Por pocote el 08-Aug-2008 | Como un reflejo indudable de la época grávida de presagios y contradicciones que estamos viviendo, hemos debido asistir en los últimos días a un duelo incruento, entre los representantes del sector privado, funcionarios de la CEPA y diputados del FMLN y PCN, sobre la factibilidad de concesionar o no el Puerto de La Unión, cuyos trabajos estarán finalizados en noviembre próximo.
Efectivamente, como obedeciendo a una acción concertada y dirigida por una hábil batuta oculta, dirigentes de la ANEP (por cierto dirigida por un caballero que por todos los medios busca ser aceptado en las círculos de la burguesía, sabiendo que no ha nacido en ese ?grupo de familias privilegiadas? y que tampoco su apellido es ?rancio?, y simplemente es un sirviente, como en su oportunidad lo fue y sigue siendo Saca) públicamente en algunas ocasiones y en otras privada, como una forma de vida habitual en sus relaciones familiares y sociales, se han dedicado a lanzar como una catapulta, sus críticas más enconadas en contra de algunos sectores políticos que piden más análisis sobre una decisión, al parecer, ya tomada en altas esferas para que el Puerto de La Unión sea administrado por una empresa y un operador internacional.
De cierto que este gobierno, así como los anteriores, ha cometido graves errores al permitir que el llamado ?libre mercado? se imponga y actúe impunemente contra la población. Dos ejemplos nada más: al vender la antigua Administración Nacional de Telecomunicaciones a la empresa privada internacional, con ramificaciones locales desde luego, el Estado dejó de percibir un ingreso neto de 600 millones de colones, de aquellos tiempos. A estas alturas las ganancias obtenidas por las telefónicas extranjeras son astronómicas. Segundo: al no hacer algunas regulaciones en el mercado el gobierno neoliberal de Arena, ha permitido que los precios de productos básicos para la dieta alimenticia, se disparen y que en el presente tengamos que pagar más de un dólar por la libra de frijoles. ?El libre mercado?, el valor, la mercancía, el precio, está por encima del ser humano. En consecuencia, todas las medidas adoptadas por el nefasto gobierno neoliberal, no van encaminadas a favorecer el desarrollo económico y social del pueblo salvadoreño y, por el contrario, se ven en ellas graves errores que nos están orillando irremediablemente a un precipicio mortal: las nulas medidas fiscales, la incontenible delincuencia, el contrabando, los altos precios de productos de la canasta básica, las medicinas, la agonía de la agricultura, algunos sectores de la producción abandonados o casi aniquilados por la propia iniciativa privada. La anunciada concesión del Puerto de La Unión, se viene a unir a esa medida nefasta del gobierno de subsidiar a la gente de altos ingresos y que, como ya hemos señalado, ahora están molestos porque se les quiere quitar ?la ayuda? para pagar sus recibos de luz. Nos estamos refiriendo a las grandes empresas y fábricas que recibían subsidio y que ahora se quejan porque ?verán incrementados sus costos?. Lo que pasa es que hay mucho empresario político en El Salvador. Es otro de los subsidios muy grandes que da la democracia nuestra: el empresario político que no llega a ser político ni se dedica a ser empresario. En este país, lo estamos viendo ahora con el Puerto de La Unión, se utilizan muchos pretextos para privatizar las empresas estratégicas y uno de los más usados es declarar que el Estado es un pésimo administrador y que la administración de empresas económicas que realiza, está destruyendo la economía nacional. Si hace unos seis años, el gremio médico conducido por el Sindicato de Médicos del Seguro Social, no se hubiera levantado y puesto en pie de lucha, esta es hora ya que la medicina estuviera privatizada y, en consecuencia, miles de salvadoreños sin poderse curar, asistir a consultas o comprar medicinas por los prohibitivos precios que imponen las farmacias, clínicas o hospitales privados. Al salvadoreño, ya no le queda más opción que repudiar la política gubernamental y considerar como lo más digno, justo y equitativo el régimen de libre empresa que propugna y alienta la iniciativa privada y el gobierno. Pues así están las cosas y tal como suele afirmar un estimado amigo ?enfermarse en El Salvador resulta demasiado caro?. Es lo mismo que comprar ahora una libra de frijoles o un litro de leche, por no mencionar los aguacates o los güisquiles. Con los regímenes de Arena hemos llegado a lo que los expertos llaman ?capitalismo de Estado? y, por consiguiente, a la creación de una superburocracia deshumanizada y con pretensiones tecnocráticas. Y a esta última conclusión, nos lleva de la mano el hecho de que la medida del éxito de operación de las empresas económicas estatales, se mide ?al igual que en la iniciativa privada--, por las utilidades, por el lucro, y no en función de otros factores fundamentales de carácter social: creación de empleos, mejoría del nivel de vida, reducción de las desigualdades, mejor distribución del ingreso y otros más que podríamos enumerar. Medir el éxito por las utilidades, es fincar el progreso ?como los negociantes?en el desarrollo económico propio de la sociedad de consumo. En ese anunciado negocio del puerto de La unión hay ?gato encerrado?. No se trata simplemente de medir caudal de votos, al fin y al cabo la burguesía, a pesar de que dará una lucha hasta el final, ya está resignada a perder las elecciones presidenciales de 2009, sino de las enormes, millonarias ganancias que dejarán las transacciones comerciales, marítimas, aduaneras, uso de bodegas, utilización de espacios físicos, centros comerciales, etc. La burguesía, los grandes capitalistas entienden de estos negocios y para ellos es norma de vida aquella máxima de: a cada cual, lo del otro.
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