Por Enrique Ballester el 29-Jun-2010 |
Foto 0 en España y el primer obstáculo definitivo: pega esta imagen en tú pagina, Foro, Myspace o Ebay con este código...
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España se mueve entre la idealización de la Eurocopa y la asunción de la realidad palpable. Asoma el Mundial, la Copa del Mundo, el trofeo que siempre fue sueño y nunca hasta ahora realmente objetivo, reclamando respuestas presentes alejadas de la nostalgia nublada. No sabemos si la selección de Del Bosque ganará el Mundial, pero sí es seguro que no lo hará la de Luis Aragonés, por lo que su predicamento se interpreta en pasado, y es desechable, y cansino. España, que sólo puede ser nueva para ser España, debe superar vacías e intangibles esperanzas para disfrutar a su manera, sin complejos, en los cuatro partidos que le separan de la gloria. Arrancando desde la cueva, con Casillas merodeando la tecla de la espontaneidad, la que le hizo el mejor bajo los palos, deseando que Sergio Ramos no pierda el hilo, que Piqué y Puyol sean Piqué y Puyol y que Capdevila no estropee el trabajo de los demás, los interrogantes radican en el pivote, con la seguridad de que siempre competiremos, buenos, pero con la incertidumbre propia de quien no sólo puede ser grande, sino la más grande, y la más bella, también. Portugal, esta noche, a lo suyo, espera para calibrar potenciales y definir posturas. Para ejercer de juez en un juicio sin recursos.
Busquets y Xabi Alonso
Sergio Busquets arrancó el torneo desde el peor de los escenarios. Ausente Senna, campeón en Viena, todo lo que no fuera éxito sería una flecha en su costado. Contra pronóstico, y como suele, desde la más absoluta naturalidad, Busquets ha ido imponiendo su lectura sencilla del juego. Uno o dos toques en el eje, poca conducción, mucha cobertura, y mucha sapiencia resabiada en cada uno de los choques. Indiscutible tras la primera fase, pilar entre la zaga y los creativos, ha trasladado a Xabi Alonso las dudas sobre la permanencia en el once titular. Unos interrogantes negados con persistencia por Del Bosque, que considera imprescindible el acordeón en el medio de los dos centrocampistas, que barren la zona de contención, metro a metro, robo a robo. En el verde, por momentos, ha parecido que la alternativa Alonso ha acelerado el pulso del conjunto, superada la pausa, desconectado Xavi Hernández, el cerebro identificativo. Xavi no se encuentra, y entonces no encuentra a los demás. Mal asunto. En el camino, ha caído Silva, el brillo ha tornado en mate, y la lírica ha enmudecido, cediendo ante la prosa práctica de la contundencia. Mientras dura, se tolera.
Torres y Villa
En ataque, la selección se enfrenta a una paradoja peliaguda. David Villa, la premisa, es el mejor delantero de España, y rinde mejor con Torres de punta de lanza, percutiendo defensas rivales, trabajando espacios, compartiendo esfuerzos. Sin embargo, el equipo alcanza el extásis con un quinto centrocampista, que pinta el juego de colores, e impone de manera definitiva el estilo autoritario, desde el gobierno absoluto de la pelota. Con cinco en el medio, luce más el poderío de Torres que la cerbatana de Villa, cerrándose el bucle de la cuestión. Del manejo y el rendimiento consiguiente de las distintas combinaciones dependerá en buena medida el futuro del colectivo.
La cuestión Cesc
Sólo España, y nadie más que España, puede permitirse un lujo semejante. Cesc Fàbregas, el chico maravilla de los 23 años, 23 goles y 19 asistencias en un curso memorable, no es ni de casualidad aspirante a titular. Se ha normalizado la orilla como el lugar natural de uno de los mejores centrocampistas del mundo que, paciente, sabe que no tiene quien lo proteja. A saber, dijo que no al Madrid, se marchó del Barcelona, y no logró ser internacional hasta que pisó el país, y se exhibió en el Bernabéu en Champions ante los ojos de tanta gente, que ya nadie pudo mirar hacia otra parte. Cesc, que ya se las apañó para ser decisivo en 2008, sabe que los torneos raramente los corona quien los inicia, y que su talento es tan desbordante que la oportunidad caerá por inercia. Quizá sea en octavos, hoy, a partir de las 20.30 horas y con los flashes aburridos de Cristiano Ronaldo, la amenaza, el reflejo, y el primer y gran obstáculo definitivo.
La final presenta unas cuotas jugosas en Betfair. La victoria de España se cotiza a 2.1, el empate a 3.25 y el triunfo de Portugal a 4.4. Que España sea campeona se paga a 6,2.
foto: fifa.com
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