
Nuestro Mario Grillo Noel, como debiera llamarse, ganó un premio por su poesía, recientemente. Marito el incansable poeta, el dedicado progenitor y un iconoclasta irredento de las formas, los conceptos. El loco Sabina, Fito Paez, el poeta que arma su Lego, el Mario manos de paleta. Da gusto verte ganar, hermano. Ah, y casi se me olvida, Marito Felipito, el felipito de Mafalda pues quienes le conocen no me dejarán mentir que sus rasgos son los de una caricatura de Quino. Che, Marito, que viva la irakundia, la cumbia y los Pistons.
Redacción ContraPunto SAN SALVADOR - Recientemente, el poeta salvadoreño Mario Noel Rodríguez, fue premiado por su poemario "Irakundia" en el marco de Los Juegos Florales Hispanoamericanos de Quetzaltenango 2008. Desde ContraPunto le extendemos nuestras mejores felicitaciones por su presea literaria. Mario Noel visto por Carlos Trujillo: "(...) Está más que complacido de ser un desgenerado en la historia literaria nacional (léase: no incluido en generación literaria alguna). Las generaciones son grupos de zutanos y menganos que al meterlos en un saco, agitarlos y luego lanzarlos al ruedo, a los que queden de pie yo les llamaría trabajo con tesón, y a los acostados trabajo de pasar el agua, dice tomando aire para que le baje la amarga palabra generación. Pide no confundir grupo literario con generación, que es otra cosa. No se considera esencialista ni realista, términos que alguien inventó durante la guerra nacional, ante su incapacidad de hacer crítica razonada, juiciosa. Los timoratos se asustan cuando este poeta comienza hablar de jazz, rock, Bach y salsa de los setentas. Sostiene que en su caso, la poesía ha tenido que echar mano a la loca estructura musical del jazz contemporáneo (léase: Chick Corea, Pat Metheny, Jean Luc Ponty, Bill Evans, Al DiMeola) que a ciertos escritores considerados serios. Para él no hay nada más placentero que fusionar a Stravinsky con Fito Páez, a Picasso con L. A. Spinetta. Su teoría sobre la contracorriente lo llevó durante la guerra por medio del grupo TAREYA a hablar incansablemente del salmonismo (no por los salmos, como se creyó en un principio sino por los irreverentes salmones). Esto fue visto por unos como una teoría ahistórica, una burguesada; él se la guardó para mejores tiempos". Poemas de Mario Noel Rodríguez (Poco de la vasta obra del poeta) CADA QUIEN SU LUNA todo comenzó con ?Dark side of the moon?, disco que nos marcó y perdimos. I Danza. Sitio escogido para la voz que resuena marítima, para el silencio de los años caminados, escalados, recibidos en herencia por los mayores que entraron de noche al mundo, que ahora van con su pálida hojarasca rumbo al final que no menciono. Testiga es la noche dando tumbos en las sienes, empolvadas por el ruido de las décadas donde nada más nos acompañan estas almas dormidas, bello linaje produciendo anhelos de vivir. ¿Es que alguna vez hemos conquistado la luz solos? Danza. Empinar la copa para tragar monedas de sol en tu espalda, espalda cercada por las tremendas manos del olvido, olvido opacado por el vientre que es abismo de rocío. Danza. Vaivén para hacerte una con las campanas. Furia de los cuerpos que preguntan por el desbordado blancor, cuerpos que en la ruta despintan a la sorprendida, fisgona luna. Danza lunar. Dulce danza de dos, ataviados como fugitivos, fugitivos de nosotros en la noche más arrebatada de los días. II Bajá luna ?pan blanco, arroz de los tiempos idos- bajá que la danza es para vos. Bajá con la carita que nadie puede ver, verdadera luz que alucina nuestra espalda. Vení blanquita. Vení a sentir con los musos desprovistos de todo este compás de cielo y pelo. Bajá a bendecir los cuerpos, alarmados por el alto costo de la felicidad. III Palpo el delicado pellejo que levanta tu edificio. Floreros de amores antiguos han derramado su agua verdosa, osamentas de besos que una vez sonrieron pasan viendo mis ojos que tiemblan en el abismo azul de tus sueños. Se pasa bien en la lenta vegetación que recojo, no hay ventanales para apagar día y noche, voy de tu gripe al crepúsculo sin levantar polvo. Un cosquilleo brutal me contramina a las vértebras que tantas veces he dibujado copulando. No existe el ¨to be or not to be¨ dulciopaco estampado con fierros viejos en el tórax de los hermanos que pasan sacando la mano para no hincharse de anónimos, no ser aburridas calaveras sin ton ni canción. Juro ?pez de esta luna, Jonás sin ataduras- que de ésto no habrá allá donde nadie será nadie. IV Te han llamado de queso, enamorada, y sólo besás las ubres amadas. Blanca, pálida alucinación, no soy el último que con su violín agoniza, el terco macho levantando la extremidad (para orinar tu sombra, el minotauro jadeando sobre su hembra. Blanca, blanquita, por la virtud de estar allí removiéndote en gemidos, restregando el aserrín de tu cara de anona, danos de mamar esa verdad que calza recio, verdad con días sin relojes, con flores. V Pasan las de nombres que creé en la penumbra. Las de húmedas timideces cuando damos el paso a las prendas. Las madrugadoras que amarran al macho del poste orinado de rocío. Las hermosas oidoras cuando la humanidad duerme. La campesina más franca con la que descubres árboles fluorescentes. Las hembras que levantan una pierna para que entremos a la luz. Las amadas que lloran dormidas por un lucero perdido. Todas en una. Mis alas saben tanto de su ancla. Su vientre es la luna que rompe las ventanas. VI Con el pelo rizado una nube entra a la alcoba. Debo confesarte esta pasión colgada de los años idos. De niño agonizaba endiablado dibujando historias en faldas de tías encendidas. La prima hundía la rodilla en mi pecho de palomo y el viento nos empujaba a la inocente humedad. Música acuática por las sábanas a la hora de rememorar. Una cíclope me enseñó a leer la voz de los muertos, de su boca probé la miel de la desilusión, juntos parimos un aluvión de dudas. Tiembla la alcoba, me hundo en tu ombligo, flor que limpia tantos pecados. VII Succionar los delicados rayos que explotan de su blusa, por ello fallezco y vivo. Lactancia de luz, para esto viviré hasta la consumación de los números. Bebetoria de fuentes que arranco a la más pura noche. La almohada no entiende al gallo y éste muchos menos los primeros rayos.
Leído 19 veces

|