Por Martha Colmenares el 08-Jul-2008 |
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El cineasta Oliver Stone vino a Venezuela el 28 de diciembre de 2007 a formar parte de aquel gran show que se armó para la liberación de Clara Rojas, su hijo Emmanuel, nacido en cautiverio, y la ex congresista colombiana Consuelo González, y se tuvo que ir con las tablas en la cabeza cuando el presidente Álvaro Uribe de Colombia denunció a los 3 días, que las Farc no tenían al niño. Por ello no se entregaban los secuestrados y esa deformada operación dirigida por Hugo Chávez tuvo que ser cancelada. Con las tablas en la cabeza también quedamos los venezolanos porque el viaje, la manutención y lujos de todos esos invitados al circo, entre ellos el cineasta, significó según indicaron las fuentes para entonces, un costo superior a un millón de dólares por día.
Oliver Stone muy ufano loaba a Chávez y a las farc en el aeropuerto venezolano de Santo Domingo, en el estado Táchira: ?Es maravilloso, nunca he estado en algo así. Estoy orgulloso de ser parte de esto…? y se refirió a la banda terrorista como ?un ejército campesino luchando por una calidad de vida decente?.
Ahora con motivo del rescate de Thomas Howes, Marc Gonsalves y Keith Stansell, junto a Ingrid Betancourt y los 11 militares del ejército de Colombia, es preciso recordar sobre la noticia que rodó para el mes de marzo pasado, cuando se dio a conocer que los estadounidenses habían firmado un acta en la cual ninguno podría vender individualmente su historia y la ofrecerían a Oliver Stone para que hiciera una película, al obtener su libertad.
“Los ex congresistas liberados (Gloria Polanco, Orlando Beltrán, Eduardo Géchem y Luis Eladio Pérez, puestos en libertad el 27 de febrero) han relatado una curiosa anécdota sobre los norteamericanos secuestrados. Los tres, que han estado bastante deprimidos por su situación, un día aparecieron joviales, riéndose y abrazándose en forma inusual”, relata la edición digital de la revista colombiana en un ‘confidencial’. La publicación señala que esta desbordante alegría se debía a que los tres cautivos habían llegado a un acuerdo para hacer negocio con su historia?
Al parecer, los tres estadounidenses cautivos decidieron acelerar el acuerdo tras conocer que Stone formaba parte de la comitiva internacional desplazada hasta Villavicencio a la espera de la liberación de la ex congresista Consuelo González de Perdomo, a la ex candidata a la vicepresidencia de Colombia Clara Rojas, y que iba a filmar un film sobre esta operación impulsada por el mandatario venezolano, Hugo Chávez?.
Los que se pretendieron mostrar muy “humanitarios” quedaron en patética evidencia. En todo caso, era una cuestión de exigencia a la banda FARC para las liberaciones, no de complacencia con sus crímenes. Ni de gritar al mundo como hizo Hugo Chávez: “las farc no son terroristas, son ejército del pueblo”. Secundado por la senadora colombiana, Piedad Córdoba.
Para bien de Colombia y aquellos países que nos vemos afectados por los estragos de su existencia, resulta un duro golpe a estos desalmados la operación rescate de Ingrid Betancourt y los otros 14 rehenes. Motivo de júbilo en el mundo y así habría que ser mostrado. Lo logró el presidente Alvaro Uribe y sus fuerzas armadas.
Si esto no sucede, estoy convencida que los secuestrados estarían aun en la selva y por mucho tiempo más, quizá hasta habrían muerto. No puede haber ni hay gesto humanitario en esta abominable banda de genocidas. Eso ha quedado demostrado.
¿De filmarse la película, cómo sería el guión de Stone? ¿Fidelidad de los hechos o distorsión? ¿Quién su héroe, Uribe o Chávez? Martha Colmenares
En mi blog amplias informaciones relacionadas al pulsar.
Relacionado:
Los tres gringos libres
Revista Semana
Tanto el secuestro de los tres estadounidenses como su liberación fueron manejados por el gobierno de Estados Unidos con una tremenda reserva. Ya están con sus familias, pero tan solo en unos días podrán hablar sobre su experiencia.
Fecha: 07/05/2008 -1366
Una buena parte de los estadounidenses que veían la televisión el miércoles pasado se enteró esa tarde de que tres de sus compatriotas, Keith Stansell, Marc Gonsalves y Tomas Howes, estuvieron secuestrados por seis años en las selvas de Colombia. Cuando los canales de televisión CNN, Fox News y la CBS empezaron a difundir la noticia de la liberación del grupo de 15 secuestrados, el impacto mediático del momento contrastaba con la escasa atención que le dieron, durante más de cinco años, a su cautiverio.
El gobierno de Estados Unidos mantuvo en muy bajo perfil el caso de los tres contratistas de la Northrop Grumman Corporation que fueron secuestrados en 2003, después de que la avioneta en la que hacían el seguimiento satelital de cultivos ilícitos en las selvas del sur del país fue derribada por disparos de las Farc. Los tres gringos se volvieron una jugosa carnada para atraer la atención de Estados Unidos y pedir, a cambio de su libertad, la de los guerrilleros extraditados ‘Simón Trinidad’ y ‘Sonia’.
Fueron muy pocas las historias que lograron publicar los corresponsales de los medios estadounidenses asignados a Colombia, pues el tema no tenía gran impacto mediático pese a que ningún norteamericano permanece secuestrado en el mundo sin que esto genere una visible solidaridad. En Irak cuando un gringo es secuestrado, por lo general su caso se resuelve en poco tiempo, pero estos hombres pasaron más de un lustro como rehenes de un grupo ilegal que Estados Unidos considera terrorista, pues su drama, al menos en su país, fue opacado entre otras cosas porque su gobierno se encargó de manejarlo discretamente.
Tras el secuestro, las familias de los tres plagiados, que vivían en ciudades y estados diferentes, fueron advertidas por el FBI sobre el manejo que debían darle a la situación. Básicamente se trataba de seguir sus instrucciones, informarse sólo a través de enviados oficiales y sobre todo, evitar a la prensa. Los padres, esposas, hijos o novias debieron guardar en silencio este drama que pasaba en un país lejano para ellos. Qué más podían hacer.
Tan solo la madre de Marc Gonsalves, Jo Rosano, una mujer impetuosa y de poco español, rompió el cerco formal y viajó en varias ocasiones a Colombia. La señora Rosano le hablaba en tono recio a su gobierno y le pedía más apoyo para sacar a su hijo y a sus amigos de ese infierno. Marchó con las demás familias y fue de foro en foro pidiendo el acuerdo humanitario. A las demás familias se les vio en público sólo a finales del año pasado, cuando visitaron al presidente Hugo Chávez, entonces facilitador para la liberación de los secuestrados, en el palacio de Miraflores, en Caracas.
No quería decir esto que el gobierno y la embajada de Estados Unidos en Bogotá no hicieran esfuerzos para llegar a las Farc. De manera continua buscaron personas que pudieran llevarle a la guerrilla el mensaje de la disposición a encontrar una solución para los rehenes. En 2005, las Farc respondieron en público al gobierno del presidente George Bush y le pidieron que no enviara más razones con mensajeros secretos, sino que más bien publicara un aviso en el diario El Tiempo en donde hicieran públicas sus intenciones de negociar algo para liberar a los tres contratistas.
Hoy ya son libres y esa misma libertad traerá para ellos la decisión sobre el rumbo que tomarán sus vidas. El Ejército norteamericano tiene un plan de readaptación para casos como estos, según le dijo a Semana.com Erick Atkisson, un vocero de esa institución. Sin embargo, aclaró que como se trata de civiles, ellos lo decidirán voluntariamente.
Desde la madrugada del jueves, cuando pisaron su país, los tres norteamericanos no han dado ningún tipo de declaraciones a la prensa. Fueron sometidos a exámenes médicos y luego se encontraron con sus familias y se prevé que sólo la próxima semana empezarán a dar su testimonio y narrar los detalles de su secuestro.
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