Por pocote el 31-Dec-1969 | En los últimos años fueron apareciendo en el escenario nacional de las más variadas cataduras, no tendencias, a veces se les califica de derechas o izquierdas. Gran favor se les hace. Son los ?analistas?. De estos hay metafísicos de melancólica pupila y soñadores ?analistas? barbados, amantes de libaciones, versos románticos y víctimas de amores imposibles. Si intentan acercarse al gobierno o continuar recibiendo pago o bendiciones de la burguesía. Desde luego, hay ?analistas? de mala índole y turbia voluntad; abundan los provisionales, en espera de escaño rojo, tricolor, anaranjado o verde en Parlamento mudo o tartamudo, oficialía mayor o con suerte un ministerio o jefe de personal. La mayoría de los ?analistas? son bastante adultos, arriba de los 50 años, signo de la época, pero hay sexagenarios, con pelo pintado o tan blanco como el de doña Prudencia, la famosa artista española. Fáusticos ?analistas?, sin Margarita merecedora de sus afanes, ni de sus aparentemente sonrosadas esperanzas. En fin?Un hecho es cierto: el oficio de ?analista? es hoy una llave para abrir espacios en los medios de difusión escritos, radiales y televisivos, como no también obtener invitaciones a cócteles, para escuchar conciertos de la Sinfónica o para disertar contra el humo, el ruido, la explosión demográfica, el narcotráfico, las actuaciones del Tribunal Supremo Electoral, las sentencias de la Sala de lo Constitucional, la promiscuidad sexual, la delincuencia, novelones, literatura pornográfica y paremos de citar porque son expertos en todo. Y bueno, cada ?analista? se siente, en algún grado, tecnócrata. Hay quien los cree futuros gobernadores, diputados y hasta presidentes de cualquier Órgano del Estado. Rectores del mañana o algo así como Casandras con portafolio, corbata y sonrisa de Ministros de Estado. Pero, en resumidas cuentas, ¿cuál es el deseo de los futurólogos? Devolver al cielo su azul pureza, al aire la condición de vehículo para música, canto de aves, distante ladrido de solitario can, alarido doliente e insurrecto de borracho, lenguaje de árboles azotados por el viento, silbato de ferrocarril con ignoto destino? A la noche su misteriosa virginidad bajo estrellas con recuperado prestigio o entre lámparas viudas, cobijo de amantes, amparo de conspiradores, escenario de insomnios y de ensueños?a la mañana el santo olor a la panadería, el pregón y el aroma de mercancía recién hecha, salido de las tiendas?un crepúsculo eficiente para amenidad de almas en soledad o compañía?una lluvia sobre los pinares o los madrecacao. En suma una vuelta al pasado si combatimos, a tiempo, las invasiones de humo y ruido, la contaminación del agua, el nacimiento de hijos de padres con salario mínimo, el éxodo de campesinos miserables hacia la ciudad. Bueno hoy también hacia los Estados Unidos. Nostalgia pura de una bella época, pero sin renunciar al aire acondicionado, los famosos bares o barras show, supermercados, tarjetas de crédito, televisión, antibióticos, ni sociedad de consumo. No son ?analistas? en el más profundo sentido de la palabra, sino acomodados, respondiendo a determinada agenda política o económica. Temerosos de un profundo cambio social, asustados por la violenta crisis humana contemporánea y partidarios, como abuelitas prudentes, de ver a niños jugar a las escondidas o al toro, pero sentaditos; a campesinos reclamar tierras e insumos agrícolas, más con canciones; obreros pedir salarios justos y democracia sindical sin huelgas ni protestas; quejas contra la carestía sólo en esos viejos tangos interpretados por Gardel; repudio juvenil a un sistema anquilosado e hipócrita y una falsa cultura, sin turbar somnolencia ni agredir almidón a maestros falsarios?los tales ?analistas?, como pitonisas fracasadas, vestidos de azul, estrellita de lejano cielo, vuelta al tiempo del presidente Molina con su autoritarismo y guayabera. ?Analistas?, bueno de nostalgia, dándole atole con el dedo a incautos ciudadanos?.
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