Por Antonio Agredano el 09-Jun-2010 |
Messi y Maradona: pega esta imagen en tú pagina, Foro, Myspace o Ebay con este código...
El celeste y el blanco. La mano de dios. Los penaltis que paró Goycoechea. Matador Kempes. La final del confeti. Un slalom de sesenta metros. Los tres errores de Palermo. Argentina es un país que tiene el fútbol inyectado en las venas. Sienten como nadie, lloran como nadie, celebran como nadie, sufren como nadie. O eso dicen ellos, y lo dicen de tal manera que uno no tiene más remedio que creerlo. Hasta han sacado a Dios del retablo y lo han puesto a servir, lo han puesto a trabajar para el hincha argentino. Maradona es la imagen de un colectivo. Ya no sólo representa la genialidad más grande que anduvo nunca por ese rectángulo de hierba, ya no es sólo el icono de una Copa levantada con pasión en el altar del Estadio Azteca. Ahora es el encargado de capitanear a un buen puñado de excelentes futbolistas, de reubicar en la galaxia a la titilante estrella albiceleste.
No ha sido un camino fácil. Dios ha dejado de ser dios durante un año bizarro. Las piezas no encajaban, la esperanza de llegar a la fase final de la Copa del Mundo se diluía partido a partido. Los hombres no eran hombres y Diego naufragaba en su carácter soberbio, retador, impredecible. Inventaba sin parar, como un niño sentado en el suelo, solo, rodeado de piezas de colores con las que formar un edificio. Ese mismo edificio que una vez vio, en el 86, que recordaba de lejos en el 78. Ese bloque armado, indestructible, que se erigía majestuoso, que se podía admirar desde cualquier rincón del planeta. El partido contra Uruguay, aquel solitario gol de Bolatti, sirvió para cimentar el gelatinoso equipo de Maradona. Con la plaza asegurada en el mayor espectáculo del mundo, ya sólo quedaba crecer pieza sobre pieza. No son los mejores, llevan años rindiendo discretamente en las grandes citas, pero cuando se habla de favoritos siempre hay un lugar para un conjunto que exhala fútbol por cada centímetro de piel.
La criba del técnico ha sido dura. Las ausencias brillaban casi tanto como las presencias cuando se hizo pública la lista definitiva: Gago, Lisandro, Riquelme, Banega, Cambiasso, Zanetti, Lavezzi? La apuesta de Diego no quería contentar a la afición sino definir lo que llevaba anunciando con su carácter meses atrás: Esta es la selección de Maradona. Haya éxito o fracaso, lleguen lejos o caigan pronto, este equipo es el equipo que el mister quiere. Es su capricho, su voluntad y su apuesta. Los ejercicios de soberbia van en esa línea, su encaramiento con los periodistas responden al mismo principio. Un ego como el suyo no se deja amilanar por las corrientes de opinión, las encuestas de la prensa o el discurso de cuatro expertos. Maradona conoce mejor el fútbol que el baño de su casa. Ha decidido hacer un bloque compacto, sin demasiadas florituras. Sabe que es tarde para hacer circular la pelota con clase. Es tarde para equipos elegantes, para el pase corto, la jugada colectiva. Su plan es naïf, pero consecuente. Se basa en dos argumentos inapelables en este deporte: mantener la portería a cero y marcar un gol. Los 23 seleccionados responden a esta idea tan primitiva como efectiva. Diego sabe que el balón no le corre a su equipo. Que sufren para mantener la posesión, que las coberturas defensivas son chapuceras, que su mediocampo se debate entre irse arriba o venir abajo y no termina realizando ninguna de las dos tareas. Tantos jugadores han pasado ya por el desfile de camisetas albicelestes, tantos sistemas se han dibujado en la pizarra del vestuario, que ya no se sabe a qué juega Argentina. El caótico comienzo de Diego al frente del combinado nacional, la clasificación traumática y postrera, no ha permitido el crecimiento técnico de una permanente selección nueva. Así que Maradona se ha atado los machos y ha plantado un equipo que mezcla la vulgaridad con la elegancia como si fuera un escaparate del Zara. Tan sencillo es el plan maestro de El Pelusa que ha sacrificado la posición de 10. Ni Aimar, ni Riquelme, ni la probatura de Messi por el centro. Una Argentina sin mediapunta es menos Argentina, pero para llegar lejos hay que hacer sacrificios, y este es uno de ellos.
Atrás cuatro señores malencarados, defensivos y estáticos. Ni carrileros, ni laterales, ni nada que tenga que ver con cruzar la línea que marca el ecuador del campo. Solo si el frente está despejado Otamendi y Heinze saldrán de su trinchera. Demichelis y Samuel se encargaran de custodiar al buen portero del AZ, Sergio Romero. Delante de todos ellos Mascherano. Un año discreto en el Liverpool no ha mermado la confianza de Maradona en él. Diego sabe que esa bisagra tendrá buena culpa de que Argentina funcione arriba. El juego empezará por él, sin la ayuda de los costados, el arranque de las ofensivas puede convertirse en un embudo insalvable. Verón estará a su lado, posiblemente Jonás Gutierrez, que se volcará al lado derecho para intentar encontrar los espacios de Higuaín o las arrancadas de la Brujita. El de Newcastle también podrá retroceder hasta el lateral en caso de que el partido se complique, y ceder la banda a algún jugador más ofensivo. En el otro costado Di María. Incisivo, creativo, con tendencia a venirse al centro, con capacidad para dominar un espacio yermo sin las dobleces de Heinze. Y luego Messi. Tras una temporada meteórica, cargándose a las espaldas al Barcelona. Goleando, asistiendo, desbordando, confirmando que es el número uno mundial. Con estos hombres también me jugaría yo el futuro con un sistema tan arcaico. Si la portería está guarecida, ya sólo quedan los goles. Y si con Messi, Higuaín, Milito, Palermo, Tévez y Agüero no los hacen, es que este deporte no merece ser jugado.
Iluminado o no, Maradona es un referente para una generación que creció con su fútbol, que sintió como propio su ocaso, y que ahora sueña con poder compartir con él su definitiva redención. Ganar una Copa del Mundo como entrenador, guiando a Argentina, es posible. El equipo sudamericano tiene el ardid, tiene jugadores para llevarla a cabo, y posee además ese intangible que hace que los futbolistas rindan por encima de sus posibilidades en situaciones como estas. Las cartas ya están sobre la mesa. Su grupo es asequible, Nigeria no está al nivel de otros años, Corea del Sur ha demostrado un pobre rendimiento en los amistos y Grecia ya demostró en la Eurocopa de hace un par de años que ni siquiera mantiene aquella solidez defensiva que le hizo tocar el cielo. Para los hinchas, y para los no hinchas, Argentina a buen nivel siempre es un aliciente futbolístico. Disfrutar de Messi, y verle conseguir con la selección las virtudes que alcanza en su club, siempre será una buena noticia para el aficionado. Esperemos que el plan de Maradona funcione, que el edificio coja altura, que se mantenga firme si soplan malos vientos. Que pueda repetir como entrenador el éxito de 1986. Que consiga regalar a los suyos un álbum de fotografías como el que él guarda en algún lugar visible de casa.
Lo mejor: Messi. El mejor jugador del mundo dispuesto a demostrar sobre el campo el amor a sus colores.
Lo peor: Una estrategia demasiado conservadora que puede funcionar bien, pero que si falla, dejará una muy mal sabor de boca a los hinchas.
Jugador a seguir: Sergio Romero. Hacía años que Argentina no sacaba un portero tan bueno. Sus temporadas en el AZ lo han hecho indiscutible. Es sobrio, ágil y tiene mucho futuro.
Pronóstico de DDF: Las semifinales son el lugar merecido para un equipo de tantísimos quilates.
Porteros:
Sergio Romero (AZ Alkmaar)
Mariano Andújar (Catania)
Diego Pozo (Colón)
Defensas:
Nicolás Otamendi (Vélez Sarsfield)
Martín Demichelis (Bayern Munich)
Walter Samuel (Inter)
Gabriel Heinze (Olympique Marseille)
Nicolás Burdisso (AS Roma)
Clemente Rodríguez (Estudiantes)
Ariel Garcé (Colón)
Centrocampistas:
Jonás Gutiérrez (NewCasttle United)
Javier Mascherano (Liverpool)
Juan Sebastián Verón (Estudiantes)
Angel Di María (Benfica)
Maximiliano Rodríguez (Liverpool)
Javier Pastore (Palermo)
Mario Bolatti (Florentina)
Delanteros:
Lionel Messi (FC Barcelona)
Gonzalo Higuaín (Real Madrid)
Carlos Tevez (Manchester City)
Sergio Agüero (Atlético Madrid)
Diego Milito (Inter)
Martín Palermo (Boca Juniors)
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