Por José David López el 29-Jan-2008 |
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Tal y como hicimos con Ronald Koeman y haremos con Michel Laudrup, nuestra serie sobre los tres jugadores del ?Dream Team? azulgrana con experiencias en banquillos de nuestro fútbol, sigue adelante. En esta ocasión el protagonismo es para Hristo Stoichkov.
Hablar del fútbol búlgaro a lo largo de la historia es citar, en menos de cinco segundos, a uno de los mejores jugadores de todos los tiempos. Y es que sería imposible alejar a Hristo Stoichkov de esa lista de reyes históricos porque si por algo se caracterizan los mismos, es por sus títulos, galardones individuales y participaciones destacadas en citas de primer interés. Hristo lo tiene todo y más, ya que es el único jugador búlgaro nombrado Balón de Oro (lo fue en 1994).
Aquél chico que había salido de la cantera del modestísimo Maritza, equipo de segundo nivel dentro de su Plovdiv natural, fue dando saltos de gigante en una carrera tan larga como el quiso. El Zhevros Jarmanli fue su segundo escalón, justo antes de que el ‘gigante’ nacional, CSKA de Sofía, consiguiera su traspaso en 1985, cuando el sólo tenía 19 años.
Con los ?Rojos? se convirtió en una de las mejores promesas de todo el continente paso a paso ya que empezó siendo un desconocido que no tenía minutos y terminó sumando 61 goles en sus 56 últimos partidos sobre terreno patrio. Aquellas cifras le valieron para lograr la Bota de Oro en 1990 y, por tanto, darse a conocer al gran público. Eso sí, con apenas 16 primaveras, ya demostró su carácter peligroso al ser suspendido por un año tras agredir sin tapujos al colegiado.
Tras debutar en torneos internacionales y anotar en un partido ante el Barcelona con una vaselina preciosa, Cruyff se auto-convenció y mandó ficharlo. Costó 400 millones de las antiguas pesetas y, por rendimiento, quizás ningún jugador las mereciera tanto.5 Ligas, 2 Copas, 4 Supercopas de España, 2 de Europa, 1 Recopa y, desde luego, 1 Copa de Europa, reflejan lo que fue para el barcelonismo. Aquí también dejó polémicas casi cada domingo, incluida otra inolvidable con los árbitros, sus mejores ‘víctimas’.
Una escapada sin sentido al Parma y sus años locos por cementerios de elefantes tan variados como Al-Nasr, Kashiwa, Chicago Fiore y DC United, pusieron fin a una carrera eléctrica con un punto álgido, el Mundial de USA 94 donde fue el líder de una generación sin igual para el fútbol búlgaro.
Sin embargo, con tan reconocido caché futbolístico a nivel nacional e internacional, sus días en los banquillos no se iban a hacer esperar demasiado porque su competitividad extrema y carácter ganador no le iban a permitir cruzarse de brazos. Con la vitola de haber llevado a Bulgaria a su mejor clasificación mundialista y esperanzados en que aquél milagro se repitiera, la Federación lo presentó como seleccionador en 2004, apenas un año después de colgar las botas tras una despedida de todo el barcelonismo.
Aquí fue donde Hristo tenía que saber explotar sus cualidades más allá de la potencia de su zurda o de su velocidad y, como primer objetivo estaba Alemania 2006, gran meta para un combinado que venía de ser eliminado en la primera ronda de la Eurocopa 2004 en Portugal de la mano de Planen Markov. A ?toro pasado?, lo cierto es que sus casi cuatro años como máximo responsable del cuadro Luovete, fueron muy negativos, pues falló en su intento mundialista y, marchando en tercera plaza de su grupo clasificatorio a la Eurocopa 2008, dejó el cargo por el Celta. Esto, además, se pudo entender como traición en alguien tan querido en su país.
Su llegada a Vigo con el equipo encaminado hacia el descenso y en plena crisis económica, pudo entenderse como un intento arriesgado de querer entrar por la vía rápida en los banquillos del fútbol español. Así, demostró mucha ambición, pero desde luego dejó ver su precipitación. Empezó ganando un derby gallego por la mínima y se diluyó jornada a jornada pese a que, a falta de quince minutos para el final de la campaña, era aún equipo de Primera. Tras consumar su descenso, los problemas ya se habían multiplicado y un sin fin de desajustes con la directiva y sus jugadores, terminaron por acabar con su aventura con la campaña ya empezada. El, para no faltar a su eterno carácter ganador, jamás reconoció que lo habían cesado.
Desde entonces, trabaja como ojeador del fútbol del este para el Barcelona, donde siempre tendrá un alojamiento ?extra? cuando los banquillos no le den cobijo. Desde otro punto de vista más realista, salvo equipos de segundo orden o de ligas menores, resulta difícil que la trayectoria técnica del búlgaro se revitalice de inmediato pues son muchos los riesgos que hay que correr. A las pruebas nos remitimos.
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