Por Ramón Flores el 29-Aug-2011 |
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El País es mi periódico. Comenzó a serlo hace cerca de treinta años, cuando me acerqué por primera vez a él a través de los pasatiempos y del Pequeño País, hoy tristemente desaparecido. De modo natural, andando los años y la llegada de la adolescencia, comenzaron las lecturas de los interesantes reportajes de El País Semanal, y finalmente la ingestión del diario en pleno, un manjar de imposible comparación con el diario regional que se compraba diariamente en casa de mis padres. Según mis convicciones se modelaban, iba quedando patente que era en estas páginas donde se reflejaba con cierta frecuencia ?no siempre, por supuesto- mi forma de acercarme a la vida y de relacionarme con el mundo que me rodeaba, cambiaba y evolucionaba a la vez que yo. Aún a pesar de ciertos matices, esto no ha variado.
Andando el tiempo, acabó llegando la época en que Internet nos cambió a muchos el ritmo vital. Y por supuesto, una de las primeras modificaciones que impuso la web en nuestros hábitos fue la posibilidad de asomarnos al mundo en la ventanita del monitor, cada mañana, a través de nuestro periódico favorito. Hablamos del cambio de siglo, y con la lectura diaria imperdonable, descubrimos una preciosa verdad en las páginas de Deportes: otra información deportiva era posible. Había un tal Segurola, que más tarde nos enteraríamos de que era el jefe, que despachaba crónicas y artículos en el justo punto medio entre el mejor periodismo y la buena literatura; por ahí andaba Carlos Arribas, capaz de convertir la más anodina de las carreras en una epopeya homérica; Ramón Besa, una enciclopedia para todo lo referente al barcelonismo; o el gran Enric González, quizá lo más cercano a un oráculo de la sociedad actual, que presentaba oblicuamente las tripas del Calcio con una mezcla de sabiduría e ironía amable cuyo secreto parecía poseer sólo él.
No miento si digo que aquellos tipos presentaron una manera diferente de entender el periodismo deportivo en España. A diferencia de los cuatro jinetes ?Marca, As, Sport y MD- no presuponían que el aficionado al deporte tuviera que ser, por el mero hecho de serlo, poco exigente con la calidad de las noticias que recibía, ni fanático de ningún equipo. En cambio, le suministraban una información de calidad, trufada de referencias cultas, con atención a los deportes minoritarios, y siempre pendiente de acercarse a la objetividad, el bien más preciado de un buen periodista cuando de transmitir información se trata. Nada sorprendentemente, los seguidores de esta forma de plantear la información deportiva ?que encontraba su contrapartida audiovisual en los deportes de Canal Plus- pronto fueron legión, y no pocos nos planteamos escribir de fútbol cuando observamos que el tipo de producto que nosotros deseábamos como lectores, riguroso, imparcial y de calidad, era factible. Es muy probable que sin aquella redacción del País no existiera Diarios de Fútbol ni la mayor parte de los blogs deportivos, y que muchas de las mejores páginas escritas sobre deporte en los últimos años nunca hubieran existido. Dicho de otro modo, aquél fue un modelo del periodismo deportivo. Un modelo que hoy, desgraciadamente, ha desaparecido.
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Desde que Santiago Segurola abandonó la redacción en 2006 y asumió la dirección José Sámano, se inició una deriva que ha culminado en este último año y medio con la conversión de la sección de Deportes en un panfleto anti-Mourinho, por un lado, y en una continua hagiografía del Barcelona, su entrenador y su plantilla, por el otro. Vaya por delante que los siguientes párrafos no deben entenderse como una defensa de Mourinho, una figura compleja que ha mostrado comportamientos ciertamente cuestionables en España, y en ocasiones hasta abiertamente censurables ?dedazo por delante-, ni una crítica de las muchas virtudes del Barcelona, comenzando por su juego frecuentemente deslumbrante, siguiendo por la bendición que es Messi para cualquier aficionado al fútbol, o pudiendo terminar por la figura de Guardiola, en general un modelo de comportamiento. Asimismo, animo a los lectores a que aporten en los comentarios enlaces del periódico que ofrezcan argumentos que enriquezcan el debate, sean favorables o desfavorables a las tesis que se expresan en este artículo, y que provienen únicamente de la lectura diaria de El País.
Sobre el primero de los asuntos, tomemos un día cualquiera, en el que apenas haya noticias de la actualidad del Real Madrid: por ejemplo, ayer domingo. Si entramos, encontramos una noticia titulada ?Abran paso a Coentrao?, en la cual Diego Torres da a entender que Mourinho, contra la opinión de todo el mundo, ha forzado a Sahin a sabiendas de que podía lesionarse. ¿Qué motivo podría llevarle a querer ver lesionado a un futbolista de su propio equipo? No se justifica directamente, pero se expone que así Coentrao, fichaje pedido explícitamente por Mourinho, tendrá sitio en el once inicial. Justo debajo encontramos otro artículo, también firmado por Torres, en el cual, a partir de la suplencia de Casillas en el Trofeo Bernabéu (!!!) se desgrana toda una teoría según la cual ambos hombres están gravemente enfrentados, se habla de ?duelo?, de ?tensión?, o de que el entrenador ?cuestiona su titularidad?. Nada se dice de que Casillas lo jugó todo el año pasado con Mourinho, por ejemplo. O de que haya sido titular en los dos partidos de la Supercopa. O de que lo fuera ayer. Nada.
No es una casualidad. A lo largo de muchos meses, Torres ha creado en sus crónicas un personaje, que en caso de ser real, nadie podría explicarse cómo ha alcanzado los logros del portugués en su profesión. De momento sabemos que es un entrenador al que no le importa que sus jugadores se lesionen, y que no vacila en enfrentarse gratuitamente a su portero y capitán. También hemos aprendido de Torres que Mourinho es un paranoico, un dictador, que actúa guiado por sus sueños, que pisó a Cesc, que hostiga, humilla y margina a sus futbolistas, que desprecia los valores del Madrid y que, en el rarísimo caso en que haga algo correctamente, será por casualidad. Incluso, si es el caso, pueden mutilarse declaraciones, por ejemplo de Casillas, para avalar sus argumentos (ver aquí y aquí). Todo este exceso hace que pase a segundo plano la que probablemente sea la parte más interesante y limpia de su trabajo, que es la que concierne al análisis de las tácticas del Real Madrid.
La veracidad de las historias que cuenta Torres es imposible de comprobar, por cuanto que él, en su derecho como periodista, no revela sus fuentes. Sin embargo, sí resulta algo más chocante que sus tesis, casi invariablemente, vienen avaladas por ?los jugadores? o ?el vestuario?, asumiendo una generalización que es muy improbable que sea cierta. Eso cuando los jugadores se manifiestan, porque en general viven atemorizados por su entrenador, sólo un poco menos que un ogro, y por tanto sus habituales manifestaciones públicas de apoyo al mismo no tienen ningún valor (ver aquí, aquí y aquí, por ejemplo). Si alguien cree que en este estado de cosas un equipo es capaz de anotar más de cien goles, ganar la Copa, quedarse a un palmo de la final de la Champions League y, sobre todo, mostrar la imagen de fortaleza que ha dado el Madrid a lo largo de gran parte de la temporada pasada y el comienzo de ésta, está en su derecho.
Podría pensar otro que tal acumulación de ataques a Mourinho obedezcan a una cierta inquina personal del periodista. Puede ocurrir, pero eso no justificaría los ataques que le han llovido a Mourinho desde todas las secciones del País, desde que aterrizó en España. Gonzalo Suárez, bajo el seudónimo de Martin Girard, lanza cada semana en una columna que, con demasiada frecuencia, da vergüenza ajena; José María Izquierdo, habitualmente analista político, autor de dos artículos que sobrepasan cualquier límite (ver aquí y aquí), especialmente el primero; John Carlin ?que parece ser el único que en algún momento ha tratado de hablar de Mou con cierta distancia-; Javier Marías, Carlos Boyero, Ramón Besa, Juan José Millás, el propio Sámano, Boris Izaguirre, Eleonora Giovio, Juan Cruz… Hasta la defensora (?) del lector, requerida por los lectores, asume implícitamente esta línea editorial. Una línea que incluye perlas como ?Hannibal Lecter?, ?villano?, ?aires sanguinarios?, ?chantajista?, ?proclive a arrastrar por el barro todo lo que le rodea?, ?chulesco e intimidante?, ?tramposo?, ?payaso?, ?malencarado?, ?deprimente, triste y poco inteligente?, ?arrogante mercenario?, ?Lucifer?, etc. y que ha llegado a utilizar para zurrar al entrenador motivos tan peregrinos como el estallido del volcán islandés o la Semana Grande de San Sebastián.
Si alguno de los epítetos puede relacionarse con la verdad, la acumulación y el tono habla de una campaña que arrastra por el fango todo lo que había construido el País con tanto esfuerzo, recuerda a otras recientemente vividas, y envía a sus factores a las cloacas más infames no sólo del periodismo deportivo, sino del periodismo a secas. Además, ataques como estos provocan un efecto boomerang contrario al esperado, dando lugar a una suerte de victimización en el sujeto, y dificultando que sus defensores y el público moderado en general sea permeable a la frecuente crítica, razonada y justa, que suelen merecer bastantes actitudes del personaje.
Si miramos ahora en la dirección opuesta, encontraremos la otra cara de la moneda. Roto el dique del rigor informativo y la distancia periodística, la sección de Deportes de El País podría al menos acercarse a la imparcialidad tratando la información referente al Barcelona con la misma dureza y falta de piedad con sus protagonistas. Sin embargo, es muy difícil encontrar informaciones internas del vestuario que comprometan de algún modo a algún miembro del mismo, e incluso el más mínimo comentario crítico que aluda al equipo culé. Asumiendo incluso que ocurran menos incidentes que en las tripas del Real Madrid, se hace imposible creer que Guardiola no haya tenido una bronca de puertas adentro, que gente como Ibrahimovic ?que después lo ha hecho en público no una ni dos veces- no lo cuestionase en privado, o que en la temporada 2007-08, en la que el Barça se hallaba en plena descomposición, casi lo único que apareciera día tras día en el periódico fueran noticias titulares esencialmente positivos (ver aquí, aquí y aquí, por ejemplo).
Sí sabemos, en cambio, que lo que le hizo Vilanova a Mourinho fue ?una carantoña?,
o que las patadas del contrincante justifican un balonazo al público rival. Asimismo, también sabemos que el periodista Luis Martín, encargado habitual de seguir al Barcelona, es un crítico habitual y acerado de Rosell cuando escribe para Sportyou, pero es muy difícil encontrarle alguna crítica al presidente (o a nadie más) cuando escribe para El País, y sin embargo fácil entrevistas tan amables para el entrevistado como ésta o artículos como los que hemos enlazado en el párrafo anterior, en pleno desplome deportivo del Barcelona.
En fin, queda poco más que decir,. Sólo reiterar que este artículo debe leerse sobre todo como una alegato de decepción por la deriva que ha tomado la sección de deportes del que yo considero mi periódico, y de pena y tristeza por la desaparición de lo que todos tomamos por un modelo. Asimismo, no deben buscarse ni pedirse aquí críticas a otros medios, primero porque no es la intención de este artículo realizarlas, y segundo porque hay quien lleva años haciéndolo, y mucho mejor de lo que yo podría. Sólo espero que la lea alguien en el lugar correcto para reconducir la situación, porque es una pena que periodistas con tanta capacidad como los que constituyen la sección de Deportes del País ensucien su carrera dejándose llevar por una dinàmica en la que el primer damnificado es su propia credibilidad y el segundo la del medio en el que escriben. Ojalá sea así.
Nuestro agradecimiento al compañero Miguel Gutiérrez, por los ánimos, y a José Antonio Hidalgo, sin cuya paciencia recopilando enlaces no hubiera podido escribirse este artículo.
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