Por CAMINO MISIONERO el 04-Apr-2010 | 
Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo 28, 8-15
Las mujeres, que habían ido al sepulcro, después de oír el anuncio del Ángel, se alejaron rápidamente de allí, atemorizadas pero llenas de alegría, y fueron a dar la noticia a los discípulos. De pronto, Jesús salió a su encuentro y las saludó, diciendo: «Alégrense». Ellas se acercaron y, abrazándole los pies, se postraron delante de El. Y Jesús les dijo: «No teman; avisen a mis hermanos que vayan a Galilea, y allí me verán». Mientras ellas se alejaban, algunos guardias fueron a la ciudad para contar a los sumos sacerdotes todo lo que había sucedido. Éstos se reunieron con los ancianos y, de común acuerdo, dieron a los soldados una gran cantidad de dinero, con esta consigna: «Digan así: "Sus discípulos vinieron durante la noche y robaron su cuerpo, mientras dormíamos". Si el asunto llega a oídos del gobernador, nosotros nos encargaremos de apaciguarlo y de evitarles a ustedes cualquier contratiempo». Ellos recibieron el dinero y cumplieron la consigna. Esta versión se ha difundido entre los judíos hasta el día de hoy.
Compartiendo la Palabra Por José María Vegas, cmf
Alegraos y no tengáis miedo
La Octava de Pascua no es la primera semana después de la Resurrección, sino que es una prolongación del mismo día pascual: veinticuatro horas no pueden contener tanta luz, y, por eso, la liturgia prolonga y dilata el día durante siete más, para poder recorrer con detenimiento las experiencias intensas de los discípulos en sus primeros encuentros con el Resucitado. Son experiencias inclusivas, que nos invitan a entrar en ellas y hacerlas nuestras. Esto es posible por la fe. Y es que, embargados en la luz pascual, asistimos al paso del acceso puramente histórico a Jesús, abierto a todos, creyentes y no creyentes, discípulos y enemigos del maestro galileo, al que sólo es posible por la fe. Jesús de Nazaret, profeta galileo que vivió en determinado tiempo y lugar, era accesible a todos los hombres de su tiempo, independientemente de cuál fuera su actitud hacia él, positiva o negativa, de aceptación o de rechazo. Lo mismo sigue sucediendo hoy: son muy distintas las actitudes (admiración, simpatía, rechazo, indiferencia?) que se pueden adoptar ante ese maestro de Nazaret que nos habló del amor y que acabó sus días ejecutado en la cruz. Pero que Jesús de Nazaret es el Mesías, el Ungido de Dios, ?el que tenía que venir al mundo?, y que, tras su muere ignominiosa en la cruz, resucitó de entre los muertos y vive para siempre, esto es sólo accesible para quien tiene fe. Sólo estos pueden encontrarse con él y verlo, alegrarse de su presencia, superar el miedo (?no temáis?) y recibir de él una misión. Este envío tiene como primeros destinatarios a los propios discípulos. En esta Octava de Pascua se insiste continuamente en el testimonio interno que los creyentes deben darse unos a otros, compartiendo sus propias experiencias del Resucitado, para fortalecer así la fe de cada uno y de la comunidad. Así, hoy, las mujeres son enviadas a ?mis hermanos? (los apóstoles), a los que se invita a volver a Galilea, el lugar del amor primero, para allí verle de nuevo.
El testimonio interno de la fe compartida en la presencia del Resucitado se proyecta también fuera de la comunidad. La muerte y resurrección de Jesús, fuente de alegría y superación del temor, es una buena noticia para todos, pues todo ser humano está llamado a la fe. Y es en este testimonio ?ad extra?, en este ?quinto evangelio? que es el libro de los Hechos de los Apóstoles, donde comprendemos la conexión viva entre la fe y la historia. La experiencia del Resucitado es accesible sólo a la fe. Pero esta no es una alucinación colectiva. El Cristo vivo, proclamado por Pedro el día de Pentecostés, es el mismo ?Jesús Nazareno, el hombre que Dios acreditó ante vosotros? y que vosotros matásteis en una cruz?. La fe no falsea ideológicamente la historia, sino que la reinterpreta a la luz del Espíritu de Dios. Lo que, desde una lectura puramente histórica, sería una acusación inculpatoria (lo matásteis), desde la fe se convierte en un testimonio y en anuncio de salvación para todos.
Saludos pascuales
José M. Vegas cmf http://josemvegas.wordpress.com/
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