Por Pol Gustems el 17-Dec-2011 |
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El Mundial de Clubes es un evento extraño. Le bastan diez días de competición para aglutinar todos los debates sobre el funcionamiento del fútbol moderno. Por ejemplo el inacabable desacuerdo sobre el formato. O la validez de sus participantes -basta con ganar la liga japonesa para convertirse en el séptimo mejor equipo del mundo-. La percepción de importancia del torneo, tercer ítem, discutiría esto último. Como buenos debates futbolísticos, nunca habrá consenso en ninguno. Quién abogue por una liga continental cerrada lo hará también por un Mundial a partido único, entre el mejor de Sudamérica y el campeón de Europa. Al que le sobra la participación del Auckland City, en su liga se desprendería felizmente de Racing o Getafe.
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En la página web del Santos, acompañando los escudos del equipo brasileño y del Barcelona, reza la siguiente frase: “el partido más esperado del año”. Hay quién lo descifra como sinónimo de grandeza, puede ser. A mí me gusta su significado literal. El Santos se proclamó campeón de la Copa Libertadores el 22 de junio, de eso hace ya seis meses. La espera del Barcelona también ha sido cansina, aunque en su caso -o el de sus aficionados- más por lo problemático del calendario que por otra cosa. El Mundial de Clubes se sentía como era una carga, una nota situada hacia finales de diciembre que rompía los esquemas tradicionales. La preocupación venía más por la fecha que por el partido, rival o trofeo. El culé es muy dado a controlar los horarios de su equipo. Supongo que esto pasará en muchos más sitios, pero en Barcelona es habitual y repetitiva -varias veces la misma persona- la pregunta: ¿A quina hora juga el Barça? Es recurrente haya o no jornada de liga. Y muy común entre los familiares que no ven, porque no suelen hacerlo, ningún partido de fútbol.
Volviendo a la trascendencia del partido, parece evidente que significa algo más para el Santos, que tiene el papel -como lo tuvo Estudiantes de la Plata hace dos años- de reivindicar la fortaleza del fútbol sudamericano. En 1992, cuando Barcelona y Sao Paulo fueron los protagonistas del torneo, entonces solo lo jugaban dos equipos y se llamaba Copa Intercontinental, o Copa Toyota, el marcador se quedó en 13 triunfos europeos por 18 sudamericanos. Perdió el Barcelona, cuyo mejor hombre en el campo fue Andoni Zubizarreta (2-1). Los goles brasileños los marcó Raí, hermano de Sócrates, que al final del encuentro recibió las llaves de un bonito coche. El balón se lo llevó el árbitro argentino Juan Carlos Loustau, que esperó que la jugada viniera a su zona para pitar el final y abalanzarse sobre el esférico. Europa ha remontado el marcador en estos últimos años, hasta situarlo en empate a 25. Es decir, el favorito moderno es el club europeo, mientras que el sudamericano lucha por él mismo, para su país, e incluso por su continente.
Es curioso que la frase más repetida por el entorno barcelonista -afición y jugadores- estos días sea: “para llegar aquí hay que ganar una Copa de Europa, y sabemos lo difícil que es” – destacando la dificultad de lo superado para justificar su empeño en conseguir el título, y no basándose en la dificultad del rival, del que se ha hablado poco. Sea mediante esta visión u otra, el Barcelona demostró en 2009 que se toma este torneo con seriedad absoluta. Fue el único título capaz de hacer llorar a Pep Guardiola.
La edición de este año tiene un punto de interés mayor. Estudiantes de la Plata era un equipo liderado por Juan Sebastián Verón, un futbolista cerca del retiro que aguanta y aguanta. Lo ha hecho dos años más, contra pronóstico: ?Los partidos los sufro bastante. Por ahí no se nota, pero termino muy cansado. Eso de no correr bien, porque tengo el tobillo lesionado y el dolor de espalda? me lleva mucho tiempo recuperarme. Tenía decidido retirarme, pero mis compañeros y amigos inclinaron la balanza? -dijo la Bruja entre semana. En cambio, el Santos tiene a Neymar. Podríamos comparar la figura de Raí, estrella de aquél Sao Paolo 92′, con Paulo Henrique Ganso, zurdo finísimo, también centrocampista, también internacional y también acusado de lentitud. Pero con Neymar no resiste comparación, ni en aquél equipo -donde también estaba Cafú- ni el Internacional de Alexandre Pato -en 2006 muy verde-, ni con ningún futbolista de Estudiantes. Neymar es el foco del fútbol brasileño hacia el resto del mundo, y el reto de ganarle es atractivo, un adjetivo poco utilizado alrededor de este torneo.
Las cuotas de apuestas en bwin.com son, como la final, muy interesantes. Para empezar, sí creemos que el Santos va a ganar, podemos apostar a una cuota de 8.00? por euro apostado. Una cuota alta teniendo en cuenta que es una final, y que cualquier mínimo error puede decidir el campeón. El empate -también hubo prórroga en 2009- se paga a 5,5? y la victoria barcelonista a 1,33?. Si apostamos a que habrá menos de 2.5 goles nos llevamos 2,95? por euro apostado. También es interesante la cuota de victoria barcelonista en el descanso y también en el final del partido, a 1.78?
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