Por Dadan Narval el 06-May-2008 | Habida cuenta del futuro cambio en el banquillo del FC Barcelona, comenzamos una serie de tres posts en los que haremos una breve historia de los recientes entrenadores del Barcelona (desde Robson hasta Antic), que titularemos ?El Bueno, el Feo y los Malos?. Comenzamos con el primer capítulo, dedicado a Bobby Robson, “el bueno”.
La temporada 1996/97 fue la primera del Barcelona post-Cruyff. El entonces presidente del club, José Luís Nuñez pretendía al que en aquel momento era el entrenador de moda en Europa, Louis Van Gaal para ocupar un banquillo que quemaba. El entrenador holandés, que tiene por norma cumplir los contratos firmados, pidió un año antes de sentarse en el banquillo culé. Nuñez se lo concedió y contrató a modo de interino (aunque esto nunca se reconoció del todo) a uno de los más prestigiosos managers del mundo, el inglés Bobby Robson, que había dirigido, entre otros, a la selección inglesa entre 1982 y 1990 ?a la que dejó semifinalista en el Mundial de Italia-, al PSV Eindhoven, al Sporting de Lisboa y al Oporto.
Su llegada coincidió con la apertura del mercado europeo de jugadores, tras la aprobación de la llamada Ley Bosman. Con Robson llegaron al club jugadores como Ronaldo, Luis Enrique, Pizzi, Vitor Baia, Giovanni, Fernando Couto o Amunike, la mayoría de ellos extranjeros, en una tendencia del fútbol europeo que, desde entonces, no ha parado y que, obviamente, no es exclusiva del FC Barcelona. En aquel momento, la llegada de extranjeros fue duramente criticada.
Desde el primer momento, esta renovación de una plantilla que había cosechado sendos fracasos en las dos últimas temporadas se entendió como lo que era: una manera de relevar a la llamada ?Quinta del Mini? ?formada por jugadores como De la Peña, Celades, Roger, Óscar, Toni Velamazán o Jordi Cruyff- por la que Cruyff había apostado en el bienio anterior. A la prensa, sin embargo, esto no le sentó bien. Aun a pesar de que el Barcelona había terminado cuarto y tercero los dos cursos anteriores, el famoso ?entorno? entendía que la apuesta por la cantera debía continuarse.
La temporada, no obstante, comenzó bien. Como finalista del año anterior de la Copa del Rey, se jugó la Supercopa de España frente al vigente campeón de Liga y Copa, el Atlético de Madrid. En dos partidos trepidantes, el Barcelona derrotó al Atlético de Pantic, Kiko y Molina, ganando 5-2 en la ida y perdiendo 3-1 en la vuelta. El mundo entero descubrió en aquel partido a un tal Ronaldo, que procedía del PSV Eindhoven, jugador sobre el que varios comentaristas habían depositado sesudas sospechas las semanas previas, toda vez que, según se comentó, no era más que una opción de urgencia ante la no llegada del delantero pretendido por Robson: Alan Shearer. En Liga, el Barcelona comenzó marcando un ritmo espectacular que, si bien no le sirvió para distanciarse en ningún momento del Real Madrid de Capello, sí dejó bien claro que ese año optaba sin duda al título. Su primera derrota, sin embargo, acaecida en la jornada catorce en un San Mamés embarrado por la lluvia (2-1), hizo que el Barça perdiera el liderato a favor del Real Madrid y que, consecuentemente, se abriera la caja de los truenos.
Bobby Robson era una persona afable, educada, acostumbrada a no soliviantarse por la crítica y que demostraba en cada comparecencia ante la prensa un marcado sentido del humor. Esto comenzó a ser entendido por los columnistas de turno como una suerte de pasotismo. En el banquillo del Barcelona no sólo hay que estar comprometido, sino demostrarlo con continuos gestos a la galería. A pesar de que el juego del equipo daba frutos, la prensa decidió convertir a Robson en un personaje. Se comenzó a rumorear que las alineaciones del Barcelona las hacía Nuñez, que Robson era un hombre de papel del presidente blaugrana, que en el vestuario las grandes estrellas faltaban al respeto al entrenador y él no hacía nada. A todo esto, Robson reaccionaba con una mezcla de incredulidad y humor. Sendos partidos frente al Logroñés produjeron dos episodios memorables en este sentido. Tras un 8-0 al Logroñés en el Nou Camp, un periodista realizó a Robson en rueda de prensa una pregunta en forma de comentario. Dijo: ?se ha goleado, pero no se ha dado espectáculo?. A esto, Robson, completamente desencajado, respondió con un célebre ?¡¿Espectáculo!?, ¡¿Espectáculo!? Llevo más de medio siglo en esto y es el segundo 8-0 que he visto nunca?. En el partido de vuelta, en Las Gaunas, el Barcelona no conseguía romper el 0-0. Prácticamente al final del partido, Robson dio entrada a Amunike, quien marcó el gol que dio al Barcelona la victoria. En la rueda de prensa, un periodista afirmó que los cambios habían sido fructíferos. Robson respondió: ?Sí, el Presidente ha hecho hoy muy bien su trabajo?.
La temporada terminó con la consecución de los títulos de Supercopa, Copa del Rey (ganada al Betis, tras dejar fuera en eliminatorias previas a Real Madrid y Atlético de Madrid) y Recopa (frente al Paris Saint Germain por 1-0). En Liga, el Barcelona fue segundo, a dos puntos del Real Madrid, pero rompió su récord histórico de goles marcados, terminando la temporada con nada menos que 102 a favor.
Tres títulos de cuatro no era un mal resultado, habida cuenta de que se trataba de una plantilla nueva, en un equipo que arrastraba dos años de sequía y en el que la sombra de Cruyff todavía era enorme. El balance de la prensa, sin embargo, fue que la temporada había sido un fracaso.
Se llegó al consenso de que Robson no debía seguir. El Barcelona, se dijo, necesitaba savia nueva en el banquillo, un entrenador capaz de revolucionar el fútbol. Todos en el entorno se preguntaban retóricamente ?¿quién mejor que Louis Van Gaal??. Se anunció definitivamente su llegada, que fue aplaudida en un consenso inédito en la grada culé. Robson, el bueno, el cándido, que fue nombrado por la UEFA, menor manager de Europa de aquel año, fue apartado a los despachos.
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