El auditorio del Banco Central es dignificador y amplio.
Estuvo lleno a rebosar. Lo reclamaban las figuras de Patria, Minerva y María Teresa Mirabal y la presencia de Doña Dedé ñBélgica Adela Mirabal, la cuarta ?mariposa?, que por fin se había lanzado a escribir sus Memorias de superviviente y testigo excepcional de la más execrable y vesánica acción del más bufónico, ambicioso y cruel déspota en ese tiempo de nuestra patria grande América Latina.
Una multiforme representación del pueblo dominicano quería mostrar su tributo de admiración y reconocimiento a nuestras tres heroínas y su repudio visceral al tirano que en su demencia por el poder había sido capaz de perpetrar tan ominoso crimen; y quería manifestar su voluntad decidida de que la patria soñada por Duarte, Sánchez y Mella sea una realidad presente que satisfaga y enorgullezca a todos los dominicanos por encima de trabas y claudicaciones, de ambiciones sórdidas y prácticas indignas, de miopías e insensateces.
Se respiraba un aire especial de fragancias patrióticas, de un ayer heroico en el que no todos se plegaron al dominio e influjo del déspota. En silla de ruedas en primera fila estaba Don Poncio Pou, superviviente de la invasión de Constanza, Maimón y Estero Hondo, exponente tornasolado de una juventud magnánima y generosa que supo sacrificar bienestar y vida en aras de la dignidad y de la libertad patria; y estaban también supervivientes de los horrores del ergástulo de la Cuarenta como José Israel Cuello y otros que habían soportado dignamente el salvajismo de los sicarios del Jefe.
En su presentación del libro Tony Raful en tono mayor y con pinceladas firmes, de trazo duro, picasistas evocadoras del mural de Guernica, nos presentó el horror y vergüenza de la tiranía en que discurrió la vida de nuestras tres heroínas, y la dignidad y nobleza del hogar en que fraguaron ellas sus recias personalidades y se detuvo en resaltarnos el temple y perfil de Dña Bélgica Adela Mirabal, ñ Dña Dedé-, autora del libro.
Minou, hija de Manolo Tavárez y Minerva Mirabal, con emoción contenida y algún pasaje al filo de quebrársele la voz, nos expuso las fases por las que había pasado la gestación de ese libro; agradeció a cuantos habían contribuido a hacer realidad un sueño; y, fiel heredera de su progenitor y madre, supo con sutileza y temple aplicar la ejemplaridad de un ayer cercano a la realidad nacional de hoy para que los intereses propios, bajos o altos, jamás se antepongan a los intereses patrios, deseando que el íntegro territorio nacional, sus 48,000 kilómetros cuadrados se tornen un genuino y admirado ?Jardín de las mariposas?. Con emoción contagiosa agradeció a ?mamá Dedé? sus desvelos y el regalo ñtestimonio valioso- de éstas sus Memorias, que son memorias de luz de un período tenebroso de nuestra historia.
Dña Dedé tenía que subir al podio y decir algo. Lo hizo. Dña Dedé ha cumplido ya sus ochenta y cuatro años y los años naturalmente pesan. Con paso trémulo y firme se acer có al podio de la mano de Minou y la emoción cubrió hasta el más mínimo espacio del auditorio del Banco Central.
Fue el suyo un discurso elocuentísimo sin muchas palabras. Un discurso de gestos. La emoción sincera la embargaba. Se recostó sobre el podio y abrió sus brazos queriendo abrazar a todos y dijo tres veces: Gracias, gracias, gracias a todos. El ritmo cardíaco lo teníamos todos acelerado. Se acodó un momento en el podio, se llevó las manos a la cabeza, creíamos que se iba a desmoronar y volvió a repetir ?gracias? . El aplauso fue en pie, prolongado e intenso.
Un video de la vida de Doña Dedé nos introdujo aún más en su admirable vida. Ya, al comienzo del Acto unas vistas fijas de ella y una canción de Milanés de fondo nos había puesto en ambiente. Fue una noche de gala y de esas emociones hondas que elevan el espíritu y nos hacen sentir mejor.
Se me pidió una invocación a Dios para el Acto y mi invocación fue así: ?Vivas en su Jardín-Memorias?. Memorias. Las hay apologéticas y testimoniales. Las Memorias ?Vivas en su jardín? de Dedé Mirabal, que hoy nos entregan, son testimoniales.
Las Memorias apologéticas son reivindicativas. El autor siente que su personalidad ha sido falseada y que hechos y actuaciones de su vida han sido distorsionados y escribe a la defensiva para corregir errores y dejar limpia su figura. Aun a despecho de que nadie es buen juez en su propia causa y aunque no siempre consigan cabalmente su objetivo, son interesantes e iluminadoras. Es congruente saber cómo se percibe el protagonista en cuestión y cuál es su versión de sus actuaciones.
Las memorias testimoniales pretenden únicamente dar a conocer lo vivido y archivado en su interior.
La memoria humana es misteriosa y providencialmente selectiva. Retiene unas cosas y olvida otras. Por diversas razones hay personas que al hilo de la vida y de los acontecimientos hacen sus apuntes que de tiempo en tiempo releen gozosa o tristemente. Son una gran ayuda para refrescar la memoria interna y para lograr que ciertos acontecimientos no se olviden y ciertos sentimientos no perezcan. Las memorias testimoniales tienen la belleza y grandeza de la autenticidad. En su origen y proceso no son para uso ajeno sino dirigidas a uno mismo.
El célebre Emperador Adriano escribió sus Memorias ñhoy perdidas- y el título que les puso fue ?eis eauton?, ?memorias de Adriano para consumo propio?, consciente de que las memorias que otros escribían eran dirigidas a otros, preferentemente a sus enemigos y detractores.
Las Memorias ?Vivas en su jardín? de Dedé Mirabal son testimoniales en la más pura acepción del término. De ahí su encanto y su esplendor.
Son unas Memorias frescas, fragantes, con aroma de primavera y rumor de olas oceánicas remansadas en la orilla de la playa; memorias doloridas y gozosas, provocativas, plagadas de reflexiones muy serias y estimulantes. Sus hermanas Patria, Minerva y María Teresa ñ personajes de una Tragedia digna de Sófocles- están presentes en cada página y su intención explícita ha sido que su memoria permanezca viva como ejemplo de integridad, amor a la libertad, lucha por una sociedad más justa y capacidad excelsa de hacer lo máximo: dar la propia vida a favor de una vida más digna para los demás.
Hay entre el héroe y el genuino santo una auténtica reciprocidad. El santo tiene mucho de héroe y el héroe de Santo. Ambos coinciden en practicar al máximo el sublime precepto de olvidarse de sí mismos y darse totalmente a los demás. ?Nadie da más ñdecía Jesucristo- que el da la vida por los otros?. De acuerdo al libro del Apocalipsis esos están vestidos de níveo blanco cerquita del Cordero, es decir de Cristo Nuestro Señor, muerto y resucitado, glorioso ya por toda la eternidad.
Dedé en su ?Vivas en el Jardín? nos concientiza en algo fundamental. La heroicidad no se improvisa, se fragua día a día y un día se culmina sublimemente para dechado y memoria perenne. Desgraciado el pueblo que olvida a sus héroes y heroínas.
El libro bíblico del Eclesiástico termina con un himno ditirámbico a sus héroes: ?Voy ahora ñdice su autor- a hacer el elogio de ellosÖ Recibieron honor durante su vida y fueron la gloria de su tiempo. Legaron su nombre para ser respetados por sus herederos. Sus hijos siguen fieles a su legado y también sus nietos. Su recuerdo dura para siempre y sus hazañas no se olvidan. Sepultados sus cuerpos en paz, vive su fama por generaciones.
El pueblo cuenta sus proezas y la asamblea se deshace en alabanzas.
Bélgica Adela Mirabal (Dedé) contó un día a Julia Alvarez que no pocas veces los niños con su sabia ingenuidad le habían preguntado por qué a ella no la habían matado.
La respuesta es tan sencilla y honda como la pregunta infantil: porque era necesario que un testigo fiel del crimen más nefasto de nuestra historia nacional y testigo de la excelsa calidad humana de nuestra tres próceres sobreviviese y nos lo contase.
Gracias, Dedé, por haber sobrevivido y por habérnoslo contado con amor y con pasión contagiosa.
Oh Dios, que aborreces y repruebas a los soberbios que subyugan los pueblos y ejercen su poder despótica y cruelmente, y que te complaces con los que luchan por la verdad, por la justicia, por la libertad y por la solidaridad y que por boca de Jesucristo nos dijiste un día que el amor al prójimo era semejante al amor a Dios y que nadie ama más al prójimo que el que da su vida por él, haz que la heroicidad de nuestras tres mariposas prenda en el corazón de todos los dominicanos; haz que entre nosotros jamás se instale el despotismo; haz que este libro nos inspire y estimule; y bendice abundantemente a nuestra Dedé, la cuarta mariposa, por este regalo que nos ha hecho. Que así sea?.