Por pocote el 06-Apr-2009 |
Por fin terminó la pesadilla: miles de salvadoreños a pesar de la difícil situación económica podrán tener unas vacaciones de Semana Santa con un mínimo de felicidad, de alegría en su corazón, al saber que restan unos cincuenta días para que asuma el nuevo gobierno y se finalice la dictadura arenera que por 20 años causó la peor desgracia a este pueblo, a pesar de las repetidas defensas de funcionarios y militantes de este partido, tratando de engañar sobre supuestas obras que habrìan realizado.
Los empleados honestos, capaces y dedicados a su trabajo tienen garantizada su estabilidad laboral y por lo tanto pueden disfrutar sus cortas vacaciones, las primeras que registra el mapa anua en este año de 2009l. La preocupación y el insomnio lo tendrán aquellos siniestros personajes que lejos de desempeñar sus funciones como ordena la ley, ocuparon ese precioso tiempo pagado por nuestros impuestos, para dedicarlo al activismo político a favor del partido Arena.
Los salvadoreños de buen corazón, los honestos, los forjadores del cambio y la esperanza, tienen, pues, sobradas razones para irse a la montaña, al mar o los lagos y ríos de aguas tranquilas a disfrutar de un merecido descanso. Ya ustedes conocen nuestro país y las enormes posibilidades que ofrece. Quienes habitan en ciudades pequeñas no necesitan tener automóvil, pues todo queda, el supermercado, el mercado, el centro de artesanías, el cine, los restaurantes de comida rápida, las pupuserías, a menos de quinientos metros; casi ni teléfono necesitan, pues todo el mundo ve a todo el mundo a ciertas horas, en la calle, en el cine o en el café; no hay polución del aire, no hay ruido excesivo, no hay desperdicio del tiempo; parece que el tiempo sobra, que para todo alcanza; hasta para leer un poco, no nada más el periódico (no recordamos el diario de hoy, pues les producirá dolores de cabeza y malos recuerdos), a la sombra de los árboles de una calzada, o de los de una diminuta plaza. Por cierto, están los parques de la Familia de Los Planes de Renderos, Santa Tecla y Cuscatlán.
Se dirá que en ciudades de ese tamaño (les recomendamos Santa María Ostuma, Santiago y San Pedro Nonualco; Suchitoto; Jocoaitique, Perquín y Sabanetas en el norte de Morazán; San Ignacio, La Palma, Miramundo y Arcatao en Chalatenango; Nahuizalco, Juayua y Sonsonante, en este mismo Departamento; Santa Ana, por supuesto) sólo pueden vivir los dueños de esas pequeñas tiendas, los sacristanes y los párrocos de esas iglesias, los profesores, los guías turísticos, y algunas viudas que hacen encajes; no hay obreros de fábricas, no hay burócratas, salvo el empleado de correos y los trabajadores de las Unidades de Salud. Pero podría pensarse en poblaciones ni tan pequeñas como éstas que señalamos, ni tan gigantescas como han llegado a ser Buenos Aires, Tokio, Los Ángeles o México.
En todos estos pueblecitos y ahora no tanto, ustedes pueden disfrutar de bellos sitios turísticos, bañarse en ríos de aguas tranquilas, disfrutar de las procesiones y demás actos litúrgicos de Semana Santa; admirar la arquitectura de iglesias coloniales, saborear un buen chilate con nuégados, ricas pupusas, pescado frito y toda clase de mariscos; no recomendamos huevos de tortuga, por aquello de la veda y el respeto que debemos guardar a especies a punto de la extinción.
No deben olvidar llevar su camarita, sus hamacas y agua para consumir. De ser posible echen en su maletín un par de buenos libros, juegos de mesa y otros pasatiempos para disfrutar con la familia y los amigos. No se sobrepasen con las bebidas alcohólicas, estas nunca son buenas consejeras. A lo sumo un par de cervezas con la comida y sobre todo bien disfrutas con la sana y amena conversación, por cierto con el triunfo del partido de izquierda y un nuevo gobierno hay mucho por platicar, comentar y analizar. Deben de hacerse de renovadas energías para acometer con mejores bríos su trabajo en la administración pública o en el privado.
Las vacaciones de Semana Santa, como hemos dicho, ahora tienen un nuevo significado no en el sentido bíblico, pues es el mismo, sino en la felicidad y la alegría de más de un millón de salvadoreños e incluso de los familiares que viven y trabajan en los Estados Unidos y otros países del mundo: todos coinciden en que ha comenzado una nueva era para El Salvador, se han dejado en el pasado años de oscurantismo, de marginación y exclusión social. Desde luego, vienen tiempos difíciles, una severa crisis económica nos golpea y el desempleo es el signo de esta era; pero con solidaridad, unidad y decisión saldremos adelante. Por el momento, disfruten sus vacaciones, al regreso a sus labores, deberemos hacer frente a los nuevos retos, para eso somos salvadoreños, orgullosos de nuestra nacionalidad y de nuestras nuevas autoridades.
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