Por Ramón Flores el 10-Jun-2010 |
alemania: pega esta imagen en tú pagina, Foro, Myspace o Ebay con este código...
Parecía paradójico que la afición de una selección con el currículo de Alemania celebrara con alegría desbordada y sincera un simple tercer puesto, sobre todo después de la ilusión depositada en la final de Berlín y el factor campo del que disfrutó en el Mundial 2006. Cayeron los de Klinsmann en aquella prórroga frente a Italia que ha quedado como gran recuerdo del campeonato, pero la imagen dada de equipo joven y en crecimiento, querencia por el balón y, por fin, un toque estético que raramente se había asociado antes con la Mannschaft, se ganaron el corazón de su gente y la esperanza en un futuro que sólo unos años antes pintaba muy oscuro.
Aquel día los jugadores prometieron que volverían cuatro años después a Berlín con el trofeo, y si bien el juego ha devenido más práctico que romántico en los últimos tiempos, no puede negarse que este periodo ha supuesto una etapa de crecimiento para los germanos. La línea de continuidad que supuso el nombramiento de Löw y su concepto rabiosamente moderno de la preparación, junto con un aprovechamiento modélico de los jóvenes que van saliendo en las selecciones inferiores y una línea de juego muy clara han engendrado un conjunto agradablemente mestizo, con inventiva y cuerpo, competitivo y alegre. Una agradable invención, quizá la única posible en la Alemania pluricultural de 2010, muy alejada del prototipo panzer que ha granjeado tantos éxitos como antipatías la fútbol teutón.
La fase de clasificación, a la que Alemania se presentaba tras el subcampeonato conseguido en la inolvidable final contra España, les enfrentaba a la temible Rusia de Hiddink y a un pelotón de cenicientas donde sólo Finlandia ofrecía ciertas garantías. Un grupo sencillo, por tanto, que resolvieron los germanos de modo administrativo, sin gran brillantez pero también sin conocer la derrota en los diez partidos. Un par de extraños empates ante Finlandia, las palizas de rigor a Liechtenstein para animar al personal y, como highlight, la doble victoria ante Rusia que aseguraba el primer puesto a la vez que llenaba a la gente de confianza; algo natural, dada la sencillez con la que la selección acabó convirtiendo la clasificación en un trámite.
Sin embargo, el optimismo general ha quedado algo rebajado por la serie de reveses que ha sufrido el equipo, especialmente en los últimos tiempos. El primer problema está en la portería: tras el triste fallecimiento de Enke en un momento en el que se estaba ganando el puesto, la lesión en las costillas de René Adler ?seguramente el mejor portero del país- deja el marco huérfano de guardametas de garantías. A nivel mediático ha llenado páginas la baja del capitán Ballack, quizá más importante por su experiencia que por su estado de forma actual, pero es posible que golpeen más al equipo las del medio Simon Rolfes, ancla en el centro, y sobre todo la del bravo lateral del Schalke Heiko Westermann, jugador infravalorado donde los haya.
En cualquier caso, Löw sigue teniendo mimbres para montar un once de garantías, y nadie duda de al menos su clasificación para octavos en un grupo bastante complicado. Con el veteranísimo Butt partiendo con ventaja para la portería tras una buena temporada, el equipo se articula alrededor del poderío de Lahm como carrilero, la consistencia en la zona ancha de Khedira y un Schweinsteiger venido a menos, la clase del ligero Özil, la frescura de Müller y el martillo arriba que representará más posiblemente Klose que su compañero Mario Gómez, algo marginado en el Bayern esta temporada. Habrá que estar atentos también a Toni Kroos, un jugador especial a quien el campeonato le llega un poco pronto, al desparpajo de Marko Marin y a la electricidad de Podolski cuando se enfunda la camiseta blanca. Con estos jugadores, los germanos esperan volver al lugar que les corresponde por historia y potencial, y también reflejar el renacimiento de un fútbol que ya ha reflejado una Bundesliga que acaba de superar en ingresos a la Premier, y que ha colocado a un equipo en la final de la Champions y a otro en semifinales de la Europa League.
Lo mejor: la confianza y el cariño que genera esta selección, y la profusión de jóvenes promesas a punto de dar el salto.
Lo peor: las dudas en la portería y las ausencias, respectivamente, de un crack y un líder.
Jugador a seguir: Mesut Özil. Mediapunta zurdo que al fin ha explotado en el Werder Bremen, reúne las mejores condiciones para jugar en su puesto, aunque le penaliza un poco su irregularidad.
Pronóstico DDF: Cuartos de final al menos ?aunque presumiblemente le aguarde un choque duro en octavos-, no sería extraño verlos en la zona más noble del palmarés.
Leído 14 veces

|