Por Buseta de Papel el 28-May-2007 | Por Ana Minga*
A veces he querido dejar este vicio, porque en ciertos escenarios hasta miedo les produce, también porque me la paso horas frente al computador, días, tanto que ni me acuerdo del hambre, algo casi bueno, porque comer cuesta? hubo un tiempo en el que dije: no más, aquí termino con mis manos. Duré una noche sin escribir, me fui a dormir, pero en la madrugada mi objetivo estuvo destruido, fue otra vez el papel, el esfero, las palabras una detrás de otra, que me empujaron y me arrodillaron ante mi verdad, fue allí que comprendí que ante una historia contada ya sea por medio de la poesía o por medio de un cuento, no cabían posturas de guerrero, pues en la soledad uno se encuentra cara a cara con el ser sensible, que lo observa todo, que lo discierne todo, que le duele lo que a otros no, que se ríe frente a lo que otros solo les puede producir escándalo, ese ser que va por el mundo, incluso, sin salir de su cuarto, y por supuesto también se encuentra con el ser malvado.
La soledad? que bajo su brazo trae el silencio, y así ayuda a perfeccionar este agradable vicio, y por qué no decirlo, perturbador, enloquecedor vicio, porque el que me diga que es escritor y además es un cuerdo muy normal, está mintiendo o en realidad, nunca ha escrito algo que valga la pena, porque los escritores para el mundo convencional, sí son algo locos, y que bueno que lo sean, porque los normales obstinados no tienen mucho que decir?
Nadie puede enseñarnos a escribir, esto se hace escribiendo, leyendo y viviendo?es un vicio de solitarios, pero no por esto somos personas que estamos fuera del mundo, tenemos algunas cosas, como profesiones, gente a la que queremos, claro que no estamos nunca seguros de que el sentimiento sea recíproco? tenemos experiencias cómo todos, esto lo digo porque hay personas que tienen estereotipos de lo que es un escritor. Piensan que uno no vive, que se la pasa encerrado en un mundo pequeño al que no tienen cabida, por ejemplo, los encuentros en lugares, supuestamente permitidos para todos, menos para uno ? que uno siempre va a ser alguien gordo de avanzada edad al que ya poco le interesa la realidad o en mi caso, por ser periodista, que sólo me va a interesar cubrir notas de cultura, cuando quisiera otro tipo de adrenalina, además de ésta, pues me gusta vivir siempre al filo de la navaja; porque cuando se conoce a la muerte, cuando se la ha retado y a veces se la ha invitado a sentarse frente a uno, ya nada nos puede detener, la hemos traspasado, ya no le tenemos miedo, ya no solamente nacimos para morir, somos como el vencido que al darse cuenta de su rol, sólo puede ganar, aunque nadie lo note y lo sigan subestimando.
Algunos convencionales cuando leen análisis políticos, económicos o deportivos, realizados por escritores, tienen grandes dudas, de que sí serán buenos, de que si será correcto creerles, en fin, sin percatarse de que el escritor es el ser que está más empapado del mundo, pongo un ejemplo, Kapuscinsky.
Si algunos medios de comunicación, hablo por los del Ecuador, dejaran de tenernos miedo, si dejaran de pensar que nos pasamos en las ventanas espiando el vuelo del pájaro y no lo que pasa en las calles, serían, primero, más humanos, segundo, serios y tercero, lo que más les agrada, les daríamos rating, porque estaría el toque especial de cómo decimos las cosas.
Pero esto es algo, ojalá, a largo plazo, pero por el momento en mi caso, creo que me pondré una falda muy pequeña y seré tonta, o sea realmente inteligente, para tener cabida sin reproches?
Creo que a nosotros nos gusta reír bastante, así que tampoco, es cierto que somos unos tristes, al menos no de la manera que nos pintan, y sobre todo, al menos en mi caso, escribimos de lo que estamos hechos, con esa madera prendemos la palabra que se nos hace fuego, con esto quiero decir que las anécdotas propias y de otros, valen, no para vender nada, sino porque somos nosotros mismos, nos ayudan a comprender lo que erróneamente puede pensarse que está lejos. Son un chispazo para poner en las manos de algunos a los que les ha generado emociones, los temas que siempre serán universales.
Son buenas las experiencias siempre que se las escriba con hondura, de frente, sin adornos, sin formalismos, como asegura Andrés Neuman en sus textos, como lo aseguró David Ledesma al dejarnos aquellos poemas fuertes, que nunca pedirán permiso, ni se ruborizarán al decir: "Amor mío? ¿Qué cosa puedo darte? Te regalo un muerto, cuídalo bien". Texto encontrado en su camisa la noche del suicidio.
O, Fernando Vallejo, con sus ideas punzantes, para muchos poco entendibles, por ejemplo, aquello que afirmó en una entrevista, que él amaba tanto a Colombia y que por eso la quería ver muerta para que no siga sufriendo.
Claro, también hay cómo escribir algo que no se ha experimentado en carne propia, Borges cuenta que un maestro suyo, un poeta judío andaluz, escribió un poema sobre el mar, pero él nunca lo había visto.
Señores, soy Ana Minga, no estoy de acuerdo con publicar un libro detrás de otro, los textos hay que trabajarlos y esto tiene su tiempo, pues libros hay por montones y pocos valen la pena. Escribo en primera persona, me hago responsable por mi voz, no me gusta la costumbre ni las certezas, prefiero las grandes pasiones, porque por ellas, está permitido dar la vida.
Estos encuentros son necesarios, y que bueno que se los realice en el Ecuador, espero que los otros, incluyendo también a los que ven utilidades en la cultura, entiendan que ésta, manifestada en sus diversos lenguajes, para un país es una de sus formas de desarrollo.
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* Ana Minga (Loja, 1983), es ganadora de distintos reconocimientos poéticos nacionales e internacionales y autora del poemario "A espaldas de Dios" (2007). Esta ponencia fue dictada en el I Festival Internacional de la Lira, realizado hace pocas semanas en la ciudad de Cuenca.
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