Por Ramón Flores el 03-Jun-2008 |
Foto 0 en Francia 84: la Eurocopa de Platini: pega esta imagen en tú pagina, Foro, Myspace o Ebay con este código...
Hay dos selecciones, Holanda y Francia ?quizá alguna más- a las que une una cierta característica común, que podríamos llamar la servidumbre de la excelencia. A lo largo de la Historia, cada una ha gozado de varias generaciones de futbolistas sensacionales, y cuando así ha sido, han acumulado títulos o finales, han ganado adeptos por todo el mundo y, lo que es más importante, han dejado una profunda huella en el fútbol y en el recuerdo; la Holanda de los 70 o la Francia de 1958 son adoradas, tanto en los libros como en la memoria. Pero a la vez, en épocas de vacas flacas, cuando el nivel de sus jugadores ha descendido, no han sabido mantener ningún tipo de competitividad, y han sido ausentes habituales de los grandes torneos. Los galos, en particular, llevaban en 1984 más de quince años sin asomarse por la fase final de la Eurocopa; sin embargo, en su propio torneo, asombraron al mundo y dejaron como testimonio no sólo el título, sino cuatro nombres que para el aficionado son sinónimo del ?centro del campo perfecto?. Luis Fernández-Jean Tigana-Alain Giresse-Michel Platini.
Privilegio de anfitrión, les bleus se libraron de la fase previa en la que tanto habían padecido en los años anteriores. En la primera criba se despeñaron Inglaterra, apartada por la maravillosa cosecha danesa ?Laudrup, Lerby, Elkjaer-Larsen-; Checoslovaquia, definitivamente hundida tras sus años de gloria; Italia, arrastrándose en el mismo grupo que los checoslovacos, en el que sólo logró cinco puntos y sufrió entre otros desastres, una humillación 0-3 en casa ante Suecia; u Holanda, a quien apeó España gracias al famoso 12-1 a Malta en Sevilla. Un milagro, quizá, y hasta hoy la mayor goleada de la historia del torneo.
Seguía el sistema del torneo anterior, de modo que los ocho participantes en la fase final quedaron encuadados en dos grupos. España, que tenía un fenomenal equipo más basado en la casta que en la técnica, entrenado por el gran Miguel Muñoz y con gente como Camacho, Víctor, Maceda, Gordillo o Santillana, se enfrentaba a Rumanía para comenzar. No era casualidad que los latinos del Este estuvieran en la fase final, ya que contaban en sus filas con Ungureanu, Lung o un joven Gica Hagi, y constituían el embrión del Steaua que sería campeón de Europa un dos años después. Jugó mejor Rumanía, que igualó pronto el tanto de Lobo Carrasco de penalty, y puso a prueba con frecuencia a Arconada. Empate a uno. En el otro encuentro, la sorprendente Portugal de Carlos Manuel y Jordao dominó a una versión muy defensiva de Alemania Federal ?que notó la ausencia de Schuster-, pero el marcador no se movió. Portugal también creó graves problemas a España en la segunda jornada e incluso se adelantó en el marcador por medio de Jordao, pero Santillana igualó con un testarazo marca de la casa. Alemania, por su parte, mejoraba sensiblemente su prestación de la jornada inaugural y tumbaba 2-1 a Rumanía, con doblete de Rudi Völler y algunas intervenciones de mérito de Schumacher. A los teutones les bastaba un punto ante España y estuvieron muy cerca del gol en la primera parte, pero no lo consiguieron, y el remate de Maceda en el último minuto ?pura historia del fútbol español- metía a la Roja en semifinales. Les acompañó Portugal, que venció a los rumanos con gol postrero de Nené.
En el otro grupo, los franceses se mostraron intratables, dejando bien claro qué equipazo tenían y su manifiesta superioridad. Comenzaron dubitativos, sin embargo, venciendo a la siempre correosa y difícil Dinamarca con el primer gol de Platini en la competición, pero en el segundo partido barrieron a Bélgica ?subcampeona de Europa- por 5-0, con un hat-trick incluido del crack, y aún les quedaron ganas para remontar a Yugoslavia (3-2) en un partido en el que no se jugaban nada; Platini había completado una impresionante marca de siete goles en tres partidos. A la segunda fase les acompañaría Dinamarca, que se sobrepuso a la derrota inicial también con un escandaloso 5-0 a Yugoslavia. El encuentro fue mucho más igualado de lo que señaló el marcador, y muy abierto; la diferencia es que los daneses lo embocaron todo, mientras que los Susic, Stojkovic y compañía no tuvieron su noche. El último partido, vital porque los belgas también habían ganado a los eslavos (2-0), fue una maravilla. Al descanso llegaron los belgas ganando 2-1, recién empezada la segunda parte el guardameta Qvist le sacó el tercero a Vandenbergh, y a partir de ese momento el fenomenal ataque danés se desmelenó y acabó poniendo Estrasburgo patas arriba: 3-2 al final, pura dinamita roja, y la sensación de que lo mejor estaba por llegar.
Sin embargo, las ilusiones danesas serían segadas en semifinales por la némesis particular de esta selección: España. Y eso que los nórdicos fueron una hora por delante, merced a un gol de Sören Lerby que remachó un despeje desesperado de Arconada. Al igual que en el partido contra Alemania, sin mucho juego pero con corazón, el equipo español se fue arriba, logró empatar ?de nuevo por medio de Maceda- y hubiera podido resolver si Carrasco hubiera estado más acertado delante de Qvist. Los daneses habían perdido al duro marcador Berggreen por expulsión y dieron por bueno el empate tanto al final del tiempo reglamentario como de la prórroga. Y esta vez la cara le salió a España.
La otra semifinal, Portugal-Francia, fue lo más parecido a una montaña rusa, un acelerador de emociones que seguramente provocó infartos en las gradas del Velodrome. Los veinte minutos iniciales de tanteo fueron cerrados por un gran remate del lateral Domergue que no pudo detener Bento y significaba el 1-0. El gol estimuló la maquinaria francesa, que puso cerco a la portería lusa, aunque no consiguió anotar un nuevo tanto, a pesar de las claras oportunidades de Luis Fernández y el pequeño Giresse. La segunda mitad resultó mucho más igualada, y los portugueses confirmaron su mejoría empatando a falta de un cuarto de hora: jugadón de Chalana, remate de Jordao. La combinación se repitió en la prórroga, y el 2-1 parecía dejar a los galos contra las cuerdas. Sin embargo, el once del gallo se fue arriba con todo, y en el tramo final de la prórroga encontró una recompensa tan deslumbrante como inesperada: primero el gol de Domergue, que ponía las tablas en el marcador, y al borde de los penaltis, el gran Platini controló, respiró, esperó todo el tiempo del mundo, y con un disparo seco llevó a Francia a la final. Sólo podía ser él.
Jugada cuatro días después de tan extraordinaria batalla, la final supo a poco. España se hallaba también ante una gran oportunidad, y lo demostró en el primer tiempo. Más allá de alguna oportunidad aislada de Carrasco y Santillana, no creó gran peligro; pero los jugadores de Muñoz consiguieron lo más difícil, anular el centro del campo francés, con gran marcaje de Víctor sobre Tigana, Julio Alberto imponiéndose a Fernández, y Gallego y Señor muy por encima de Platini y Giresse. Así llegó el partido al descanso, y la tónica no había cambiado cuando, a la hora de partido, un tiro libre aparentemente inofensivo de Platini se coló por debajo de las piernas de Arconada, en el error más grave de su vida. Al contrario que en anteriores encuentros, donde la mentalidad de la selección había sido su mejor arma, el equipo se hundió moralmente tras el fallo, y la última media hora fue cómoda y triunfal para los galos, que disfrutaban por anticipado de la victoria, y además anotaron varias oportunidades. Cuando el partido ya moría, la enésima asistencia de Tigana ?qué torneo hizo el de Bamako- fue rematada por Bruno Bellone, cerrando de forma brillante la Eurocopa. Un trofeo más que merecido para Francia, un final demasiado duro para los irreductibles hispanos.
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