Foto 0 en ¡ESTO ES LA GUERRA!, SI AMAS, LA GANAS: pega esta imagen en tú pagina, Foro, Myspace o Ebay con este código...
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Todos estamos llamados a la santidad, es un imperativo divino, sí, pero todo el que alguna vez, se ha metido a fondo, en eso de intentar, al menos una vida recta, sabrá por experiencia que la tarea no es fácil. Es lo más parecido a una guerra, que hay en este mundo; pero de una guerra con las más encarnizadas batallas y el más duro enemigo, uno mismo. . La búsqueda de la santidad, no es otra cosa que acudir a la vocación de felicidad que tenemos cada uno; todos la tenemos y en nuestra mano está desoír o no esa llamada, desarrollarla o ahogarla con nuestros miedos y nuestros egoísmos. . Aquellos que ya son Santos reconocidos, nos enseñan que la alegría está al alcance de cualquiera, que a cada uno de nosotros nos ha sido dada una voluntad para servirnos de ella; pero también que la virtud, en la mayoría de los casos, no es revelación repentina, sino una conquista lenta, dura y difícil. En la vida todo es cuestión de fe y de tenacidad. Los Santos, lo son porque lucharon, porque se supieron dar y tuvieron las agallas de levantarse tantas veces como habían caído. Al final de sus vidas tuvieron la recompensa del cielo, pero estoy seguro que ya en esta tierra, sintieron la satisfacción, casi sobrehumana de saberse, vencedores de su cuerpo y hasta de su pensamiento. . El ejemplo de aquellos hombres y mujeres de Dios, es un modelo de lucha. Somos, hay que recordarlo, nuestros dueños. Podemos caer en el abismo o evitarlo. Todo puede hacerse, todo puede no hacerse. Todo depende de nosotros, pero de eso pende, precisamente nuestra felicidad, la de ahora, y la que es para siempre. Por eso no está de más recordar otra vez, con palabras de guerrero, que la felicidad no se mendiga, se conquista día a día. . El gran secreto está en persuadirse que amar no es otra cosa que darse en plenitud. Y que el castigo del pecado, no es otro que el dolor por haber pisoteado el amor. El patrón a seguir es Cristo sufriendo en la Cruz, Aquel que ama solo por amar, hasta que de repente, rota por su propia dicha, cae como una piedra, en el surco abierto de la muerte por Amor. Cuanto más avanzamos por la vida, mas se ahondan en nuestro corazón las huellas del dolor, por las veces, que le hemos negado, por las veces que no fuimos dignos de luchar a su lado, por los demás. . Pero todavía, aún en esta última trinchera, estamos a tiempo de reconquistar la felicidad; mientras nos quede un segundo en esta tierra, todo es posible. Recuperar la alegría es el objetivo. Alegría de creer, alegría de amar, de entregarse, de avanzar a grandes pasos por la vida, como sé avanza ingrávido por el agua. Con fé todo es posible, la fé mueve montañas. Oigamos una alentadora arenga, de nuestro general De Aquino: . Adóro te devóte, latens Déitas, quae sub his figúris vere látitas: tibi se cor meum totum súbicit, quia te contémplans totum déficit. . Te adoro con devoción, Divinidad oculta,
verdaderamente escondida bajo estas apariencias.
A ti se somete mi corazón por completo,
y se rinde totalmente al contemplarte. . Repito la última parte: ?A ti se somete mi corazón por completo, y se rinde, sin reservas al contemplarte.? A veces, el lenguaje de la guerra y el del amor se confunden, porque en todo amor que merezca ese nombre siempre hay una batalla, una victoria y una rendición. Solo que en esta guerra, hay una excepcional paradoja, todo aquel que se rinda incondicionalmente a los pies del Señor, tiene la victoria asegurada.
Así es mi Dios, en su guerra solo hay bienes colaterales. .