Por José David López el 13-Jun-2008 |
Foto 0 en El mecanismo ?oranje? guillotina a Domenech: pega esta imagen en tú pagina, Foro, Myspace o Ebay con este código...

El optimismo holandés y el escepticismo galo sólo habían quedado separados por noventa minutos diametralmente opuestos. Mientras Holanda goleaba con una exhibición ofensiva y plena de alegría, el debut de Francia dejó dudas y muchas incógnitas sobre las decisiones de Domenech, al que le sentenciaría una derrota. Estas sensaciones se reflejaban en los onces de inicio ya que mientras Van Basten repetía mismos planteamiento, los galos presentaban un aspecto revolucionario con la entrada de Evra, Govou y Henry como único delantero.
Sin embargo, no por imponer una catarsis se aseguran mejores intenciones y todo el plan de choque galo se quedó en nada demasiado pronto. Apenas se había cumplido unos minutos de estudio por ambos bandos cuando un saque de esquina lo cabeceó Kuyt en el primer poste para mandarlo a la red. El comodín ofensivo del Liverpool cumplió su cometido aprovechando un marcaje dubitativo y débil de Malouda, que evidenció su falta de solidez defensiva. La inteligencia del holandés hizo el resto para comprometer muy mucho el futuro de Les Bleus.
Con Domenech contrariado por la falta de intensidad de sus jugadores, Holanda dio varios pasos atrás para proponer las contras como principal amenaza. Francia, más obligada que nunca a reaccionar, sacó casta y corazón para llegar con fuerza a las inmediaciones de Van Der Sar. Y de no ser por el experimentado guardameta, dos disparos de Govou o uno seco de Ribery, hubieran igualado el marcador antes del descanso. Los tulipanes obraban como un equipo mientras Francia se perdía una vez tras otra en los gestos individuales de sus estrellas, oscurecidas un día más y con la apatía de Henry como principal desencanto.
Esos ?espasmos? galos igualaron el partido y auguraban que, ignorando su ?libreto? predeterminado, la cita ganaría en demasía. Tocaba olvidarse de defender en campo propio, de adelantar líneas y, desde luego, buscar la creatividad que se reservaba (de manera incomprensible) en el banco. Van Basten no comprometía su juego de toques rápidos, búsqueda de espacios y estirando al máximo las dimensiones de un campo en el volvían a demostrar su gran estado de ánimo.
Cuando más orgullo mostraban los galos, con sus puños sobre la mesa y el corazón a pleno rendimiento, Holanda ?pegó? como deseaba. Henry con una vaselina errada incomprensiblemente y las excelentes intervenciones de un estupendo Van Der Sar, se interponían una vez tras otra en la reacción gala, que se demolió con un chispazo celestial. Van Nistelrooy con una ?roulette? para asistir la arrancada de Robben, arrancó la acción mágica del choque. El extremo sacó su velocidad, levantó la cabeza y buscó la llegada al segundo palo de Van Persie, que remachó con una volea que se encontró en el camino a Coupet, aunque no lo suficiente para liquidar un auténtico golazo.
La hombrada del actual sub-campeón del mundo se convertía en una quimera de difícil ejecución. Gomis fue la apuesta de los de Domenech, que lograron descontar con un toque sutil y de gran maestría de Henry en el primer poste tras un centro desde banda derecha. Sin embargo, cuando parecía que el partido iba a abrirse, surgió Arjen Robben. Sólo un minuto más tarde, el madridista buscó con poderío la línea de fondo en su concurrida banda izquierda y sacó un potente disparo casi sin espacios y con marcaje de Gallas incluido. Todo fue inútil pues la trayectoria estaba fijada a la red de un Coupet atónito.
La recta final dejó la consistencia defensiva de los ?oranges?, que buscaron la serenidad y posesión como base para mantener el resultado. Francia agonizaba siendo un pequeño juguete descontrolado en las manos de un equipo que no sólo puede dejarle fuera de la Euro (aún tiene opciones), sino que ha enamorado. Sneijder, con un golpeo de los que suele facturar con frecuencia, sacó la guillotina en busca de gallos. Gallos de ‘corral’. Francia, sin paliativos, tendrá que buscar la heroica ante una Italia en situación similar.
La receta, efectiva, recuerda los mejores días de una naranja más mecanizada que nunca y que ya espera rival en cuartos.
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