Por Ramón Flores el 03-Nov-2011 |
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Estarán ustedes de acuerdo en que ?tocar un instrumento? constituye una actividad muy diferente de ?tocar?, a secas. Mientras que lo segundo responde a una cuestión meramente sensitiva, cuando uno se enfrenta al piano, la guitarra o el arpa con la preparación adecuada, la sensibilidad golpeando y la ansiedad en las yemas, se produce algo que trasciende más allá del mero contacto entre el instrumentista y el artefacto, o entre la piel y la madera: los sonidos que rasgan corazones, una íntima comunión entre músico y oyente, y los recuerdos, reales o inventados, que evoca el mero tránsito de notas y que siempre, sin excepción, nos hacen más humanos y dotan a nuestra vida de un poco más de color. Tan diferentes son las dos acciones, que para lo primero existe un verbo aparte, quizá más preciso, sin duda más rotundo: ?interpretar?.
No tenemos en castellano una palabra que codifique la idea ?leer sobre fútbol?, pero cuando nos enfrentamos a un texto sobre nuestro deporte favorito, y la cosa marcha, lo que percibimos ?y sentimos- en medio de la vorágine lectora dista mucho de lo que puede ofrecernos cualquier novela común. Basta con que se nombre un partido que hemos visto para que la imaginación viaje no sólo al partido, sino a los amigos con quienes lo compartimos, las lágrimas o risas que surgieron tras el lance definitivo, o incluso la rubia, allí al fondo del bar, a la que guiñábamos el ojo entre saque y saque de puerta. El cóctel de memoria compartida, ilusiones de grandeza y momentos irrepetibles que evocan estos tipos vestidos de corto es dinamita emocional, y cuando abrimos el libro con el balón en la portada ?siempre hay alguno, compruébenlo- sabemos que de él pueden salir dardos que incendien dentro de nosotros regiones que ni conocíamos. Abismos de la memoria y el sentimiento que la mayor parte de las novelas convencionales ni siquiera sueñan con rozar.
Sin embargo, como siempre que se manipula material sensible, el autor del libro de fútbol debe ser muy cuidadoso. Basta un poco de sesgo medio malintencionado ?o ni siquiera eso- en un sentido o en otro para que un mundo de lectores se sienta dolido, ofendido y, a menudo, incluso ultrajado; este tipo de persona no sólo declarará que el libro es una bazofia, sino que hará campaña activa contra él y, si se lo permites, te lo arrancará de las manos y lo lanzará a la hoguera cual Savonarola hooligan. Sin llegar a esos extremos, si el manuscrito anda lleno de obviedades y tópicos, se descartará sin piedad por vulgar e inane; y si en lo que consiste es un listado o aglomeración sucinta de situaciones, anécdotas o historias más o menos conocidas, los recuerdos que evoque en el lector andarán ya manidos, desprovistos de encanto por la repetición, y el libro, si es que se termina alguna vez, caerá rápido en el olvido.
Quizá no de modo tan explícito, pero todas las ideas anteriores anidaron en la cabeza el arriba firmante cuando tuvo noticia de que el compañero Miguel Gutiérrez escribía un libro cuyo hilo conductor serían frases futboleras. Fundador de éste y otros blogs relacionados con el deporte y pionero en España en la dignificación consciente de la relación entre literatura y fútbol ?especialmente a través de Internet- era cuestión de tiempo que alguien confiara en él y le abriera la puerta de toriles que conduce al ruedo de la letra impresa. El desafío era notable, y si bien el conocimiento del sujeto descartaba que el asunto fuera tratado con forofismo, y a la vez garantizaba la saludable distancia que suele ser su marca de fábrica, no excluía la aridez que suele acompañar a los libros cuyo subsuelo es un listado, y que exigen, por tanto, un tratamiento especialmente delicado del contexto. Asimismo, se corría el riesgo ya explicado de que el afán de totalidad obligase a incluir demasiado material excesivamente conocido, y que el folklore acabase llevando el libro al terreno de lo prescindible.
Devorado el libro en las pocas horas que una primera lectura exige ?vendrán más- podemos afirmar que el autor ha logrado sortear las dificultades mencionadas trascendiendo el clásico concepto de envoltorio de frases de dos maneras diferentes. En primer lugar, las frases constituyen el armazón sobre el que se sustenta el libro, pero el fin último de éste pasa a ser la descripción de personajes y situaciones que las han generado a puñados. Así, el libro se convierte en una sucesión de semblanzas, tan vivas como documentadas, de algunos de los tipos alrededor de los cuales se han vertebrado más de cien años de fútbol. Nombres inevitables como Maradona o Cruyff conviven junto a otros menos evidentes como Vinnie Jones, Shankly o Toshack, y en todos ellos se busca, siempre a través de sus frases o las de sus coetáneos, a la persona que habita detrás del tópico que todos repetimos, y la historieta reveladora y oculta más que la ampliamente conocida. La técnica alcanza su cenit en la descripción de la pugna Menotti-Bilardo, quince páginas de duelo a fuego lento que podría haber firmado Sergio Leone.
En cuanto a la segunda dificultad, el demencial fondo de armario de frases de fútbol con el que uno puede encontrarse en cuanto investiga un poco, el principio es tajante: un libro se hace tanto con lo que se deja como con lo que se mete, y muchas frases quedan fuera por imposibles de encajar en la estructura general. Una filosofía que desagradará a los amantes de lo exhaustivo, que los hay, pero que agradece la obra, aligerada de un lastre que no le corresponde. Unas pocas páginas de miscelánea al final nos señalan lo que podría ser todo el libro si se hubiera estructurado de ese modo; está bien cerrar un gran banquete con un pastel de tiramisú, pero si la comida hubiese consistido en cinco kilos de dulzaina, poca gente se lo hubiera acabado. Y estarían en el servicio.
No es el caso. Miguel Gutiérrez ha logrado ese milagro de tan rara consecución, que la digestión sea tan sencilla como enriquecedor el contenido. El profano encontrará en su libro una deliciosa historia del fútbol de bolsillo a través de los bocazas que lo han ido llenando de picante, mientras que los que nos consideramos futboleros sacaremos de ellas un puñado de historias que seguramente no conocíamos, y unos perfiles que dibuja mejor que nunca una de las plumas más afiladas que diariamente escriben sobre fútbol en España. Una novedad refrescante hoy, pues, y una referencia estándar mañana. Imprescindible.
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