Por Dadan Narval el 30-Apr-2008 | La temporada 2002/03 el Barcelona terminó en la sexta posición a veintidós puntos del campeón, el Real Madrid. Aquel curso, el club llegó a tener tres presidentes (Joan Gaspart, Enric Reyna y Joan Trayter) y dos entrenadores (Louis Van Gaal y Radomir Antic). En su plantilla, formaban jugadores como Bonano, Christanval, Enke, Dani, Mendieta, Geovanni, Rochemback, Gerard, Riquelme y Saviola.
El curso siguiente comenzó con la recién estrenada presidencia de Joan Laporta, quien llegó con la idea de crear un nuevo proyecto que reflotara la nave blaugrana, que había tocado fondo. Para liderar aquel proyecto desde el banquillo se buscó un entrenador con categoría y curriculum. Sin embargo, Laporta se encontró con una adversidad: nadie quería entrenar al FC Barcelona, un equipo con una plantilla absolutamente descompensada fruto de los consecutivos fracasos liderados por Charly Rexach, Lorenzo Serra Ferrer y el segundo Van Gaal, que paulatinamente degradaron la calidad del plantel. Además, tampoco las arcas del club estaban como para hacer una completa limpia en un plazo inmediato de tiempo. Después de tantear decenas de nombres, se optó por un técnico con más nombre de jugador que de mister: Frank Rijkaard.
El curriculum como entrenador de Rijkaard cuando llegó a Barcelona no era para echar cohetes precisamente. Antes de al plantel blaugrana solo había tenido dos equipos a su cargo. El primero fue la selección de Holanda, a la que llevó hasta las semifinales de la Euro 2000, en la que jugaba en casa. En aquella cita, los naranjas hicieron un digno campeonato en lo relativo a juego, que no a resultados. Tras dimitir con la selección holandesa, Rijkaard se hizo cargo del Sparta de Rótterdam, equipo al que descendió a segunda división. Un fracaso en toda regla, en la medida en que era la primera vez en la historia del Sparta, el club más veterano de Holanda, que descendía de categoría. Los registros de aquel año hablan por sí solos: 24 puntos en 34 partidos, 26 goles a favor y nada menos que 76 en contra.
Hagámonos cargo de cómo debía de estar en aquel año de 2003 el Barcelona para dejar su plantilla en manos de un técnico cuyo único club entrenado era un equipo descendido a la segunda división holandesa.
Los comienzos de Rijkaard en Barcelona no fueron fáciles. Desde el primer minuto fue mirado por encima del hombro. Se discutía, con razón, a tenor de su curriculum, su capacidad para liderar el nuevo proyecto culé. Además, se dejó caer que el técnico no quería en su plantel a Ronaldinho, nueva estrella blaugrana. En su boca se puso una frase, en la que Rijkaard supuestamente dijo que el brasileño era un gran jugador, pero ¿de qué jugaba? ¿dónde lo ponía?
La temporada, como era de esperar, no comenzó con éxitos. Una serie de resultados adversos, unidos a las continuas probaturas que el técnico realizaba sobre el campo desembocaron en furibundas críticas contra su persona. Antes de que se cumpliera el primer tercio de temporada, la prensa exigió su fulminante cese. Un empate ante el Valladolid en casa (0-0) y dos derrotas consecutivas ante Málaga (5-1) y Real Madrid (1-2), sucedidas a finales de noviembre y principios de diciembre, fueron esgrimidas como argumentos irrebatibles.
Sin embargo, Laporta optó por mantenerle en el cargo. Tras caer con el Real Madrid se venció en el derbi ante el Espanyol (1-3), pero posteriormente se empató con el Celta en casa (1-1) ?con un fallo terrible de Rüstu que fue sumado a la lista de errores de Rijkaard- y después se perdió con el Racing de Santander por 3-0.
Aquella noche el Barcelona se acostó en doceava posición, a nada menos que dieciocho puntos del Real Madrid, con unos números diabólicos: de dieciocho partidos jugados había ganado seis, empatado seis y perdido seis. Esos tres seises no dejaban lugar a dudas: Frank Rijkaard no servía como entrenador del Barcelona.
A finales de Enero el Barcelona además quedó apeado de la Copa del Rey con el Zaragoza. Aquello fue la gota que colmó el vaso. Nadie daba un duro por Rijkaard.
Se escribió mucho. Se dijo que no tenía ni curriculum ni capacidad para dirigir a un equipo como éste. Se argumentó que con él en el banco jamás en Barcelona saldría de la crisis en la que estaba inmerso. Se escribió que no tenía carácter para imponerse a los jugadores, que hacía falta alguien con más experiencia que la suya. Marca puso en portada el 30 de Enero de aquel 2004, noche después de que el Barça quedara apeado de la Copa, que a ?Rijkaard se le agotó el crédito?. El enfado de Ronaldinho al ser sustituido era la muestra, inequívoca, de que el vestuario se le había ido de las manos.
En enero de 2004, como sucede hoy, todos, absolutamente todos los analistas deportivos de este país votaron por cesar a Rijkaard. Cualquier otra opción, decían, supondría un “error imperdonable que dilapidaría el futuro del FC Barcelona”.
No voy a continuar la historia. Todos sabemos cómo terminó. Dos años después el Barcelona levantaba la segunda Copa de Europa de su historia y los aficionados de todo el mundo entendían FC Barcelona como sinónimo de buen juego. No voy a continuar la historia, pero sí he querido rescatar la primera parte de la misma, para mostrar cómo ya en enero de 2004 se esgrimían argumentos para decir que Rijkaard no valía para el banco del equipo culé. ¿Se habría ganado lo que se ganó después sin el holandés en el banquillo? Yo lo dudo.
Hoy, que los resultados han confirmado que éste será el segundo año consecutivo en blanco, hoy que la prensa de ese mismo color recuerda que en breve tocará hacer pasillo al Real Madrid ?qué pena que la elegancia de ayer de Relaño quede manchada por la portada de hoy de AS-, hoy que quienes hace cuatro años y dos meses exigían a Laporta que ?hiciera algo? y cesara a Rijkaard vuelven al mismo discurso aparcado durante los dos años de éxitos, hoy quiero hacer una apología del holandés.
Sigo creyendo que Rijkaard debe seguir en el Barcelona. Igual que lo creía entonces, con el Barcelona en la doceava posición y fuera de la Copa del Rey. Sí creo que hace falta un relevo de jugadores, cambiar a determinadas fichas. Pero creo que el tablero debe seguir siendo cosa del holandés. No sólo por crédito, que lo ha de tener, sino por el tipo de juego que realiza el equipo. Hay que proveerle de alternativas en el campo, pero el sistema y los modos de juego del Barcelona me siguen pareciendo válidos. Con estas mismas armas se hizo hace dos años el doblete. Faltan presión en el centro del campo (la baja de Deco toda la temporada ha sido en gran parte responsable de esto), una alternativa válida a Touré y alternativas de juego en los extremos (un Giuly capaz de romper una defensa cerrada por velocidad en desmarque en los espacios cortos), así como se echa de menos alguien capaz de dar el último pase como antaño lo hacía Ronaldinho. También un par de laterales capaces de suplir con garantías a Abidal y Zambrotta. Pero lo demás, está ahí y se puede aprovechar. ¿Qué es lo demás? Un estilo de juego definido que con una serie de retoques puede volver a dar frutos. Parece poco, pero es más de lo que tienen muchos de los equipos punteros del mundo en estos momentos.
No, no creo que haya que cambiar al técnico. No veo, además, alternativas válidas posibles. La única que creo que podría funcionar es la de José Mourinho, siempre y cuando renuncie al juego defensivo por el que en los últimos tiempos ?no en sus dos primeros años- realizó en el Chelsea, ese mismo juego de no dejar jugar al rival que lo entronó como campeón de todo con el Oporto. Pero ese sería un Mourinho que se traicionaría a sí mismo, y eso nunca es bueno.
¿Los demás? Wenger es un entrenador válido a largo plazo, pero aquí se piden resultados inmediatos. Benítez es un monumento al anti-fútbol. Ni me imagino ni quiero ver nunca a Messi o a Bojan corriendo como posesos tras el balón, al estilo de como está obligado a hacerlo hoy día Kuyt o incluso Benayoun cuando sale desde el banco. Valverde y Laudrup no me parecen alternativas válidas.
Por todo esto, creo que Rijkaard debe seguir. Es una pena que los fracasos pesen más que los méritos a la hora de hablar de él. Igualmente que de él solo se señalan los defectos, se podría argumentar que el Arsenal de Wenger lleva tiempo sin ganar nada, que Benítez tiene al Liverpool en la misma situación en Premier que el Barça en liga ?después de haber invertido ochenta millones de euros en fichajes solo este año- (¿quién es el guapo que defenderá a Benítez hoy si el Liverpool cae frente al Chelsea?), que el Chelsea de Mourinho de principios de temporada no jugaba a absolutamente nada, teniendo la que probablemente sea la mejor plantilla del mundo.
Creo que habría que darle a Rijkaard un año más, libertad total a la hora de confeccionar la nueva plantilla y el crédito que se merece. Hay que ver sus méritos en el terreno de juego, darse cuenta de que los problemas de este equipo residen fundamentalmente en una falta de alternativas en las piezas que se ponen en el campo, pero no en el entrenador, quien dirige la nave con elegancia y fidelidad a unos ideales de juego. Sé que esta medida sería impopular y que hoy noventa y nueve de cada cien culés piden la cabeza del holandés. Pero ya lo hicieron en enero de 2004 y la historia les quitó la razón. Ya lo hicieron otras veces con otros nombres (Robson, el primer Van Gaal) y el equipo fue degenerando a fuerza de populismo hasta quedar en la lamentable situación en la que lo cogió Rijkaard. En este sentido, y viendo la poca memoria histórica de nuestro fútbol, nos proponemos escribir en los próximos días una breve historia reciente del banquillo del FC Barcelona, en la que repasaremos cómo del equipo de Robson ?que finalizó la temporada con más de cien goles a favor en Liga y tres títulos- se llegó al de Radomir Antic -que se clasificó por los pelos para poder disputar la temporada siguiente la Copa de la UEFA-. La serie de posts se titulará ?El Bueno (Robson)?, ?El Feo (Van Gaal)? y ?Los Malos (Rexach, Serra Ferrer, el segundo Van Gaal y Antic)?. No estará de mal recordar a lo que conduce hacer caso a los argumentos irrebatibles de prensa y grada, esos mismos que en enero de 2004 ya decían que mantener a Rijkaard en el campo era un error del que nada bueno podía salir.
Leído 16 veces

|