Es posible que esta generalizada crisis económica, política y social que sacude al mundo de nuestros días, y en particular de manera dramática a El Salvador, no sea, como pudiera pensarse, un anticipo bastante claro del crepúsculo del sistema capitalista y su variante del modelo neoliberal como ?norma de convivencia en el mundo occidental?. Lo malo de los crepúsculos es son son equívocos, pues siempre asoma la duda sobre si es alba que se insinúa o tarde que se despide.
Ya hemos visto como la potencia imperial atraviesa una difícil situación económica y la gran mayoría de grandes empresas y fábricas han despedido miles de empleados, han aumentado las horas de trabajo y como dicen los economistas ?han reducido los costos? para no ver mermadas sus millonarias ganancias. La crisis hipotecaria y la recesión podrían a muy corto plazo influir decididamente en la economía doméstica de El Salvador.
Sí, quizás esta crisis mundial de valores consagrados, de normas que nuestros padres supusieron garantía de libertad y de justicia para todos los hombres y mujeres no llegue, por lo pronto, sino a consolidar ciertas reformas que alberguen la vida del sistema aunque parece inevitable que el desprestigio de los fundamentos de la organización capitalista ha entrado a un proceso de liquidación histórica irreversible.
En nuestro país, tan sensible e indefenso ante la presión de los grandes intereses internacionales, esta generalizada crisis se complica y prolifera al más refinado gusto de los masoquistas. Estamos mal (más del 70% de los salvadoreños así lo reconocen en la más reciente encuesta publicada por la UCA), pero todo nos lleva a considerar que, de seguir con este mismo gobierno neoliberal y mercantilista, estaríamos peor. Nuestras fórmulas electorales tradicionales y amañadas como propone el insignificante presidente del Tribunal Supremo Electoral, ya ni siquiera despiertan rebeldías ni oposiciones y el abstencionismo es una condena que igual alcanza al partido Arena que a sus complacientes comparsas del PCN y PDC.
Escribimos estas líneas antes del 1 de junio y, por lo tanto, ignoramos texto y espíritu del IV informe del bachiller Saca, pero es obvio que las cataplasmas del relativo efecto transitorio ya no podrán ser alivio ni a juicio de los obreros, ni de los empleados públicos y muchísimo menos de los marginados en ese tira-tira entre salarios y precios, alguna de las angustias de los salvadoreños y de los graves problemas de la nación. El abandono del campo, el alto costo de los productos de la canasta básica; la falta de crédito y de probidad en aislados planes de ayuda a los campesinos; el haber hecho cargar sobre el campo la ilusión de una costosa y siempre retrasada, enajenada e ineficaz industrialización provoca ahora estas crisis sucesivas en el renglón alimenticio, llaga descarnada y sangrante de 20 años perdidos, de supuesto desarrollismo optimista y despilfarrador.
En 20 años de gobiernos areneros se ha incrementado la pobreza (hecho que únicamente no reconoce el diario de hoy y los funcionarios gubernamentales), ha aumentado la migración de salvadoreños hacia los Estados Unidos, los precios de productos tan necesarios para la alimentación de la familia como los frijoles y el maíz han llegado a precios jamás vistos en la historia de este país. Es algo de lo que no podemos sentirnos orgullosos ni optimistas hacia el futuro inmediato. Todo este panorama ha politizado al país más de prisa y más a fondo que veinte años de ?prosperidad y desarrollismo?. Ya no solamente los grupos organizados, las asociaciones sociales progresistas, sino sectores de clase media e incluso grandes empresarios apenas hace unos años indiferentes ante el vaivén de la política nacional, reclaman del gobierno medidas prontas y eficaces en su último año de gestión; cumplimiento de su responsabilidad indeclinable de rector ? y no testigo y simple comparsa, como lo ha sido en cuatro años?de la actividad económica, así como la elaboración de un mínimo sistema fiscal que controle las ganancias y ponga fin al anonimato de las empresas gananciosas.
La crisis de El Salvador ?dejemos en lo posible las causas que no están en nuestras manos?no es, por ahora, cuestión de sabios economistas que descubran la fórmula milagrosa, sino de definir al menos en el último año, una política de fondo que defienda a las mayorías en todo aquello que puede defendérselas. No hay, evidentemente, otro camino. Desgraciadamente es como pedirle peras al olmo, o uvas al naranjero. El bachiller Saca y su coro de iluminados no han aprobado el examen general a poco meses de entregar los bártulos. Es la sentencia y el fallo del jurado popular. El pueblo no se engaña y así como ha dictado su reprobación, así también se prepara para la alternancia del poder, como ciertamente corresponde a eso que se llama democracia.