Por CAMINO MISIONERO el 31-Dec-1969 | 
Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Lucas 6, 6-11
Un sábado, Jesús entró en la sinagoga y comenzó a enseñar. Había allí un hombre que tenía la mano derecha paralizada. Los escribas y los fariseos observaban atentamente a Jesús para ver si sanaba en sábado, porque querían encontrar algo de qué acusarlo. Peto Jesús, conociendo sus intenciones, dijo al hombre que tenía la mano paralizada: «Levántate y quédate de pie delante de todos». Él se levantó y permaneció de pie. Luego les dijo: «Yo les pregunto: ¿Está permitido en sábado, hacer el bien o el mal, salvar una vida o perderla?» y dirigiendo una mirada a todos, dijo al hombre: «Extiende tu mano». Él la extendió y su mano quedó sana. Pero ellos se enfurecieron, y deliberaban entre sí para ver qué podían hacer contra Jesús. Compartiendo la Palabra Por Conrado Bueno, cmf
El amor y la Ley
Sábado El sábado era la expresión suprema de la religión judía. Ante todo, era día de descanso. Evocaba el descanso de Dios después de crear el mundo y el descanso del pueblo después de la liberación de la esclavitud. Se convirtió en signo de la Alianza de Dios con su pueblo. Era un día de alegría y alabanza al Señor. Hasta aquí, todo estupendo. Sin embargo, las exigencias de este descanso se fueron convirtiendo, según palabras de Jesús, en ?fardos insoportables?. Por ejemplo: estaban prohibidos los negocios, hacer fuego, recoger leña, salir, arar y cosechar, incluso la defensa en caso de guerra. Las exageraciones cerradas de los hombres dieron al traste con el proyecto bonito de Dios: también es necesario para el hombre el descanso, el ocio, lo gratuito, la alegría, el culto y la adoración de Dios. (Y, encima, nosotros ponemos la Resurrección del Señor como gracia que ilumina, entero, el domingo cristiano).
Jesús Jesús se proclama señor del sábado. Y sentencia ?no está hecho el hombre para el sábado sino el sábado para el hombre?. Jesús resucitado ha dejado caducas todas las leyes y tradiciones. Mete a sus enemigos en un brete: ¿Está permitido, en sábado, hacer el bien? ¿Se puede salvar a un hombre o dejarlo morir? Y sus enemigos son incapaces de reconocer la evidencia, lo que, seguro, les inspira su conciencia y su corazón humano. Así de terrible.
El hombre
Es trágico pensar que para algunos -¡también, hoy!- resulta pecaminoso hacer el bien, sanar a la gente, curar al enfermo, dar esperanza al que sufre. Todavía perduran posturas inflexibles, cerradas, intransigentes. Y para más ?inri?, se creen que, así, agradan a Dios, como los escribas y fariseos. Repasemos, por ejemplo, las peloteras que armamos a propósito de ciertas materias de liturgia, de moral, de formulación doctrinal. Discernamos con el Evangelio: ¿Son la voluntad de Dios sobre el hombre o, más bien, son actitudes cerradas (o interesadas) de los hombres? Como que quisieron cargarse a Jesús. También los profetas de hoy son rechazados apelando a razones que no parecen salir del corazón del Evangelio. Menos más que el Evangelio es tozudo. Y Jesús sigue siendo el que carga con los dolores del mundo, el que pasa curando, haciendo el bien. ¿Por qué enfrentar el culto a Dios con el amor al hombre? Qué tremendo.
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