Por pocote el 31-May-2010 | La vulnerabilidad del territorio nacional, como lo han registrado y detectado organismos internacionales especializados, ha quedado plenamente demostrado con la depresión tropical de los últimos días, quizás no con centenares de víctimas mortales (se reportan nuevo muertos y màs de 12 mil damnificados) y graves daños en viviendas, pero sí con inundaciones, deslaves y surgimiento de nuevas cárcavas sobre todo en la zona metropolitana y en algunas carreteras del país. El presidente de la república en cadena de radio y televisión formuló llamados a colaborar con las dependencias de protección civil, así como a colaborar y ?tender la mano? a quienes lo necesiten.
En los hechos y a la larga, todos los objetivos, las preocupaciones y los grandes retos por resolver, alcanzan su turno o su urgencia. El problema grave surge cuando los instrumentos o los recursos propios del gobierno existentes no sirven o no bastan para responder a las nuevas y urgentes necesidades planteadas. Este es precisamente el caso de El Salvador actual. Para nadie es un secreto que se heredó un país en bancarrota, totalmente hipotecado a organismos financieros mundiales, sin política monetaria propia y con un déficit monumental profundizado por la galopante corrupción, el contrabando, el narcotráfico, la desintegración familiar y la elusión y la evasión fiscal.
Es lamentable y ofensivo, por lo tanto, escuchar en el presente a los ex presidentes de la república y altos dirigentes del partido Arena, ofrecer opciones y soluciones a graves problemas creados por ellos mismos, lo mismo que rasgarse las vestiduras y asegurar que durante sus administraciones ?se trabajó por el bienestar de los salvadoreños?. No tenemos que ir muy lejos ni profundizar en sus infames regímenes para sacar conclusiones y demostrar como saquearon las arcas del Estado, prostituyeron las instituciones públicas y nada más se preocuparon por favorecer a determinadas empresas, hombres de negocios y consorcios extranjeros.
Asimismo, nunca prestaron atención a los problemas del sector agropecuario, tampoco a la generación de empleos, en vista del creciente problema económico y social que implica tener grandes masas de trabajadores desempleados y subempleados; la necesidad de poner un límite al endeudamiento, que ya se encontraba a niveles críticos, como en su momento se lo demostraron diputados del FMLN. Esos son problemas heredados, compromisos firmados que ahora le toca resolver o enfrentar al gobierno. Por ello es que cuando vienen catástrofes o daños irreversibles como los creados por la presente depresión tropical, se agigantan los efectos y las causas; pero como siempre surgen los ?analistas?, los políticos corrompidos y los señalamientos de ineficiencia y falta de previsión de los organismos correspondientes, para tratar de tirar cortinas de humo contra más de 20 años de inoperancia, torpeza, corrupción e incapacidad.
No nos corresponde a nosotros evaluar la respuesta que en la actualidad han dado las instituciones respectivas a las necesidades creadas por las torrenciales lluvias; serán los mismos salvadoreños, las familias damnificadas, los directamente perjudicados por el fenómeno natural los que digan la última palabra. Con todo, debemos decir que de la falta de un control eficiente de los mecanismos de política, de previsión, surge precisamente la gran distancia, o si se quiere la incongruencia, entre las intenciones verbalizadas en las continuas declaraciones oficiales, y la realidad de una situación de vulnerabilidad que se agrava bajo los impactos climatológicos. Si al final de la jornada, o de la emergencia, tanto el director de Protección Civil, como sus colaboradores, no han estado a la altura de las exigencias, corresponderá al presidente de la república, destituirlos de sus cargos y colocar a funcionarios responsables y diligentes para cumplir con las tareas encomendadas; pero tampoco son políticos de la derecha las personas más apropiadas para ?exigir? eficiencia cuando no cuentan con autoridad ni solvencia moral para ello.
Desde el inicio de su gestión el 1 de junio del año recién pasado, el actual gobierno ha enfrentado graves problemas, no sólo el de vulnerabilidad del territorio, sino los que derivan del deterioro de las condiciones económicas. Este deterioro, de no corregirse, puede producir consecuencias políticas y sociales difíciles de prever para los próximos cuatro años: no es que el sistema pueda virar hacia cualquier lado, sino lo peor sería en estas condiciones no contar con los instrumentos de política necesarios para hacer frente a los crecientes problemas económicos. El mandatario debe estar seguro que en caso de fallas profundas, de hundimiento de la economía y de la misma situación social, jamás tendrá el respaldo de los ?grandes? empresarios, esos que siempre aúllan contra el FMLN, contra sus dirigentes, a quienes acusan de ?poner en peligro las inversiones nacionales y extranjeras?, cuando es evidente que en los últimos 20 años no hemos tenido inversiones, lejos de ellos, siempre la fuga de dineros hacia otras regiones.
La unidad y la solidaridad de todos los salvadoreños no sólo debe pedirse en tiempos de catástrofes o peligros inminentes contra la estabilidad política de la nación, debe exigirse SIEMPRE el cumplimiento de la ley a TODOS y no tener miedo de señalar a los evasores de impuestos o de perseguir y castigar a los corruptos. Bajo esta óptica es innegable la enorme distancia que está quedando entre los objetivos postulados durante la campaña presidencial y el mismo mensaje de toma de posesión y los resultados, tan limitados, que se están logrando en cuestiones como: la generación de empleos productivos, el mejoramiento agropecuario, la reducción del endeudamiento, la disminución de la migración hacia el extranjero o el combate a la delincuencia. De no corregir el rumbo o tomar las medidas necesarias y urgentes, la tendencia no es previsible que cambie en los próximos cuatro años.
Los próximos seis meses no se presentan con cara de buenos amigos. Si bien es cierto que en los dos últimos meses las remesas han mejorado en un pequeño porcentaje, la recesión de los Estados Unidos nos continuará afectando. El gobierno debe trabajar fuertemente en la creación de nuevos empleos, en la seguridad ciudadana, que pasa por el combate frontal contra la delincuencia, el crimen organizado y la evasión fiscal, en las reformas integrales de la salud pública y en la educativa, así como en la reactivación de la agricultura. Todo esto nos indica que todavía existe un cierto margen para organizar internamente un sistema menos irracional, menos injusto. Sin embargo, --volvemos a lo mismo?los instrumentos, los mecanismos que darían viabilidad a los mejores objetivos de política económica son prácticamente inexistentes. Por ejemplo, ¿quién sino el sector público sería capaz institucionalmente de ayudar a solucionar el problema de desempleo y subempleo de la mano de obra. Sin embargo, lamentablemente tenemos que decirlo, no hay siquiera un programa integral de empleo. Mucho menos los mecanismos para coordinar la educación, la capacitación y el establecimiento de las unidades productivas que absorberían esta mano de obra.
Ojalá nos equivoquemos totalmente en todo y que en el gobierno exista plena voluntad, decisión y sabiduría para corregir los graves errores hasta ahora cometidos, que los próximos cuatro años el pueblo sea el receptor de mucho bienestar, que el campo produzca los alimentos necesarios e indispensables para todos, que la vivienda popular llegue a los sectores urgidos de techo, que la educación y la salud sean GRATUITOS y no se quede ningún niño sin asistir a las escuelas. Todo pues obedezca a una política integral y no sea lo coyuntural, como en el caso de los fenómenos naturales, lo que impulse a pedir unidad y colaboración a la sociedad salvadoreña.
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