Por Enrique Laméyer el 03-Jul-2007 | Por fin se ha hecho oficial. Tras varias semanas de rumores, desmentidos, noticias, acercamientos y negociaciones, esta es la definitiva. Fernando Torres cambiará la próxima temporada la elástica rojiblanca de toda su vida por la indumentaria red que lucieron en su día delanteros como Ian Rush, Kevin Keegan o Kenny Dalglish, y más recientemente Michael Owen o Robbie Fowler.
El Niño (apodo que ya se le va quedando pequeño) abandona el Atlético de Madrid para poner rumbo a Liverpool (club al que le unirá un contrato por seis temporadas) por unos 36 millones de euros. Y en principio no lo va a tener nada fácil. El precio pagado por su fichaje va a significar un nivel de exigencia que nunca hasta este momento ha tenido. Porque hasta hoy, Torres nunca ha tenido que justificar nada más allá de su condición de estrella del Atlético, un equipo históricamente grande pero venido a menos en la última década. Ahora, bajo la sabia batuta de Benítez, va a tener la responsabilidad de ser la referencia ofensiva del equipo más laureado de Inglaterra (18 ligas, 7 FA Cup, 5 Copas de Europa, 3 Copas de la UEFA), puesto en el que jugadores tan dispares como Djibril Cissè, Fernando Morientes o Milan Baros no consiguieron afianzarse.
Torres, a diferencia de estos jugadores, puede triunfar en la Premier. El fútbol que se practica en las islas se adapta a la perfección a su juego, basado en la velocidad, el aprovechamiento de los espacios, el contragolpe, la fuerza y la potencia. Todas esas son facetas que el madrileño domina a la perfección. En otras, como en la capacidad goleadora, necesita de un socio que le haga el ?trabajo sucio? pero que a la vez se beneficie de sus características y le exima de la responsabilidad anotadora. Necesita de un ariete que fije a los defensas rivales para aprovecharse de los espacios. Pero también necesita a ese ?poste alto? para aprovecharse de las asistencias que Torres puede dar, de las jugadas de gol que puede generar, que como se ha visto en el Calderón, son muchas. Será muy interesante verle en acción junto a Dirk Kyut o Peter Crouch. Como dijo Martí Perarnau a principio de temporada, no podemos fingir que estamos ante un nuevo Van Basten u otro Romario. A nadie le ha perjudicado más esa catalogación como al propio jugador. Y aún así ha logrado 75 goles en liga en las cinco temporadas que lleva jugadas en Primera (una media de 15 goles por temporada), una cifra nada despreciable.
Del mismo modo, la salida del de Fuenlabrada del Atlético le va a liberar de ser el líder del equipo, algo que no ha hecho sino perjudicar su imagen y su fútbol. Desde que Fernando Torres asomó la cabeza en el primer equipo del conjunto colchonero, se le quiso convertir en el símbolo del equipo. Con tan solo 19 años, ya era la estrella, el capitán y la figura más representativa del club. Y toda esa responsabilidad sobre sus espaldas a tan corta edad ha frenado su evolución. Torres ha sido, y es, un futbolista con unas condiciones excepcionales, pero las urgencias históricas de su equipo le obligaron a asumir un rol para el que quizá no estuviera preparado entonces. No se puede convertir a un jugador de menos de 20 años en tu referencia, porque frenas su aprendizaje y su progresión. Además, su temprana elevación a los altares ha hecho que se convirtiera en un nuevo objeto del marketing, algo que para nada ha beneficiado a Torres. En Liverpool, en cambio, la presencia de Steven Gerrard le va a liberar de esas responsabilidades. Con parte de los objetivos de las cámaras centradas en el capitán red, el español por fín tendrá márgen para el fallo sin que por ello sea ojeto unánime de las críticas.
Si además Rafa Benítez, un entrenador que acostumbra a sacar lo mejor de cada jugador, sabe conducirle del mismo modo que han hecho Ferguson con Cristiano Ronaldo o Rooney, Wenger con Cesc o Van Persie o Mourinho con Obi Mikel, podremos ver la definitiva explosión del madrileño y al jugador que la selección española lleva tiempo esperando. Con 23 años aún es jóven, aún puede progresar más, y a buen seguro que el técnico madrileño sabrá aconsejarle.
Fernando Torres tiene que aprovechar la oportunidad que se le brinda. Puede hacerlo, pues aptitudes no le faltan. En un fútbol a su medida, en un club que va a jugar para él; rodeado de grandes futbolistas como Xabi Alonso, Gerrard, Riise o Mascherano; acompañando en la delantera a Kuyt o Crouch, dos delanteros con los que, por condiciones, puede formar una gran sociedad; y en un club ganador, campeón de la Copa de Europa hace tres años y finalista esta misma temporada, no tiene excusas. Por fin podremos ver la verdadera medida de Torres. Anfield, The Kop, la Premier League y la Champions le esperan.
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