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. Afrontando ya la última decena de Noviembre, quisiera hoy echar la vista atrás un poquito y volver a recordar la fiesta que celebrábamos a principio de este mes: la fiesta de todos los santos.
Y lo quiero hacer, porque creo que no hay que perder de vista nuestro objetivo prioritario: ¡la santidad personal!, y porque también, me estimula saber que no estamos nunca solos. Porque los que ya cruzaron la meta, gracias a la Comunión de los Santos, siguen empujando con nosotros en el mismo sentido. , Claro que esa idea consuela, pero también?, hemos de tener en cuenta que, todos los que aún caminamos por esta hermosa tierra también, gracias a Dios, estamos llamados a esa Común-unión entre nosotros. Las vidas de todos los hombres están entrelazadas entre sí, a través de todo lo que hacemos. En mi vida entra continuamente la de los otros, y viceversa, mi vida entra en la de los demás, tanto para bien como para mal. Así, mi intercesión en modo alguno es algo ajeno para el otro, algo externo, ni siquiera? después de la muerte. Nadie vive solo; ninguno peca solo, y? ¡nadie se salva solo! En ese mismo sentido quiero reseñar aquí un pequeño párrafo de esa joya llamada ?Spe salvi? (*), que creo, confirma lo que estoy diciendo: . ?Nunca es demasiado tarde para tocar el corazón del otro, y nunca es inútil (...) Como cristianos, nunca deberíamos preguntarnos solamente: ¿Cómo puedo salvarme yo mismo? Deberíamos preguntarnos también: ¿Qué puedo hacer para que otros se salven y para que surja también para ellos la estrella de la esperanza? Entonces habré hecho el máximo también por mi salvación personal? . Recordar estas cosas pues, nunca viene mal, además?, teniendo esas ideas de ?caridad cooperativa? siempre presentes, prepararemos mejor el Adviento y la Navidad que se avecina, porque el Niño Jesús viene ya y nace para todos. ¡Compartamos la alegría, REPARTAMOS ESPERANZAS!
Pdta. (*) Spe salvi -en latín: Salvados en esperanza-, es el nombre de la segunda encíclica del Benedicto XVI, que podéis leer integramente en este ENLACE.