Por Dadan Narval el 01-Oct-2008 |
Foto 0 en El tatuaje de Danny: pega esta imagen en tú pagina, Foro, Myspace o Ebay con este código...
Se suele hablar, y mucho, sobre la imposibilidad de un jugador extranjero para identificarse con los colores de su equipo hasta el punto que lo puede hacer un canterano. Quienes defienden esto, suelen decir que alguien que hasta que recibió una oferta de un club ni siquiera sabía de su existencia, es incapaz de asumir todo el peso de la significación, historia y símbolos que un club despliega.
Yo estoy en desacuerdo con esta teoría. Siempre he defendido que las personas podemos llegar a comprometernos con algo hasta las últimas consecuencias más allá de nuestro pasado. Un ejemplo simple que suelo esgrimir es el del amor: ¿necesita una persona haber conocido desde que nació a otra para amarla con toda la fuerza de su ser? En el fútbol sucede algo parecido. Es cierto que muchos foráneos jamás se identifican con el club que los contrató. Pero otros, como si de un caso de amor a primera vista se tratara, hacen suya toda la historia y dimensión social de su nuevo equipo hasta el punto de dejarse la piel sobre el campo más que cualquier otro jugador.
Hace un tiempo hablé de que existe un tipo de compromiso que en fútbol no se suele tener en cuenta: el del profesional que sabe que un determinado club ha hecho posible que él llegue al lugar donde está y, por ello, se vincula emocionalmente con dicho club mucho más que podría haber hecho con el supuesto club de sus amores de infancia.
Ayer, mientras veía el Zenit-Real Madrid, aprecié un detalle que me ayuda a ilustrar esta teoría: el del tatuaje de Danny.
Recordemos antes la historia del genial jugador portugués. Formado en las categorías inferiores del Marítimo, Danny fichó por el Sporting de Lisboa en la temporada 2002/03. En la capital portuguesa nunca llegó a triunfar, hasta el punto de volver cedido al Marítimo en el segundo curso en que perteneció al club lisboeta. De nuevo de regreso a Lisboa en la temporada siguiente, el banquillo fue su destino. Así hasta febrero de 2005, fecha en la que su representante Jorge Mendes le consigue un contrato con el Dinamo de Moscú, club en el que coincidiría con otros portugueses como Luís Loureiro, Frechaut, Jorge Ribeiro Derlei y Cicero, a los que la temporada siguiente se sumarían otros como Maniche, Costinha, Jorge Luís y Nuno, y otros jugadores procedentes de la liga portuguesa, como Seitaridis y Enakarhire.
Es decir, en principio, Danny llega a Moscú como un jugador más en un plan de ?portuguesización? del equipo, llevado a cabo por el presidente del club ruso en colaboración con Jorge Mendes, representante de la mayoría de los jugadores que llegan al club. Un plan que, además, se encuentra con fuertes reticencias por parte de ciertos sectores de la afición del Dinamo, que sospecha que la llegada de tanto jugador procedente de la misma liga y la mayoría con un mismo representante, poco tiene que ver con una intención de mejorar el nivel del equipo.
Y, sin embargo, he aquí que Danny ya en su primera temporada en Moscú comienza a demostrar el fútbol que tiene en sus botas y es nombrado mejor jugador del equipo en la temporada 2005, en la que el Dinamo quedó en octava posición, por la misma afición que sospechó de su llegada, aún cuando solo anotó cuatro goles. En 2006, el Dinamo se queda a un solo puesto de evitar el descenso y Danny solo logra dos goles. El equipo es fuertemente criticado y Danny es de los pocos portugueses que se salvan de las feroces críticas de la afición del Dinamo.
La temporada siguiente salen del equipo ocho de los jugadores llegados en el ?plan portugués?, incluidos Maniche, Nuno, Costinha y Seitaridis y, paradójicamente (o no), el equipo muestra una importante mejoría, quedano sexto en la tabla final. Danny anota cinco goles y ya es considerado uno de los mejores jugadores de la historia reciente del club moscovita.
Y así llegamos a la presente temporada 2008, en la que con un Dinamo en un estado de forma impresionante (actualmente es tercero en la tabla, detrás del CSKA, segundo, y del líder, el sorprendente Rubin Kazan de Rebrov y Savo Milosevic), el todopoderoso Zenit de Gazprom pone treinta millones de euros encima de la mesa para hacerse con sus servicios, despertando las iras de los aficionados del Dinamo que entienden que el estado ruso favoreció este movimiento al club de San Petersburgo, ya que Gazprom es una empresa estatal de la que nada menos que Dmitri Medvédev fue presidente.
¿Y el tatuaje? Pues resulta que Danny, tal y como se puede apreciar en la foto que ilustra este post, lleva tatuado en la parte interior de su antebrazo derecho nada menos que el escudo del Dinamo de Moscú, acompañado del número 10, ese que durante tres años lució en su camiseta. A algunos les puede parecer algo trivial, sin embargo, creo que no lo es. Un tatuaje es algo permanente, que además tiene una importante significación por cuanto se realiza como algo que estás dispuesto a lucir durante toda tu vida. Cuando Danny se realizó ese tatuaje, debía saber que posiblemente, como así sucedió a la postre, algún día cambiaría de equipo. ¿Pensó que ante los aficionados de su nuevo equipo luciría el escudo de su anterior club? Seguramente, pero a pesar de ello, ese gesto de tatuarse el escudo de un club en el que solo ha estado tres temporadas es, sin lugar a dudas un gesto de reconocimiento a lo que el Dinamo ha significado en su carrera y su vida, algo que el portugués no quiere olvidar. Sin duda una muestra de cómo un club ajeno puede pasar a ser de uno y cómo un jugador puede interiorizar los colores de un equipo del que un día no supo nada.
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