La Constituyente de 1963 fue un espectáculo representativo de fuerzas sociales democráticas con un sentido altamente progresista del desarrollo social e histórico del pueblo dominicano. Digo espectáculo para traducir fiesta democrática bajo el concurso de ideas nuevas o renovadas bajo el calor de una etapa crucial, el inicio de la democracia como proceso, una auténtica revolución democrática cuyos lineamientos fundamentales estaban estableciendo las coordenadas del nuevo sistema político, dejando atrás el conservadurismo rancio y los espectros de la vieja dictadura que había secuestrado las libertades y derechos ciudadanos.
El profesor Juan Bosch habla con entusiasmo de la Constituyente de 1963 en su obra ?Crisis de la democracia?, donde señala que la misma fue un evento en el que el pueblo dominicano estuvo representado por sus fuerzas vivas, esencialmente por los trabajadores y campesinos, estudiantes, empresarios, pequeños comerciantes, etc. Los diputados a la Constituyente habían sido escogidos el mismo 20 de diciembre de 1962, fecha en la cual se eligieron el Presidente, el Vicepresidente, los senadores y diputados, síndicos y regidores, en las primeras elecciones libres después de la tiranía.
Los dominicanos y las dominicanas ejercieron el sufragio escogiendo independientemente de los legisladores, a los diputados a la Constituyente, que era uno de los planteamientos cardinales, fundamentales, que Bosch y el Partido Revolucionario Dominicano habían planteado en la campaña electoral de 1962. Para Bosch el concepto de Constituyente tenía un significado especial que venía enriquecido por las experiencias latinoamericanas y en especial por la cubana y la llamada Constitución de 1940 donde se plasmaron conquistas y postulados de alto alcance social y democrático. ¿Por qué Bosch planteó Constituyente y no Asamblea Revisora? Porque el país estaba abocado a redefiniciones de su marco jurídico político, a fundamentaciones sociales que sirvieran de eje al lanzamiento de una propuesta de nación que solamente podría surgir de la mayor representatividad social y política basada en la participación de los grupos o clases sociales.
Aquella Constituyente desató los odios y la malquerencia de todos los grupos adversos a cambios y transformaciones democráticas, pero de su discusión y propuestas surgió la reforma constitucional más avanzada que haya conocido el país. En República Dominicana el pueblo se lanzó a la guerra en abril de 1965 junto a los soldados constitucionalistas, a luchar por una demanda de carácter esencialmente política, el retorno a la constitucionalidad, la reposición de la Constitución del 29 de abril de 1963. No fueron demandas económicas y sociales sino un principio político que resumía las conquistas y logros sociales.
El politólogo Juan Isidro Jimenes Grullón llegó a precisar en sus enjundiosos trabajos de sociología política, que el movimiento constitucionalista no era en sentido estricto y literal un movimiento revolucionario porque según él luchaba o demandaba el retorno al pasado lo cual no implicaba propuestas de lucha basada en una estrategia de futuro, ni siquiera de presente.
Aunque la definición es tajante en la lógica formal del concepto, lo cierto es que no había retorno al pasado porque esa Constitución, producto de la Constituyente de 1963, no había sido implementada, había sido abortada por el Golpe de Estado artero del 25 de septiembre de ese año; se trataba no de regresar a un ámbito caducado históricamente sino de implementar sus conquistas y derechos, abruptamente interrumpidos por el golpe que sí representó un regreso al pasado autoritario, represivo y despótico. De todas maneras aquella Constituyente consagró el destino democrático de la nación, abrió las compuertas de la lucha por modificaciones al estadio lastimero y las formas de reproducción del viejo Estado trujillista.
Lo que ha sucedido desde entonces indica la necesidad de restablecer los correctivos que sirvan a la creación de una nación post moderna, que encare los nuevos retos que confronta en el marco de la sociedad de hoy, los problemas sociales identificados en ella a la luz de los cambios operados en el sistema capitalista, la realidad dominicana del presente, los peligros que asedian la paz, las tramas contra la nación, el fenómeno de las drogas, la necesidad de preservar el orden democrático garantizando la alternatibilidad y el desarrollo humano. Creo que el PRD, organización a la que pertenezco, que anunció el sometimiento de su propio proyecto de reforma constitucional, debe estar presente en los debates, en las luchas, en las discusiones, no importa que no constituya transitoriamente mayoría, porque representa una posición popular amplia apegada a principios.
Los escenarios no pueden ser abandonados, las voces opositoras deben sustentar su discurso con dignidad y movilizando al pueblo alrededor de sus propuestas disidentes.
La historia señala, como decía el doctor José Francisco Peña Gómez, que la mayoría de hoy es la minoría de mañana y viceversa. En ese juego democrático los días de la mayoría de hoy están contados.