Por Ramón Flores el 05-Jun-2008 |
Foto 0 en Holanda-Bélgica 2000: apoteosis francesa: pega esta imagen en tú pagina, Foro, Myspace o Ebay con este código...
La Eurocopa 2000 marcó el comienzo de una tendencia que ha tenido continuidad hasta nuestros días, y la seguirá teniendo en el futuro: la organización conjunta. Así, por primera vez, dos países ?en este caso Bélgica y Holanda- compartían el privilegio y la responsabilidad de ser anfitrión, y la fórmula se revelaría adecuada para poder llevar el torneo a países pequeños con dificultades logísticas para organizar tamaño evento en solitario. Fue un buen campeonato, con un nivel futbolístico bastante superior a la competición disputada en Inglaterra cuatro años antes, y en él la poderosa generación francesa que había ganado su Mundial se confirmó como un equipo casi legendario; el único precedente de selección con los dos mayores entorchados consecutivos era la impresionante Alemania de los setenta. El equipo galo, menos exquisito que su antecesor de los ochenta, era sin embargo muy superior físicamente ?valor muy importante en el fútbol actual- y además contaba con Zidane, el mejor futbolista del momento. Lo demostró en la Eurocopa.
Si bien el sistema de competición en la fase final se había estabilizado ?y así sigue en la actualidad, aunque sin gol de oro- se produjeron pequeñas modificaciones en las liguillas previas. Para evitar la sobrecarga de partidos, se pasó de ocho a nueve grupos, eliminándose de este modo algunos grupos de seis equipos; considerando además que había dos plazas de la fase final reservadas a los anfitriones, la importancia de las repescas se hizo considerable, y brindó algún enfrentamiento de postín, como el Escocia-Inglaterra en el que se clasificaron los ingleses. De los equipos más fuertes se quedaron en el camino Croacia ?que venía de ser tercera en el Mundial- y Rusia, siendo especialmente dolorosa la eliminación de estos últimos por haberse producido frente a sus vecinos ucranianos. La selección española, que parecía vivir un cambio de ciclo tras la traumática salida de Clemente y el 9-0 a Austria, firmó una media de más de cinco goles por partido en la fase de clasificación, y de la mano de Camacho llegó a la Eurocopa en estado de euforia.
Los españoles quedaron encuadrados en un grupo sin cocos a priori, con Noruega, Yugoslavia y Eslovenia. Sin embargo, y como solía ser costumbre, se entró con el pie izquierdo en la competición, con una sonrojante derrota ante el correoso equipo nórdico que lideraban Tore Andre Flo y Solksjaer, y que estaba construido sobre la base del buen Rosenborg de la época; un lamentable fallo de Molina ?que firmó así el fin de su carrera internacional- dio los tres puntos a los escandinavos. El otro partido, con la lucha fratricida de las dos repúblicas ex yugoslavas, fue un espectáculo donde Eslovenia se dejó empatar un 3-0 y Zahovic y Milosevic ?ambos bien conocidos en nuestra Liga- firmaron sendos dobletes. La segunda jornada dejó una victoria de España sobre los eslovenos más sencilla de lo que a priori indica el marcador de 2-1, mientras que sus vecinos se impusieron a Noruega por la mínima, en un encuentro bastante equilibrado que decidió un solitario gol al comienzo de Savo Milosevic. Así las cosas, y tomando en cuenta que los escandinavos al menos empatarían con Eslovenia ?como así ocurrió, sin goles- España debía vencer a Yugoslavia. En el último minuto un partido abierto, enloquecido, quizá el mejor de la Eurocopa, el marcador señalaba 3-2 para los balcánicos. Sin embargo, en ese momento ocurrió lo impensable: primero un penalty que transformó Mendieta, y después, muy sobre la hora, un empalme de Alfonso que cerraba el mayor milagro de la historia de la Roja, con permiso del España-Malta.
Todos los demás grupos tuvieron un dominador muy claro. En el A, por ejemplo, se trató de Portugal, que con varios jugadores en su mejor momento ?Figo, Rui Costa, Ricardo Sa Pinto- sometió de forma espectacular a los ingleses, a quienes remontó un 2-0 en un enfrentamiento que ya se ha convertido en clásico, y liquidó a Alemania por 3-0 en el encuentro que suponía el sorpresivo adiós de los teutones al torneo; la selección de Ribbeck, muy disminuida respecto de la que triunfó cuatro años antes y con Michael Ballack como único jugador de primer nivel, cayó derrotada por la mínima ante Inglaterra y sólo logró un paupérrimo punto en su empate (1-1) ante Rumanía. Los latinos del Este, por cierto, dieron la campanada con su victoria en Lieja ante Inglaterra (3-2); la selección británica volvió a mostrar su extrema endeblez mental, cediendo de nuevo dos goles de diferencia ante los Hagi, Galca o Moldovan. Sin duda, la caída de Alemania e Inglaterra en este grupo debe considerarse una de las grandes sorpresas de la historia del torneo.
Los otros dos grupos no resultaron tan enjundiosos. Francia y Holanda dejaron visto para sentencia el suyo tras la segunda jornada, con victorias de ambos ante una desastrosa Dinamarca ?que se llevó dos 3-0- y una República Checa algo envejecida, pero que seguramente mereció más en sus dos primeros encuentros. Un penalty ante Holanda y una derrota por la mínima ante los galos (2-1) en un gran partido los sacaron de la Euro. Finalmente, en el grupo B, una versión bastante conservadora de Italia ?habitualmente el 5-3-2 patentado por la Juve de Lippi- tiró de oficio para ganar sus tres partidos y pasar sin dificultades a cuartos. Les acompañó la emergente Turquía de Alpay, Tayfun y Hakan Sükür, que contra todo pronóstico se impuso en Bruselas a los co-anfitriones belgas con sendos goles del ariete. Gran fracaso pues de la selección roja, primer y único organizador hasta el momento que no ha pasado el corte.
Turcos y rumanos parecieron conformarse con llegar a los cuartos de final, y cayeron en ellos ante selecciones superiores ?Portugal e Italia- por idéntico resultado de 2-0 y en dos partidos muy similares. En ambos mereció ganar la selección más poderosa, los equipos ?pequeños? se vieron perjudicados por una expulsión (Alpay en el caso otomano y Hagi en el rumano) y los dos tuvieron una gran oportunidad desperdiciada para meterse en el partido: un penalty fallado por Arif, y un poste del mencionado Gica, que se despedía en este partido de su equipo nacional. Al final, los tantos de Nuno Gomes(2) en Amsterdam y de Totti y Pippo Inzaghi en el Estadio Rey Balduino marcaban el camino de las semis.
Los otros dos partidos de esta ronda, en cambio, se han fijado con más fuerza en la memoria de los aficionados. El Holanda-Yugoslavia, por ejemplo, por mostrar la mayor exhibición colectiva de todo el torneo: tras un buen comienzo de los balcánicos, el conjunto de Rijkaard comenzó con el recital de toque y movimiento característico de los mejores momentos de la escuela holandesa, y acabó administrando a Yugoslavia ?que contaba en sus filas con gente como Mijatovic, Mihailovic, Jugovic o Stojkovic- una formidable paliza (6-1); Kluivert firmó un hat-trick en media hora. Finalmente, en el cuarto más épico, España luchó de igual contra la poderosa Francia, especialmente en un gran primer tiempo. El impresionante golazo de falta de Zidane fue inmediatamente respondido por el gol de penalty de Gaizka Mendieta, y quizá el destino hubiera sido diferente si, con 2-1 para Francia en el marcador y el reloj a punto de llegar al 90, Raúl no hubiera mandado a las nubes el máximo castigo más famoso y desgraciado de la historia del equipo nacional.
Tras haber prescindido de Anelka en el partido contra España, Lemerre volvió a recurrir al parisino para la semifinal contra los portugueses, volviendo de este modo a jugar con dos delanteros (el otro era Henry). El encuentro comenzó muy bien para los lusos, con un golazo de Nuno Gomes que parecía acreditarle como el gran goleador que después no fue. Francia dominó sin resultado en la primera parte, pero no fue hasta la reanudación cuando consiguió el empate, merced a una combinación de sus dos delanteros. Tras un segundo tiempo de fútbol-control en el que ninguno de los dos equipos se impuso, llegó la prórroga, donde los franceses se hicieron merecedores de la victoria. Un triunfo que encontraron en un polémico penalty por manos de Abel Xavier ?que seguramente fue- que transformó Zidane brillantemente y que dio lugar a una pelea de la cual resultaron varias sanciones muy duras de la UEFA a algunos jugadores lusos; sin embargo, la verdad es que Portugal no dio el nivel de los partidos anteriores, con Figo y Rui Costa muy grises, y no se ganó la final. La otra semi, con mucho menos juego, supuso la gran noche de la desgracia para los holandeses, que fallaron dos penaltis durante el tiempo reglamentario y otros tres en la tanda posterior. Salió el portero del Inter Francesco Toldo con la vitola de héroe nacional, pero algo de mérito también tienen sus compañeros, que sacaron adelante un partido durísimo, en un ambiente hostil, jugando noventa minutos en inferioridad por expulsión de Zambrotta. Los azzurri sacaron la capacidad de sufrimiento que los define, no concedieron demasiadas ocasiones claras de gol, se las arreglaron para sacar algún contragolpe, y consiguieron llegar a la suerte suprema con su portería inviolada. Ese gen competitivo les llevó convirtió en dignos finalistas, aunque tampoco hubiera sido injusto que hubieran pasado los tulipanes, cuyo castigo, viendo lo aportado durante todo el torneo, fue excesivo. Rijkaard había armado una gran selección.
La final, que se disputó en la remozada Bañera de Rotterdam, comenzó de modo tan eléctrico como atípico, con no menos de tres oportunidades por bando que fueron marradas. Tras los primeros veinte minutos, y fiados atrás en su sensacional defensa Lizarazu-Blanc-Desailly-Thuram (de largo la mejor del torneo), les bleus tomaron el mando de un partido que los italianos, con Fiore y Di Biagio en la alineación inicial, habían planteado al contraataque. Los galos llegaron con alguna frecuencia antes del descanso, pero aparte de un tiro de Youri Djorkaeff que detuvo Toldo, no crearon muchos problemas a su rival. Tras la reanudación, movió ficha Dino Zoff sacando a Del Piero al campo, y mejoró la actitud ofensiva de los italianos, que estuvieron cerca de decidir la final en el primer tramo de la segunda parte: primero con un centro-chut de Maldini, después con el gol ?una gran jugada que comenzó Totti y acabó rematando fenomenal Delvecchio, el ?arma secreta? de la final- y finalmente con un mano a mano de Pinturicchio que el delantero de la Juve no resolvió correctamente. Pasada la oleada, Italia se acomodó en su campo y se dispuso a dejar que pasasen los minutos. Lemerre sacó al campo a todo el arsenal extra de que disponía ?Wiltord, Trezeguet y Pires- y retiró a un intrascendente Dugarry, pero el juego de ataque francés seguía mostrándose pobre y previsible. Y cuando la campana estaba a punto de sonar, llegó el histórico remate cruzado de Wiltord ante un desencajado Toldo, y un tiempo extra en cuya mera existencia apenas podían creer los transalpinos, que se han pasado la vida evitando este tipo de situaciones. Como ocurrió en la semifinal, Francia fue superior en la prórroga, y no dejó que ésta llegara ni al descanso: con un violento remate a bocajarro, David Trezeguet conseguía el segundo y último gol de oro en una final de la Euro, y también el segundo y último ?hasta el momento- entorchado continental para su selección. Un gran campeón para un gran torneo.
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