Por Dadan Narval el 16-May-2008 | Continuamos con la serie de la reciente historia de los entrenadores del Barcelona con la segunda entrega, dedicada a Louis Van Gaal, el “feo”.
Tal y como estaba anunciado, Bobby Robson fue revelado en la temporada 1997/98 por Louis Van Gaal. Tras su presentación todos los analistas de España coincidieron en señalar que llegaba a Barcelona un auténtico revolucionario del fútbol, un teórico de los banquillos que había aportado aires nuevos al fútbol europeo. Van Gaal se mostró afable los primeros días, y la prensa respondió con elogios. Todo cambió, sin embargo, cuando tras unas semanas en el cargo, Van Gaal comenzó a demostrar que no confiaba en demasía en la llamada ?Quinta del Mini?, echando por tierra las esperanzas de algunos de que él relanzara a la misma, tras el ostracismo al que le había relegado Robson.
En lugar de ello, sin embargo, el holandés optó por fichar a Dugarry, Reiziger, Anderson, Rivaldo, Pellegrino, Ciric y Hesp. En diciembre, llegó también Winston Bogarde. Ésta nómina de fichajes extranjeros fue leída por la prensa como una lamentable ?descatalización del Barcelona?, aún a pesar de que el número de catalanes en el equipo de Van Gaal era mayor del que había en la época de Cruyff. Éste, por su parte, hablaba de vez en cuando, convirtiéndose tras su retirada de los banquillos en el defensor de la cantera que no fue mientras entrenó. ?Más vale una pierna de Roger que las dos de Reiziger?, llegó a decir el genio holandés.
El Barcelona arrasó en Liga en la primera temporada de Van Gaal, en una temporada sin demasiada historia, en la que no tuvo rival. Además, se llevó también la Copa del Rey, en la final ante el Mallorca. Su gran punto negro fue la Champions League, en la que quedó eliminado a las primeras de cambio en un grupo a priori asequible en el que, sin embargo, emergió el Dinamo de Kiev de Shevchenko y Rebrov, que endosó sendas goleadas al Barça (3-0 y 0-4) que hicieron que el equipo culé quedara último de grupo.
Aun a pesar de que el Barcelona había firmado un histórico doblete, después de tres años sin vencer la Liga, el balance de la temporada por parte de la prensa fue negativo. En realidad, esto era fundamentalmente debido a que aquel año el eterno rival, el Real Madrid, había logrado su séptima Copa de Europa, venciendo en la final a la Juventus y cerrando un periodo de treinta y un años sin hacerse con ella. Pero esto nunca fue reconocido y, en lo relativo al Barcelona, se escribió que el precio que se pagó por los títulos era excesivo, en la medida en que dada la ?descatalanización? del equipo que llevaba a cabo Van Gaal y su supuesto mal carácter, se estaba perdiendo ?el seny? del equipo.
La temporada 1998/99 comenzó con un Van Gaal ya estigmatizado como una especie de robot que sólo atendía a resultados y no a sentimientos y al que le habían salido enemigos por todas partes, incluidos el Presidente de la Generalitat, Jordi Pujol ?que le acusaba de ser responsable de la descatalanización del Barcelona-, hasta el Presidente del Gobierno Español, José María Aznar, que le acusaba de ser responsable de la desespañolización del equipo-. El holandés, sin embargo, no cedió a la presión del entorno y completó la plantilla con jugadores como Kluivert, Cocu y Zenden, al mismo tiempo que dio salida a De la Peña (vendido a la Lazio por nada menos que dos mil quinientos millones de pesetas, algo lamentado por toda la prensa, pues se perdía a un genio), a un Stoichkov que la temporada anterior supuso una bomba en el vestuario y a Celades, que prefirió no renovar su contrato y marchar al Celta de Vigo. Este último caso fue significativo. Mientras la prensa lo narraba como el cuento del pobre canterano obligado a buscarse la vida en un equipo menor, porque el ogro Van Gaal prefería a compatriotas suyos, Nuñez afirmaba que Celades estaba firmado por el Real Madrid para la temporada siguiente. El tiempo, dio la razón al entonces presidente blaugrana.
La Liga no comenzó bien. Victorias por la mínima y empates ajustados en los primeros partidos fueron el escenario idóneo para que la prensa y parte del público exigiera a las primeras de cambio el cese del holandés. Fundamentalmente, se criticaba su defensa de tres hombres y el que hubiera realizado ciertos fichajes. Aquel año, la prensa encontró en Bogarde (fundamental en la consecución del título la temporada anterior) el blanco ideal para sus iras. Sobre el campo se le denigró hasta afirmar que no era jugador para la Primera División. Continuamente la televisión repetía imágenes de caídas suyas al suelo o errores en los pases, negando cualquier aportación al equipo. En lo personal, reservado y distante como era, se le acusó de no ?implicarse? en la vida catalana, de ser poco menos que un autista, e incluso se llegó a insinuar que estaba metido en una secta.
En Champions, el Barcelona se volvió a quedar fuera a las primeras de cambio. Hay que decir que, no obstante, el sorteo no fue benigno con el equipo, y quedó encuadrado en un grupo en el que estaban también el Manchester United y el Bayern de Munich, a la postre finalistas del torneo. Esto no sirvió como excusa. El Real Madrid había vencido la Champions anterior y, por ello, se exigía al Barcelona idéntico logro. La Liga y la Copa ya no eran suficientes. Para finales del año 1998, con todo el entorno exigía al unísono el cese inmediato de Van Gaal.
La noche del 29 de noviembre de 1998 comenzaron, con una fiesta en el Nou Camp, los festejos del Centenario del club. El Barcelona llegaba a aquella fecha eliminado de la Champions tras el último partido en el que empató a tres goles con el Manchester United. El rival que el calendario decidió para la noche de festejos fue el Atlético de Madrid. El ambiente estaba enrarecido. Por un lado, la fecha exigía ser celebrada, pero, por otro, la prensa y parte del público quería aprovechar la conmemoración como campo de batalla para terminar con Nuñez y, de paso, con el entrenador holandés. El Atlético de Madrid venció el partido por 0-1, con lo que el Barcelona se quedaba a sólo tres puntos del líder momentáneo, el Mallorca. Sin embargo, la grada explotó con gritos de ?Fuera Van Gaal?, que se convirtieron en la triste música de fondo de una fecha que quedó para la historia retratada con una estampa lamentable. Durante el transcurso del juego se dio la circunstancia, además, de que Sergi se encaró con el público, al que respondió con gritos de ?hijos de puta?.
La prensa hizo suyo el grito de la grada al día siguiente y todos los periódicos abrieron sus portadas del día siguiente al partido con la exigencia del cese inmediato de un entrenador que ?no da para más?. José María Sirvent escribió en El Mundo, pocos días después, un artículo de significativo título, ?Caída Centenaria?, en el que afirmaba que Van Gaal ?haría bien en preparar el certificado de sus últimas voluntades. Su caída es libre y centenaria en metros? y que ?el vestuario azulgrana perdió la identidad hace mucho tiempo?. No fue el único. La prensa de Barcelona, con la deportiva a la cabeza, fue taxativa: o se cesaba a Van Gaal o no se ganaría nada.
El 20 de diciembre de 1998, el holandés vivió su particular juicio. Se jugaba en Zorrilla ante el Valladolid y se filtró que si se perdía, Van Gaal estaría finiquitado. Muchos culés deseaban que aquello sucediera. Una derrota bien merecía la pena para quitarse de en medio a aquella especie de ogro holandés. Se ganó, por 0-1 con un gol de un tal Xavi, que debutaba aquel año en el primer equipo. Se dice que sólo la mitad de los aficionados culés celebró aquel gol y que entre ellos no había ningún periodista. Van Gaal salvó la primera prueba definitiva. El cese habría de esperar. Para muchos solo era el aplazamiento de un final inevitable.
Ese diciembre llegaron a Barcelona los hermanos De Boer. Durante el año anterior a Van Gaal y a Nuñez se les acusó de traer a Barcelona las medianías del Ajax, y no a los verdaderos grandes artífices de los éxitos de aquel entonces del equipo de Ámsterdam, que a ojos de la prensa no eran otros que aquellos gemelos. Una vez fichados, sin embargo, la lectura fue otra y las otrora grandes-estrellas-que-se-disputaba-toda-Europa, pasaron a formar parte de la nómina de simples-holandeses-que-vienen-a-quitar-el-puesto-a-los-honrados-canteranos.
Con su llegada, sin embargo, poco a poco, el equipo fue calibrándose y los resultados comenzaron a llegar. Tras el partido de Valladolid, el Barcelona encadenó una racha impresionante de resultados y pronto se vio que el campeonato local sería de nuevo monopolizado por el equipo de Van Gaal. Así fue, efectivamente. Tres jornadas antes de la conclusión de la Liga, el Barça vencía al Alavés por 1-4 en Mendizorroza y se hacía con un título que fue celebrado y lamentado a partes iguales.
A pesar de la segunda liga consecutiva parte de la prensa y del entorno culé no se alegró del éxito de equipo. El precio pagado por los títulos, repetían, era demasiado grande. Van Gaal era retratado como un dictador, un ogro, una mala persona y con aquella estampa que le precedía, no encontraba aliados. Prácticamente nadie reconocía sus méritos, mientras que una y otra vez se subrayaban sus ?actos despóticos?. Así, como ejemplo ilustrativo de la especie de dictadura que Van Gaal había establecido en el vestuario culé, una y otra vez se regresaba al episodio, sucedido en marzo, en el que el holandés expulsó del entrenamiento acusándole de falta de ritmo a Oscar García Junyent. Éste, que desde los tiempos de Robson era una marioneta en manos de determinada prensa, adoptó el papel fácil de víctima que nada había hecho para merecerse tal trato. La prensa escribió mucho de su calidad inmensa como jugador y persona y salió de Barcelona en verano de 1999 con aires de expatriado.
Llegó el curso 1999/00. Van Gaal continuó a pesar de todo en el cargo y se trajo a Dehú, Litmanen, Simao y Dani, cuyo fichaje por catorce millones de euros fue aplaudido hasta rabiar por la prensa y el entorno. Al primer equipo subieron también tres canteranos: Puyol, Gabri y Nano, al que la prensa denominó ?el nuevo Rivaldo?. La temporada transcurrió de modo inverso a las dos anteriores. En Liga, el Deportivo emergió como rival a batir, dada la crisis del Real Madrid, pero el Barcelona no terminó de funcionar y pasó las jornadas esforzándose a duras penas por seguir la estela de la nave coruñesa. En Champions, sin embargo, pronto el Barcelona dejó claro que ese año optaba al título, arrasando en la fase de grupos.
El entorno siguió presionando para que se cambie el entrenador, apuntando también al presidente. Los discursos caminaron por la misma senda de los dos últimos años, con la prensa repitiendo la cantinela de que el equipo había perdido la identidad catalana y que se había convertido en una colonia de extranjeros, la mayoría holandeses, mercenarios que no sentían la camiseta. Este discurso se mantuvo, como decimos, a pesar de ciertas evidencias que en teoría amenazaban con desmontarlo. Por ejemplo, Celades, el pobre canterano que había tenido que huir de la dictadura vangaaliana, recaló en las filas del Real Madrid, tal y como se había avisado desde el club tiempo antes. Nadie escribió de aquello. Por otro lado, otro refugiado político como Oscar no triunfaba en el Valencia, a pesar de sus innegables facultades. Cuando Héctor Cúper, su nuevo entrenador le expulsó de un entrenamiento con idénticas formas y por la misma razón que hacía menos de un año lo había hecho Van Gaal, nadie volvió al episodio de la temporada anterior para pensar que quizá, aunque solo fuera un poco, el entrenador holandés tenía parte de razón.
En el vestuario blaugrana, por otro lado, se abrió un nuevo cisma cuando Rivaldo afirmó no estar dispuesto a jugar más en el lugar del campo en el que le ubicaba Van Gaal. La prensa, la misma que acusaba a Robson de no tener suficiente autoridad para imponerse al capricho de las estrellas, tomó partido por el brasileño y resumió el caso como una muestra más del mal carácter del holandés. No les faltaba razón. Van Gaal cometía un terrible pecado: ubicaba a Rivaldo en la parte del terreno de juego en la que creía que más rendiría y en la que, el año anterior, había ganado el Balón de Oro, marcando veinticuatro goles en treinta y siete partidos. Algo, como vemos, imperdonable.
A partir de este episodio, se intensificó más, aún si cabe, la exigencia del cese de Van Gaal, pidiendo su sucesión por un ?ser humano?, alguien que razone, que hable con los jugadores, que les comprenda y les haga sentirse felices sobre el campo.
Con la Liga cada vez más difícil, se continuó por la buena senda en la Copa de Europa. En cuartos de final el Barcelona remontó un 3-1 adverso frente al Chelsea en un partido histórico en el Nou Camp que terminó con 5-1 a favor de los culés. Clasificado para semifinales, en ellas le espería su particular bestia negra de esos años, el Valencia. La ida se disputó en Mestalla el tres de mayo. El Barcelona venía de ganar en el Vicente Calderón al Atlético de Madrid por 0-3, con goles de Sergi, Gabri y Dani. No obstante, la prensa continuó con su particular oda al canterano extraviado y el ambiente de semifinales de la Champions se presenta extrañamente enrarecido en el entorno culé. El partido terminó con un demoledor 4-1 a favor del Valencia. ?Van Gaal sentenciado?, fue el resumen del mismo.
La vuelta en el Nou Camp, aun cuando en lo deportivo es una oportunidad histórica para lograr el pase a la final de la Champions League por tercera vez en cien años de la entidad, se presentó por parte del público y por la prensa como la oportunidad definitiva para lograr el cese de Van Gaal y el derrocamiento de Nuñez. Así, en lugar de animar al equipo durante el partido, éste fue utilizado como el escenario de la reivindicación. Aún jugando en casa, el ambiente hostil hizo imposible la remontada. Con pitos en contra desde prácticamente el primer minuto, los jugadores culés consiguieron una victoria por 2-1 que no les sirve de nada y daba el pase al Valencia.
Pocos días después, con una situación ya insostenible, Nuñez dejó la presidencia. Van Gaal, el ogro que no atendía a razones humanas, dimitió por solidaridad hacia quien le contrató. En la rueda de prensa de despedida dejó su mayor perla: ?Señores de la prensa, felicidades: me voy?.
La felicitación fue recibida. También fue reflejada en las columnas de opinión de todo el país. Eran días de celebración. Por fin habían terminado los años oscuros del Barcelona y se había expulsado al ogro malvado y feo, sin duda la persona más odiada de la historia del fútbol ?ejemplo significativo es que su guiñol en Canal Plus carecía siquiera de rostro, siendo retratado como un muro de ladrillo que no hablaba, sino que ladraba-. Pocas veces el entorno culé y su prensa había estado tan de acuerdo en un análisis: a partir de la marcha de Van Gaal y Nuñez comenzarían nuevos e ilusionantes tiempos para el club. La felicidad plena no tardaría en llegar. La historia, como sabemos, les dio inmediatamente la razón? pero eso lo veremos en la siguiente entrega.
Leído 18 veces

|