El pasado sábado, a pesar de los conocidos problemas de tráfico y a que el cielo amenazaba con caer sobre nosotros en forma de
lluvia gris, el Tibu, Marta y yo pudimos asistir al último y más multitudinario de los diez conciertos con que los Héroes del Silencio han deleitado a sus fans de América y España. Más de 80.000 espectadores pudimos disfrutar de una noche mágica. Al menos para mí así lo fue el poder escuchar en directo viejos himnos del rock español que me transportaron a los momentos más intensos de mi adolescencia.
Salimos de mi casa en La Malvarrosa hacia las siete de la tarde y al llegar a la A-3 el atasco era monumental, por lo que decidimos atravesar por los pueblos. Quizás esto nos salvó de quedar atrapados en la autopista junto con otras diez mil personas que se perdieron el evento por culpa de una mala previsión por parte de la organización.
A las nueve de la noche conseguíamos acceder al circuito de Cheste y a las nueve y cuarto, tras una gran ovación del público, comenzaron a sonar los primeros acordes de El estanque. Nosotros, aún desorientados, tratábamos de localizar el escenario que, según estimamos, debía de quedarnos como a más de 300 metros. Tardamos varias canciones en conseguir discernir a nuestros Héroes como hormiguitas sobre las tablas, pero por suerte nos habíamos colocado muy cerca de un gran pantallón de LCD que nos permitió seguir la actuación sin perdernos detalle.
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A
El estanque siguieron temas como
Deshacer el mundo,
Mar adentro o
La sirena varada, que consiguieron hacernos entrar en calor de inmediato.
Para una segunda parte de la actuación habían reservado un pequeño escenario que, comunicado mediante una pasarela con el escenario principal, permitía el acercamiento de los Héroes a su público para interpretar temas más íntimos, como La herida, Apuesta por el rock n'roll o Con nombre de guerra.
De vuelta al escenario principal pusieron a votar a los asistentes con Nuestros nombres, Oración, Entre dos tierras, Maldito duende, Iberia sumergida, Avalancha y otras.
Después llegarían tres bises que hartaron hasta al propio Bunbury: "Una más y no jodemos más", dijo al público en el último, que finalizó con En los brazos de la fiebre. También tocaron en los bises La chispa adecuada, con el recinto iluminado por móviles y mecheros a petición de Bunbury, Fuente esperanza, una de las preferidas de Bunbury, según él dijo, y Despertar que era la primera y única vez que la tocaban en la gira.
Este era su último concierto y eso se notó. Quedó claro en las 27 canciones, dos más de lo habitual en la gira. Veintisiete temas con los que Héroes del Silencio se llevaron de calle a 80.000 incondicionales, y en los que Enrique Bunbury, encuerado y con look más a lo Jim Morrison que nunca, intercalaba animados comentarios dirigiéndose a su público de ustedes, con acento amejicanado y poses de divo, para finalmente despedirse de sus fans ¿para siempre?
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