Por ARCENDO el 27-Mar-2008 | Con el fín de animar a un amigo en apuros, espero que pasajeros, y ¿por qué no? para ganarme un arrumaco por parte de mi parienta, me dispongo a reflexionar sobre la vida matrimonial. Para empezar me confesaré diciendo que el día 23 del todavía vigente mes de marzo, hizo 17 años, que me casé y por si alguien lo duda, por la Iglesia y totalmente convencido. La boda llegó, nada menos que tras 10 años de noviazgo, vamos, a la vieja usanza; y lo primero que os tengo que decir después de toda esa pila de años, es que sigo igualmente convencido y más feliz cada día. Por supuesto, además de nuestra vida en común, lo mejor de nuestra vida son dos hijos preciosos, hija e hijo, que Dios quiso regalarnos. Hace 17 años comenzamos juntos un camino, este al principio sólo era un sueño, ahora es una realidad, porque lo importante es que ese amor inicial perdure y madure con el paso del tiempo. Conflictos, desavenencias, desacuerdos, crisis?., siempre las habrá, el secreto consiste principalmente en las ganas de vencerlos y siempre hacerlo desde el amor, ese primer amor que nos llevó a dar el ?si quiero? germinal. Porque si, para iniciar una nueva vida en el matrimonio se requiere madurez, compromiso, comprensión y un serio propósito por adaptarse a la pareja superando las diferencias naturales, estas mismas armas son las que tenemos que usar en tiempos de crisis. Es cierto que no hay una varita mágica para resolver todas las dificultades que nos plantea la vida, pero una ayuda inestimable es agarrarnos a lo que tenemos; si en su momento aquellos recursos fueron útiles, ahora también servirán. El preservar la unión es lo prioritario, el tesoro es demasiado valioso, es conservar la familia. La familia es una institución extraordinaria, y lo es precisamente porque contiene tantas divergencias y variedades, tanta libertad que a veces, sorprende. Esta es la grandeza de la familia, la que a veces aterroriza a más de uno; al que no entiende que toda esa diversidad está fuertemente sujeta con el pegamento del amor, nada menos que el Amor de Dios. El ideal de la familia cristiana es sobrenatural, se origina en un santo sacramento. La esposa no es esclava ni propiedad del marido, sino su consorte y compañera. A través del sacramento los esposos incrementan la gracia santificante y obtienen la gracia actual para cumplir sus deberes: la relación entre los esposos entre sí, y con los hijos. Así la familia es sobrenaturalizada, es santificada. Sin embargo, a pesar de la gracia de Dios, si nos oponemos a ella, Dios seguirá respetando nuestro libre albedrío y llegarán las dudas. El Señor siempre dá, pero solicita de nosotros disposición a recibir; colaboración, en una palabra. Como hemos comentado, el desacuerdo conyugal es normal en toda convivencia matrimonial, lo que hay que tratar es que esta discrepancia sea transitoria y leve, principalmente gracias a la buena voluntad de los dos cónyuges y con la conciencia puesta en la presencia de Dios. La experiencia me ha enseñado que, en muchos casos, estas contrariedades y descontentos llegan por el descuido de los detalles; las grandes catástrofes nunca llegan de pronto y porque sí, son el fruto de la acumulación de muchos errores juntos. Así pues una buena política, además de la antedicha, de volver a los orígenes, es hacerte mucho más detallista. Me permito exponer aquí una serie de consejos que alguna vez leí y que lo conservo como oro fino y trato de cumplirlo cada día de mi vida.
1.-Tiempo de oro. Dedícale tiempo al otro pero no confundas la calidad con la cantidad. "Quiero estar contigo". Prefiere a tu cónyuge antes que a las amistades, demuéstraselo a menudo. 2.-Oír y escuchar. Cuando él-ella te hable, no te limites a oír, deja de trabajar, o deja el periódico a un lado, mírale a los ojos. Él o ella se enterará de que te escucha. 3.-Como novios. Mantén viva la ilusión del primer día de noviazgo. Conquístale a diario. 4.-Buenos recuerdos. Recuerda con frecuencia los momentos felices compartidos por los dos. 5.-La importancia de las celebraciones. Recuerda las fechas importantes. Si las celebráis juntos, ¡mejor! 6.-"¡Ayúdame!". Pide a tu cónyuge soluciones prácticas para tus problemas: puede ayudarte mucho y además servirá para uniros. 7.-Siempre alabanzas. No le critiques nunca. 8.-"Es una sorpresa". Sorpréndela con pequeños detalles inesperados: un regalo, una cena especial, una noticia agradable, unas flores, el vestido que le gusta. 9.-"Venía pensando en ti". Búscale a él o a ella al llegar a casa. Le encantará saber que vienes pensando en él. Y un beso al despedirse. No olvides despedirte antes de salir. Un beso todos los días es una práctica muy recomendable 10.- Con la verdad por delante. Sé siempre sincero pero no lo manifiestes de forma desagradable. Este decálogo impagable es el final de este post, tan sólo me resta agradeceros la paciencia y pediros encarecidamente oraciones para todos los que en estos momentos se hallen en situaciones difíciles, en especial por este buen amigo. Ojalá Dios misericordioso nos conceda a todos, fuerza y luces para resolver, con su ayuda y nuestra colaboración, todos los conflictos que vayamos encontrando por este largo camino que es la vida, y nos conserve nuestro amor tan fresco, joven y alegre como el primer día.
SALUDOS.
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