
Cada jornada, bajo la inmemorial carpa, ahora gris, de nuestra querida España, asistimos con aflicción, pero sin el menor indicio de perplejidad, al gran circo de los despropósitos.
¡Pasen y vean!, verán saltos, piruetas, caídas y locuras.
¿Cuándo se vió a un Jefe de pista, dejando a las fieras sueltas y a su antojo?, ¿Cuándo los tiempos han visto semejante proeza?.
Observen la torpeza del mono hacer piruetas para que alguien lo aplauda.
Atiendan al mago que nos hará desaparecer a todos.
El Circo trae para uds., damas y caballeros, los animales mas exóticos de la tierra: el hombre de dos caras; ¡que no le digan!, ¡que no le cuenten!; asómbrense de donde saca argumentos para defender lo indefendible.
Grotescos payasos, malabaristas de la verdad, saltimbanquis de salón, monstruos increíbles. ¡Lo nunca visto!.
El único circo donde los niños no ríen. El insólito espectáculo, donde el publico participa andando sobre el alambre. La extravagante representación del absurdo a su alcance. ¡No se lo pierdan!.
Aprovechen es la última función, tras ella, la alegre comparsa de platillos y tambores, se perderá para siempre en el horizonte, en este mustio anochecer sin luceros. ¡Todavía están a tiempo!.
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