Por Enrique Ballester el 28-Apr-2010 |
Foto 0 en El Inter de Mourinho elimina al Barcelona (1-0): pega esta imagen en tú pagina, Foro, Myspace o Ebay con este código...
Perdió el Inter pero le dio igual. Perdió uno a cero en el Camp Nou, gol de Piqué, pero el tres a uno de la ida decanta la eliminatoria, y el Inter de Mourinho estará en mayo en el Bernabéu, donde le esperará el Bayern de Munich y la gloria europea, la que se le escapa desde 1965. Firmó el Inter su derrota más dulce ante un Barcelona que no supo en ningún momento resolver el acertijo en el que devino un encuentro áspero y desagradable. El Barça se trabó en su indefinición, a medias entre la bravura anunciada del dejarse la piel y el virtuosismo en torno al toque marca de la casa, que anoche condujo a ninguna parte, las más de las veces, antes y después de la expulsión del visitante Motta, en el minuto 28 de la primera mitad.
Motta se cruzó con Busquets, y no fue precisamente inteligente en una acción que dobló el sudor de sus compañeros. Cuando Sergio Busquets irrumpió en el primer plantel azulgrana, una de sus virtudes se elevó sobre el resto. Sergio, el recién llegado, era el más canchero, el más ducho en el juego subterráneo, en uno de esos rasgos que jamás se asocian con la escuela de La Masia. Era algo que chocaba, hasta que se explicaron los precedentes. Sergio no jugó en el Barça hasta los 17 años. Antes, en la lucha del extrarradio barcelonés, en la Jabac de Terrasa curtió su carácter y sus trazas espabiladas de callejero resabiado. Al tiempo que se asocia con todos, y no rehúye ningún pleito, Busquets es un pivote que cobra más faltas de las que paga, y que provoca más tarjetas de las que recibe. Con estos precedentes, la torpeza de Motta fue descomunal. El centrocampista del Inter le puso la mano en la cara al catalán, que cayó a modo de agredido, por si al colegiado le quedaba alguna duda.
Hasta la roja, el Barcelona había dominado la pelota con amplia superioridad, pero Julio César no se había visto obligado a realizar ni una sola parada, en una primera media hora de tensión contenida. Los dos equipos buscaron un mismo objetivo, el pase a la final, y cada uno eligió un camino. El Inter, al que se le cayó Pandev en el calentamiento (Chivu, más músculo en la izquierda), no perdió un solo balón en zonas comprometidas, y se encastilló sin rubor en la frontal del área, blindando las bandas, taponando los pasillos interiores, multiplicando ayudas y compartiendo esfuerzos. El Inter, desde el arranque, no tuvo ninguna prisa en que rodara el juego, sino en que llegase el final, con su valioso premio.
Al Barça le faltó inspiración. Messi sólo encontró un resquicio por donde colarse al poco de la expulsión de Motta, cuando culminó una acción individual con un disparo enroscado y arqueado que desvió, tras un magnífico vuelo, Julio César, junto a la cepa del poste. Los locales empujaron con facilidad el encuentro al territorio rival, sobrándole a menudo varios zagueros, pero una vez ahí se enredaron, ni hubo desborde, ni velocidad en la circulación, ni pegada. Ibrahimovic, sustituido, anduvo irritantemente torpe y estático, y quizá sea el gran derrotado de la noche. Pese a los cambios, y pese al desgaste italiano, no volvió el Barça a encontrar portería hasta los últimos diez minutos, ya con Córdoba de tercer central. Un pelo le faltó a Bojan para cabecear a la red un centro de Messi y poco después, en el 84, Xavi filtró una pelota interior que Piqué convirtió en golazo tras una bella maniobra, coordinadísimo en la secuencia control-amague-recorte y giro.
El uno a cero acentuó el fervor, en la grada y en el césped. Xavi y Messi probaron desde lejos a un Julio César que no crujió, y el árbitro pitó una mano que no fue a Touré, que desembocó en gol anulado a Bojan. Pudo ser ése, pero no fue, porque a pesar de la insistencia culé, se impuso el tesón defensivo de un Inter que compitió orgulloso y astuto desde su inferioridad técnica, también hoy numérica, para bracear con espíritu hasta la meta, la final de la Liga de Campeones, ileso, meritorio y feliz. Tremendamente feliz.
foto: uefa.com
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