Por jaad el 28-May-2008 | Gerardo Alfonso en concierto único en el Yemayá, en Madrid, el 29 de mayo, a las diez y media de la noche. Me entero por Contigo en la Distancia, el blog de (no es broma), Félix Varela.
A Gerardo Alfonso lo conocí en mi librería (la mitad de un cuartucho alquilado al borde de la acera de la calle Obispo, en nuestra calienta Habana Vieja). No somos amigos pero quedó una fluida simpatía entre el cantante que pasaba a comprar libros de poesía y el destentado librero con cara de bibliotecario del tipo Humbert Humbert.
Gerardo nunca supo que yo escribí lo que hoy reproduzco en Cuarto de Máquinas, y que fuese publicado originalmente en CubaNet (me prometí, el mes pasado, cuando reproduje la primera crónica, y también la última, escribir algunos flujitos sobre la época en que me convertí casi por accidente en periodista independiente).
¿Qué pasó con el proyecto Cinema Sincopado? Dejo lo publicado el 29 de noviembre de 2002
PD: (comentario al comentario que bustrófedon dejó en este post)
Si estuviera en Madrid, pasaría a saludarle, y de paso le preguntaría por ese proyecto de Cinema Sincopado. A la verdad, nunca supe nada más, ni siquiera pregunté por curiosidad a otros jóvenes. Tampoco he escuchado que lo mencionaran. Tal vez, lo que surgió por aquella misma época, o un poco después, me refiero al proyecto del Parque Almendares, haya sido un derivado, o esté relacionado, con Cinema Sincopado. No lo sé.
Nunca he ido a un concierto de Gerardo Alfonso. Muchos jóvenes, cuando él se cortó los drelos (que llegó a ser uno de los que en Cuba los tuvo más largo), y después de componer aquella canción dedicada al Ché (y que se convirtiera en un hit a fuerza de repetirla como un himno por todos los canales de la radio y la televisión; bueno, fue el himno del Festival de La Juventud y los Estudiantes), después de todo esto, muchos jóvenes, dejaron de seguirle.
Durante mi última estancia en la Habana, el año pasado, salía del cine Chaplín, cuando esuché la voz de Gerardo que estaba cantando en el Fresa y Chocolate. No había mucha gente. Tampoco entré. Desde la acera de enfrente estiré el pescuezo, y seguí mi camino.
A él me une esa simpatía que se creó entre un tipo-que-vende-libros (nunca ha sabido ni mi nombre), y el trovador famoso que pasaba por allí, y elogiaba los buenos libros de poesía que encontraba en el diminuto cuchitrill de la calle Obispo. Luego, en algún que otro lugar, un rápido pero afectuoso saludo cada vez que nos veíamos.
Me alegro que esté por los madriles. Y que comparta en el Yemayá.
Cinema sincopado: ¿espacio de libertad?
Desde hace tres meses un nuevo proyecto recorre La Habana. Su creador, el músico Gerardo Alfonso, comenta: "Se trata de unir, en una misma noche, a un grupo de Rock, otro de Pop y otro de Hip Hop, el tercer sábado de cada mes. En esta ocasión el concierto estuvo dedicado al día de la cultura nacional, 20 de octubre. Por esa razón comenzamos con un documental sobre Ignacio Piñeiro". El concierto en el cine Riviera, sede del proyecto, en el mismo corazón del Vedado, reunió al grupo de Rock "Porno para Ricardo", a Misael Caballero y su grupo, en el género Pop, y al excelente Free Hole Negro, en la manifestación musical de Hip Hop. "Cinema sincopado -explicó Alfonso en el teatro, a los que asistían por primera vez- es una combinación de cine y música; espectáculo en directo y proyecciones cinematográficas. A veces son documentales y cada vez se toca una temática determinada". Acto seguido, el músico legitimó con su criterio al transgresor y provocador grupo de Rock "Porno para Ricardo": "Evidentemente, son un renglón de la cultura nacional, y merecen un aplauso". Los fanáticos respondieron con una cerrada ovación. Momentos antes dicho grupo había deleitado a los presentes con sus letras obscenas y sus chistes, en ocasiones procaces, y la alusión a las drogas con una fuerte canción que después de interpretada, los músicos explicaron, sarcásticamente, que se trataba de pura imaginación porque: "En Cuba, como todos sabemos, no existe el consumo de drogas", dijo riéndose el director de la agrupación. En el lobby del cine se inauguró de modo informal una exposición de pintura de los artistas Marilú Martínez Ruiz y Luis Enrique Camejo, para cumplir con el propósito del proyecto, que es poner en juego al mismo tiempo diversas manifestaciones artísticas. Para asombro de los jóvenes que asistieron al cine-teatro, la función comenzó en presencia de sólo tres policías, los que en ningún momento asumieron poses autoritarias ni represivas. Todo lo contrario. Los policías permanecieron como seres invisibles, e incluso uno de ellos recibió orientación de un funcionario del cine de que expulsara del concierto a quienes estuvieran fumando o bebiendo dentro de la sala. El policía, con astucia profesional, dio la vuelta y no sacó a nadie de la sala. Pero quienes sí mantuvieron una indefinible y exagerada actitud de autoritarismo fueron los empleados del cine y los funcionarios de la administración. No permitieron la entrada de personas con botellas de ron ni latas de cerveza ni refresco. Y prohibieron fumar durante el concierto. "¿Cómo es posible ver y escuchar un concierto de Rock y Hip Hop sin fumar o tomarse un trago?" -se preguntó uno de los jóvenes presentes en el concierto. Otro joven expresó: "¿Usted está viendo la cara de perro bulldog de ese tipo? ¿La manera que en que se dirige a uno? Después dicen que los "rastafaris" somos violentos y provocadores. Pero aquí nadie se ha metido con nadie, todo está tranquilo". "Lo que queremos es divertirnos, pasarla bien, no buscar problemas con nadie", dijo un roquero. Rastafaris, roqueros, estudiantes de música, extranjeros, blancos y negros, compartieron cada quien en su grupo y a veces entremezclándose, durante dos horas, en total orden y sin la "siempre molesta presencia de la 'fiana'" (policía) como expresó otra joven. "Todo en orden sin los agentes del orden", expresó un joven de 16 años. Si el loable empeño de Gerardo Alfonso quiere sobrevivir sin terminar en una caricatura o en un espacio fosilizado, deben él y los organizadores, reflexionar al respecto: los jóvenes a quienes está dirigido "Cinema sincopado" no son los jóvenes para quienes están diseñados los reglamentos y las instituciones. En los sistemas totalitarios, por muy permisivas que puedan parecer en ocasiones las autoridades, hay algo que está muy claro: las personas deben reconocer a cada instante, directa o indirectamente, que existe un orden establecido, que cualquier flujo o intercambio debe ser supervisado por quien detenta el poder. Parece una exageración, pero no lo es. Las instituciones son espacios físicamente cerrados donde el ser humano depende de puertas, paredes, ventanas, luces artificiales, inodoros. Una topografía que lo empequeñece y lo sujeta a un orden. Este espacio físico es simbólicamente rentable para la autoridad. Sin embargo, un concierto a cielo abierto -o como se dice comúnmente, al aire libre, y no por gusto aparece ese adjetivo- es siempre un problema para las autoridades. La gente escapa al control directo. El espacio físico ha borrado sus fronteras: simbólicamente puede ser un viaje al infinito. Esto último puede ser interpretado como libertad o libre expresión; y ya sabemos que esto es peligroso, porque es el comienzo del fin de la ideología totalitaria.
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