Por Pol Gustems el 15-Mar-2011 |
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-¿En qué minuto marcarás?
-¿En qué minuto prefiere?
- Ah, si fuera tan fácil…
Conversación entre Louis Van Gaal y Mario Gómez, ayer en El País
El armario germano marcó en el minuto 21, aprovechando un despiste horrendo de Julio César. De hecho ya había anotado en la ida, se sentiría con fuerzas para repetir. A la pregunta de su técnico, Gómez se limitó a contestar con la sonrisita de quién está en racha, esa etapa donde lo tosco tiene armonía, se mueve con ligereza y en definitiva parece más bonito de lo que realmente es. Algo parecido a lo que había logrado el Bayern en Milan, quince días antes. Un paraíso en medio del desierto. Contar por primera vez en Europa con tus grandes jugadores -Robben y Ribéry- y recuperar la electricidad de Müller. En definitiva, sacar ventaja en el terreno del rival, a priori más poderoso, en medio de una temporada gris, eliminados de la Copa y a dieciséis puntos del líder en la Bundesliga. Con el técnico, además, sentenciado.
Casi un milagro. El Bayern de Múnich ha rendido por encima de lo esperado. Jugó muy bien anoche, trianguló en tres cuartos de campo, fue vertical cuando convenía y acribilló al Inter durante gran parte del partido. Les mareó. Y aún así, perdieron (2-3). Imagino a Mario Gómez, que cumplió su parte del trato, preguntándose el porqué. En parte tiene explicación. Primero por la falta de acierto en la multitud de ocasiones bávaras para finiquitar el partido. Unas veces por lentitud, otras por mérito interista (Julio César y Ranocchia) y unas pocas por exceso de individualismo. También explica el declive que la pareja Robben y Ribéry desapareció. El holandés fue sustituido, y el francés, del que no se esperaba que aguantara los noventa minutos, sí lo hizo, pero cada vez tuvo menos trascendencia en el juego. La presión a la salida del Inter se esfumó en los últimos minutos.
La última idea, y quizá la que tuvo más importancia, tiene poca explicación. El Inter tiene a dos jugadores que primero compiten y luego juegan. Uno es Wesley Sneijder, autor material del segundo tanto; el otro, Samuel Eto’o, que metió el primero, pero estuvo en todos. El Inter hizo un partido horroroso. Más allá de los errores Julio César y Motta, que concedieron los goles, defensivamente el equipo italiano fue un auténtico caos. De ahí emergió Eto’o, que siempre ha sido un jugador de sensaciones. Hay muchos delanteros que hacen goles. Dentro de este grupo, hay unos cuantos que los hacen bonitos y otros que no tanto. Pero hay un espécimen al margen, qué no importa cómo los haga, porque sus goles siempre parecerán bellos. En este cuadro entran nombres de la talla de Christian Vieri o Philippo Inzaghi. También el de Samuel Eto’o.
Es el futbolista en quién cree el graderío el día que el equipo no juega bien o se enfrenta a un gran duelo. Tiene ese don, especial, sobre el terreno y fuera de él, que la mayoría de veces le ha favorecido (en otras no). Siempre le ha acompañado en las grandes ocasiones: Finales, clásicos y Europa. Probablemente esté en su mejor momento desde que fichó por el Inter de Milán. Ayer, cuando peor pintaban para los suyos, demostró su adaptación al clima, al tópico italiano que predecía una remontada imprevisible. Cuando Eto’o controló ese balón,dentro del área, superando a Breno, recordé aquéllo de ¿en qué minuto prefiere? La respuesta fue rápida, y exacta.
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