerse, sin querer que prevalezca su ego, sin justificarse demasiado, dando razones a quiénes quieren escucharle cuando intuye cierta predisposición para la escucha.
?La caña cascada no la quebrará, el pabilo vacilante no lo apagará.? Cuántas veces hemos oído eso de para levantarse hay que dejarles bajar hasta lo más hondo, hay que dejar tropezar a la gente para que aprenda, espero que lo hayamos practicado poco. Porqué no avisar de la piedra si podemos librar al otro de una caída, otra cosa distinta es privarle de que pase por ese camino, pero avisarle qué mal produce. Porqué hay que dejar que nadie toque fondo, cuánto más abajo se está en el pozo, más posibilidades tiene de ahogarse que de salir victorioso, cuánto antes se le dé la mano mejor. A veces parece que nos gusta ver a la gente quebrada, para que aprendan. Pero cuánto menos quebrada más fácil se puede enderezar, cuánto menos fría esté la vela más fácil es volverla a encender. Y esto vale para muchas cosas, para las heridas afectivas, las depresiones y los sinsentidos en los que a veces nos vemos envueltos pero también para las noches oscuras, déjalo que deje de ir a misa o de rezar, que abandone la comunidad sin explicar que le pasa, sin intentar poner una tirita a tiempo, ya se dará cuenta de lo que hace más adelante, ya volverá (pero quién se ha sentido solo no vuelve, ¿a qué?, ¿a reconocernos lo maravillosos que somos y lo mal qué se está fuera?)
?Promoverá fielmente el derecho, no vacilará ni se quebrará, hasta implantar el derecho en la tierra, y sus leyes que esperan las islas.? Jesús no dejará quebrar la caña cascada pero él no se quebrará, ni será vacilante en sus intentos, la justicia y el amor lo sostienen y lo capacitan para sostenernos. Pero nosotros quebramos a otros y nos quebramos, tampoco está mal que tomemos conciencia de nuestra propia fragilidad, de nuestro ser caña cascada que puede ser sostenida por Dios Padre.
?Para que abras los ojos de los ciegos, saques a los cautivos de la prisión, y de la mazmorra a los que habitan las tinieblas?. Primero tendríamos que identificar hoy a los ciegos y cautivos de la prisión, a quiénes habitan en las tinieblas. Son todos los que viven agobiados por conseguir dinero para poder consumir más, para vivir cuantitativamente mejor, agobiados por el estrés y las prisas, por el tengo que tener o que mis hijos tengan?, los que sólo piensan en si mismos, los prisioneros de su propio ego que les convierte en personas no que pueden reconocerse y reconocer errores, no pueden caminar con otros porque no pueden poner su vida en manos de otros, no pueden descubrirse y compartir lo que son porque viven prisioneros de no mostrarse cómo son sino como creen que tienen que ser, prisioneros de la apariencia. Los cautivos de una vida sin sentido, de ir tirando cada día sin objetivos ni alegría, del para qué si las cosas no pueden cambiar. Los prisioneros del dolor, del sufrimiento que es un grado más: el regodearse en el dolor real, vivir además de con él desde él, dándole todo el poder. Los atrapados en las mazmorras de la soledad o de la incomunicación, del no saber decir te quiero o me siento triste. Los sometidos a condiciones de vida indignas por la pobreza, la falta de comida, médicos, agua, escuelas, ? Son tantos los cautivos y son tantas las tinieblas que en todas podemos hacer o dar algo: un abrazo, una palabra, una caricia, un dinero, algo de tiempo, algo de lo nuestro? sólo hay que abrir los ojos, descubrirlo y no querer permanecer impasible, no creernos que nada podemos hacer, algo podemos hacer lo primero dejarnos hacer por Dios para poder enderezar las cañas cascadas y encender la vela de la esperanza.
ELENA GASCÓN elena@dabar.net
DIOS HABLA
ISAIAS 42, 1 4. 6 7 Así dice el Señor: «Mirad a mi siervo, a quien sostengo; mi elegido, a quien prefiero. Sobre él he puesto mi espíritu, para que traiga el derecho a las naciones. No gritará, no clamará, no voceará por las calles. La caña cascada no la quebrará, el pabilo vacilante no lo apagará. Promoverá fielmente el derecho, no vacilará ni se quebrará, hasta implantar el derecho en la tierra, y sus leyes que esperan las islas. Yo, el Señor, te he llamado con justicia, te he cogido de la mano, te he formado, y te he hecho alianza de un pueblo, luz de las naciones. Para que abras los ojos de los ciegos, saques a los cautivos de la prisión, y de la mazmorra a los que habitan las tinieblas».
1 JUAN 5,1 9 Queridos hermanos: todo el que cree que Jesús es el Cristo ha nacido de Dios; y todo el que ama a aquel que da el ser ama también al que ha nacido de él. En esto conocemos que amamos a los hijos de Dios: si amamos a Dios y cumplimos sus mandamientos. Pues en esto consiste el amor a Dios: en que guardemos sus mandamientos. Y sus mandamientos no son pesados, pues todo lo que ha nacido de Dios vence al mundo. Y lo que ha conseguido la victoria sobre el mundo es nuestra fe. ¿Quién es el que vence al mundo, sino el que cree que Jesús es el Hijo de Dios? Éste es el que vino con agua y con sangre: Jesucristo. No sólo con agua, sino con agua y con sangre; y el Espíritu es quien da testimonio, porque el Espíritu es la verdad. Porque tres son los testigos: el Espíritu, el agua y la sangre, y los tres están de acuerdo. Si aceptamos el testimonio humano, más fuerza tiene el testimonio de Dios. Éste es el testimonio de Dios, un testimonio acerca de su Hijo.
MARCOS 1, 7 11 En aquel tiempo, proclamaba Juan: «Detrás de mí viene el que puede más que yo, y yo no merezco agacharme para desatarle las sandalias. Yo os he bautizado con agua, pero él os bautizará con Espíritu Santo». Por entonces llegó Jesús desde Nazaret de Galilea a que Juan lo bautizara en el Jordán. Apenas salió del agua, vio rasgarse el cielo y al Espíritu bajar hacia él como una paloma. Se oyó una voz del cielo: «Tú eres mi Hijo amado, mi predilecto».
EXEGESIS
PRIMERA LECTURA Primer poema del Siervo de Yavé. Figura de tanta transcendencia en la Historia de la Salvación. Figura espléndida de Jesús en su misión salvadora y, sobre todo, en su forma de llevar a cabo esta misión.
Aparece el Siervo de Yavé como alguien elegido desde el principio para una gran misión. Dios, Adonai, se presenta a sí mismo desde el poder y el principio de todo (v.5 suprimido una vez más en la lectura litúrgica: ?Así dice Yavé Dios, el que crea los cielos y los extiende, el que hace firme la tierra y lo que en ella brota, el que da aliento al pueblo que hay en ella y espíritu a los que por ella andan?). Más aún, cerrará este oráculo del Siervo aludiendo de nuevo a su gloria y poder, en el v.8: ?Yo, Yavé, ese es mi nombre, mi gloria a otro no cedo, ni mi prez a los ídolos. Las cosas de antes ved que vinieron. Otras que vi nuevas, yo os anuncio; antes de que broten os las hago oír?.
Esta solemnidad, este despliegue de títulos de Dios, contrasta, blanco sobre negro, con el personaje que va a aparecer como protagonista de sus designios, como ejecutor de su salvación, intermediario, mediador, instrumento de salvación. Un personaje que oculta escandalosamente la grandeza de su elección y del que lo envía. Un siervo débil (v.1), humilde (v.3ª) compasivo, justo (v.3b). fiel (v.4).
La misma alusión a la creación, la conservación y conducción de la vida que Él mantiene en la tierra entera, de sus pueblos y sus criaturas (v.5 arriba) contrasta con lo aparentemente sencillo y casi desapercibido de su misión (v.7).
Isaías con sus textos sobre el Siervo de Yavé, adelanta las grandes paradojas del Reino de Dios y de la persona de Jesús. Toda la grandeza de Dios, la predilección que siente por ese determinado ?Siervo?, la finalidad de la justicia, del derecho, de las leyes; lo esperado por los pueblos, las naciones, las islas (v.4) se derrama al final sobre quien más desapercibido pasa en la sociedad de aquel tiempo y de este. Recae todo lo enunciado y predilección de Dios sobre quien no era ?nadie? en aquel momento: ?ciegos, prisioneros o enterrados en vida?.
Era todo el pueblo de Israel, aplastado en el destierro, anonadado bajo su propia culpa, con profundo sentido de su responsabilidad en los hechos acaecidos, el que escucha a este profeta iluminado, el Segundo Isaías, que le recuerda sus raíces, que es el hijo preferido, amado, de Yavé.
Que los caminos para esta salvación que se anuncia hayan de ser los de la humillación, tortura, silenciamiento de la voz del justo sigue siendo el gran misterio de la encarnación de Dios en la historia de la humanidad, pero tan evidente y mucho más, porque lo avala la historia de cada día; no van a ser los fuertes, sabios y poderoso de este mundo los que nos salven. Aprovechar la ?crisis? para intentar que sean los pobres los que dicten el camino a seguir no sería una locura.¡Sobre todo después de haber experimentado lo que da de si la locura contraria!
TOMÁS RAMÍREZ tomas@dabar.net
SEGUNDA LECTURA La razón de colocar esta lectura en la fiesta del Bautismo del Señor se limita a la alusión al agua en los vv. 6 y 8. El vínculo común, bastante laxo por cierto, entre las dos partes de la perícopa (vv.1-5 y 6-12) es el tema de la victoria sobre el mundo. En la primera de ellas el tema es la fe en Cristo y el amor. Por estas actitudes nos unimos con el auténtico vencedor del mundo que es el Hijo y nos hacemos también vencedores del mundo en la concepción joánica, es decir lo malo y lo opuesto a Dios. Pero, dada la celebración de hoy, insistimos más en la segunda parte. Los vv. 6-9 tratan del testimonio de Dios. Inicialmente hay que notar que el testimonio divino no se puede tomar, más que muy analógicamente, como el testimonio humano. Este testimonio, como la misma Palabra de Dios, no se ciñe a decir lo que hay sino que hace lo que dice. Tengamos presente que la auténtica Palabra de Dios es el mismo Hijo encarnado. Cuando se habla de que Jesucristo da testimonio por el agua y la sangre evidentemente estamos ante un símbolo. Podemos tomar el agua como símbolo del Bautismo de jesús que es el comienzo de la revelación de quién es realmente. La sangre es con toda seguridad una alusión a la muerte (y a la resurrección), que es uno de los punto culminantes del testimonio operativo del Hijo Salvador. Hay también una mención del Espíritu, tan esencial en el mensaje de Juan. Los obscuros versículos 7 y 8 podrían comprenderse como que es el propio Espíritu quien nos capacita para comprender y vivir el testimonio dado por Jesucristo en el agua y en la sangres, o sea, con su vida, su muerte y su resurrección.
FEDERICO PASTOR federico@dabar.net
EVANGELIO Observación preliminar. El significado etimológico de bautizar es el de meter en, bañar, sumergir, anegar, empapar.
Texto. Se abre con una declaración de Juan sobre alguien más poderoso que él. Esta declaración obedece con toda probabilidad a la situación creada en torno a su persona: muchos pensaban si no estarían ante el inaugurador de la edad mesiánica, el Mesías del Señor, el Mesías del día del juicio. Con su declaración, clara y contundente, Juan corta de raíz toda especulación sobre su persona, a la vez que deja también muy claro que el día del Señor está al llegar, que la hora del tiempo final es inminente. Una, en efecto, de las caracterizaciones del día grande y terrible del Señor, popularizadas por los profetas, era la efusión del Espíritu. Cuando Juan habla de una inmersión en el Espíritu, está hablando desde esa caracterización del día del Señor. En este contexto llega Jesús y es bautizado por Juan. Pero la atención del narrador no se detiene tanto en el bautismo, cuanto en lo que acontece a continuación. El cielo se abre para Jesús, el Espíritu lo inunda y una voz lo llama Hijo. En el contexto, parece clara la intención del evangelista Marcos: la presencia del Espíritu es la señal de que el tiempo final ha llegado; la voz celeste reconoce en Jesús al Mesías, al Enviado de Dios por antonomasia. Se inaugura la edad mesiánica; el día ansiado ha llegado.
Puntos de reflexión. Punto final a un tiempo y comienzo de otro cualitativamente nuevo, la edad mesiánica. El tiempo de esperar ha concluido; ha llegado el tiempo del Espíritu. El referente del nuevo tiempo no es una fábula alegórica: es una persona de carne y hueso, Jesús, que compartió con otra mucha gente el bautismo de Juan en el Jordán; pero una persona especial y única, Dios encarnado, misterio de amor insondable. Jesús es el único hombre con valor absoluto, la única persona capaz de generar un modo nuevo y distinto de estar en la historia y de hacer historia.
ALBERTO BENITO alberto@dabar.net
NOTAS PARA LA HOMILIA
EL BAUTISMO DE JESUS Y NUESTRO BAUTISMO: DOS REALIDADES MUY DIFERENTES No tienen nada que ver, absolutamente nada que ver, el Bautismo de Jesús, momento de su vida que hoy celebramos como fiesta litúrgica, con nuestro sacramento del Bautismo. Empleamos la misma palabra para referirnos a uno y otro, pero nada más. También utilizamos el mismo término para hablar de un cabo de vela, de un cabo del ejército y de un cabo costero, y no por eso confundimos unos con otros. Sin embargo, aprovechando la coincidencia de nombres, en muchos sitios hoy se hablará del sacramento del Bautismo, se harán especiales catequesis sobre el Bautismo y se harán Bautizos especialmente solemnes; esa costumbre se sigue desde hace años, por ejemplo, en el Vaticano.
Así que, aunque nada tienen que ver, como lo cierto es que en muchos sitios hoy se reflexionará sobre nuestro Bautismo y se realizarán bautizos, seamos prácticos y hagamos alguna reflexión al respecto.
En primer lugar hay que tratar de quitar todo aspecto mágico a la celebración del Bautismo (y de cualquier otro sacramento). Los sacramentos no son un ?abracadabra? que desata extrañas fuerzas divinas; son gestos, palabras, objetos visibles y palpables a través de los cuales entramos en relación con Dios Padre; en los sacramentos no hay magia sino amor, afán de Dios porque entremos en relación con Él, le sintamos cerca, disfrutemos de su amor.
El Bautismo es el primero de los llamados ?Sacramentos de Iniciación?. ?Perdona todos los pecados, incluso el pecado original?, afirma la teología más tradicional; pero no es ese el objetivo fundamental del Bautismo, sino una consecuencia. Por tanto bueno será poner las cosas en su sitio y centrarnos en lo central. Y lo central nos lo indica con una claridad meridiana la que suele ser segunda lectura habitual, la de San Pablo a los Romanos (6, 3-5): ?Por el Bautismo nos incorporamos a Cristo? a su muerte. Por el Bautismo fuimos sepultados con él en la muerte, para que, así como Cristo fue despertado de entre los muertos? también nosotros andemos en una nueva vida. ? si nuestra existencia está unida a él en una muerte como la suya, lo estará también en una resurrección como la suya?. Esto es el Bautismo. Se podrá decir más alto, pero no más claro.
Quizás lo que sucede es que nos da reparo ponernos a reflexionar sobre la muerte justo en un momento de gozo y alegría como es un Bautismo, pero eso es lo que hay. Lo que pasa es que los cristianos tenemos que saber hablar de la muerte, porque los cristianos hablamos de la muerte de otra manera, desde la resurrección, no desde la pena de los cementerios. El mensaje del Bautismo tiene que ser claro, como clara es su realidad. El Bautismo nos une realmente a Jesús, para hacernos participar, simbólicamente de momento, de su muerte y resurrección, de manera que, el día que participemos realmente de su muerte, participemos también realmente de su resurrección.
Así que no tiene que asustarnos hablar de muerte en un bautizo, porque en realidad hablamos de resurrección; el Bautismo nos incorpora a Cristo, y como Cristo ya ha resucitado, el Bautismo nos incorpora a una nueva vida, a la ?vida resucitada?; y no hay que tener miedo a emplear la palabra ?simbólico?; ?simbólico? no quiere decir ?aparente?, ?en mi imaginación?, ?en mis sueños? o ?en mis buenos deseos?; lo simbólico no tiene por qué ser menos real que la realidad. Los bautizados ya vivimos la nueva vida del Resucitado, pero está claro que vamos muriendo; ¿entonces? Entonces eso; que nuestra vida resucitada es real, pero simbólica; un día será real y física (por así decirlo), sin tener que expresar esa nueva vida con el agua y los óleos, porque ya la estaremos viviendo directamente.
Por todo esto, en un bautizo (que normalmente son de niños muy pequeños, y por eso decimos que los bautizamos ?en la fe de los padres y padrinos?) ha de quedar claro que, al terminar la ceremonia, no tiene ningún sentido decir eso de ?ya está?, porque ?no está nada? y está todo por hacer; el propio ritual recuerda que lo que se está haciendo es sembrar un germen, y que es responsabilidad de padres y padrinos hacer que esa nueva vida crezca y se desarrolle; lo cual no consiste simplemente en apuntar al niño, en su día, a la catequesis y a un colegio religioso; significa más, mucho más: significa que padres y padrinos han de dar testimonio, día a día, a sus hijos bautizados, de los valores del Reino: ser antes que tener, compartir antes que acumular, justicia antes que comodidad? No se puede bautizar a un hijo y luego darle un ejemplo de vida que nada tiene que ver con el Evangelio o, peor aun, un ejemplo de vida vivida según los valores más opuestos al Evangelio.
También sería bueno revisar los criterios de elección de los padrinos; normalmente el padrinazgo se ha convertido en un medio de contentar a familiares: el tío, la prima? ?fulano no, que ya es padrino de la mayor; mengano no, que ya tiene otro ahijado??; esto ni es criterio ni es nada, a la hora de elegir padrinos. Un padrino (o una madrina) es quien, en caso de ausencia (o dejación de sus responsabilidades) de los padres, suple a éstos en la formación cristiana del bautizado; su misión no es hacerle regalos en determinadas fechas, ni alardear de tener el título de ?padrino?, sino responsabilizarse de la educación cristiana de los ahijados (aunque muchas veces, los primeros necesitados de formación religiosa son los propios padrinos).
Un bautizo, en fin, es la entrada a la Comunidad de los que vivimos ya la nueva vida de Cristo resucitado; por eso, dos aspectos prácticos debemos intentar fomentar en nuestras comunidades: - Celebrar los bautizos, en la medida de lo posible, en la Vigilia Pascual, momento en el que adquiere todo su significado eso de ?participar de la vida de Cristo resucitado?. - Celebrar los bautizos comunitariamente, pues son el ingreso a una Comunidad; lo de ?mi hijo se bautiza solo? es señal de un mal comienzo para lo que debe ser una vida en Comunidad, compartiendo fe, esperanza, amor y bienes materiales.
Y terminaremos nuestra reflexión reiterando, una vez más, que, a parte la coincidencia de la palabra ?Bautismo?, nada tiene que ver nuestro Sacramento con la fiesta litúrgica que hoy celebramos; pero ya que muchos se empeñan en lo contrario?
PARA LA ORACION
Dios Padre nuestro, que en el bautismo de Cristo en el Jordán quisiste mostrarnos clara y solemnemente que Él es tu Hijo amado, enviándole tu Espíritu Santo; concédenos que renacidos por el agua y el Espíritu, nos mantengamos firmes en el cumplimiento de tu voluntad. Por nuestro Señor. ------------------------- Verdaderamente es justo y necesario bendecirte y alabarte Padre, misericordioso. Porque en el bautismo de Cristo en el Jordán presentaste a tu Hijo ante el pueblo para que todos reconociesen en El al que Tú enviaste para liberar a todos los hombres de todas las esclavitudes y salvarnos abriéndonos el camino que nos lleva hasta Ti. Ahora sabemos que tu Palabra se hizo presente entre noso¬tros y nos sigue acompañando hasta el fin de los tiempos, para que también nosotros empleemos nuestra vida en la causa de la liberación de los pobres. Por eso, llenos de alegría, procla¬mamos tu gloria. ---------------------- Recibe, Padre los dones que te presentamos en este día en que celebramos la manifestación de tu Hijo y haz que por nuestra par¬ticipación en tu mesa, también nosotros seamos capaces de hacer lo que es agradable a tus ojos. Por Jesucristo. ---------------------- Alimentados con esta Eucaristía te pedimos, Padre, que nos ilumines para escuchar con fe la palabra de tu Hijo y así poda¬mos llamarnos y ser en verdad hijos tuyos. Por Jesucristo.
LA MISA DE HOY
MONICIÓN DE ENTRADA Hermanos, terminamos con esta celebración el tiempo de Na¬vidad en el que hemos recordado y celebrado el nacimiento de Je¬sucristo, Hijo de Dios. Y vamos a finalizar este tiempo de Navi¬dad con la presentación de un Jesús ya adulto, dispuesto a comenzar su misión entre los hombres, una misión que no ser comprendida ni aceptada por muchos y terminar con la muerte del justo. Pero aunque llegue a ser rechazado por los hombres, Jesús sigue siendo el Hijo amado de Dios, su preferido. Y por eso sus pala¬bras son vida para nosotros, una vida que nadie ni nada nos puede dar fuera de El. Que este Enviado de Dios Padre, cercano a nosotros hasta el punto de compartir nuestra vida sea siempre la luz que ilumine nuestra vida y nos acompañe en todo momento, hasta que tam¬bién nosotros alcancemos la plenitud de vida reservada a los hijos.
SALUDO Hermanos, el Señor Jesús, ungido por Dios con la fuerza del Espíritu que pasó haciendo el bien, esté siempre con vosotros.
ACTO PENITENCIAL -Tú, que vienes a promover fielmente el derecho entre todas las naciones. Señor, ten piedad. -Tú, que no quiebras la caña cascada ni apagas el pabilo vacilante. Cristo, ten piedad. -Tú, que devuelves la luz a los ciegos y sacas a los cautivos de su prisión. Señor, ten piedad.
MONICIÓN A LA PRIMERA LECTURA Isaías presenta al Siervo de Dios como aquel que, sin grandes voces, se preocupa de dar a los hombres lo que necesitan. Cual¬quiera que quiera ser y vivir hoy día como siervo de Dios tiene aquí un buen modelo a seguir: menos palabras y más hechos, que es lo que necesita nuestro mundo.
SALMO RESPONSORIAL (Sal. 28) El Señor bendice a su pueblo con la paz. Hijos de Dios, aclamad al Señor, aclamad la gloria del nombre del Señor, postraos ante el Señor en el atrio sagrado. El Señor bendice a su pueblo con la paz. La voz del Señor sobre las aguas, el Señor sobre las aguas torrenciales. La voz del Señor es potente, la voz del Señor es magnífica. El Señor bendice a su pueblo con la paz. El Dios de la gloria ha tronado. En su templo un grito unánime: «¡Gloria!» El Señor se sienta por encima del aguacero, el Señor se sienta como rey eterno. El Señor bendice a su pueblo con la paz.
MONICIÓN A LA SEGUNDA LECTURA Pedro, en su discurso en casa de Cornelio, hace una presenta¬ción del contenido fundamental del mensaje cristiano: Jesucristo es el Señor que pasó entre los hombre haciendo el bien con la fuer¬za del Espíritu, porque Dios estaba con Él.
MONICIÓN A LA LECTURA EVANGÉLICA Juan Bautista, mensajero de Dios, anuncia la proximidad del Mesías; su fuerza principal consistir en introducir a las personas en un nuevo ambiente, en una atmósfera nueva: la de Dios Padre y su amor por nosotros. Y también su llegada: Él está ya presente entre nosotros; ese Enviado de Dios es Jesucristo.
ORACIÓN DE LOS FIELES En la festividad del Bautismo del Señor, invoquemos a Dios nuestro Padre para que también envíe su Espíritu sobre nosotros y así seamos capaces de cumplir con nuestra misión: -Para que la Iglesia siga día a día proclamando la verdad, pro¬moviendo el derecho y devolviendo la luz a los que caminan en la oscuridad. Roguemos al Señor. -Para que las iglesias jóvenes crezcan y se confirmen en la fe que han recibido. Roguemos al Señor. -Para que todos seamos solidarios con nuestros hermanos los hombres y así no carezcan de lo necesario para vivir con digni¬dad. Roguemos al Señor. -Para que nuestra comunidad (parroquial) busque en la refle¬xión y en la oración la voluntad de Dios y la siga con confian¬za. Roguemos al Señor. Oración: Dios, Padre nuestro, que has enviado a tu Hijo entre nosotros para mostrarnos el camino que nos lleva hasta Ti; ayú¬danos para que sepamos cumplir siempre tu voluntad. Por Jesu¬cristo.
BENDICIÓN FINAL -Favorece, Señor, a tu pueblo para que, libre de todo mal, se entregue a tu servicio de todo corazón y se mantenga siempre bajo tu amparo paterno. Amén. -Para que así, cumpliendo tu voluntad, pueda practicar siem¬pre el bien con todos los hombres. Amén. -Y que tu misericordia nos lleve a todos los que hemos puesto nuestra confianza en Ti, a difundir por todas partes los dones de tu amor. Amén.
CANTOS PARA LA CELEBRACION Entrada. A las fuentes de agua viva (disco ?16 Cantos para la Misa?); Un solo Señor, una sola fe (de Deiss); Iglesia santa (1CLN-428); Cuando llega la luz (de Barja); Este es el día en que actuó el Señor. Salmo. LdS. Aleluya. Canta aleluya navideño. Credo. Creo, Señor (2CLN-F 4). Ofertorio. Quiero estar, Señor, en tu presencia (disco ?Cantos para participar y vivir la Misa?); Bendito seas, Señor (2CLN-H 6); Este pan y vino (1CLN-H 4). Santo. De Aragüés. Aclamación al Memorial. 2CLN-J 21 Comunión. Dame la fe de mis padre; Oh, Señor, yo no soy digno; Cerca de ti, Señor. Final. Alabaré, alabaré.
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