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No es ficticia la imagen que devuelve el tablero electrónico ubicado en la cabecera este de Old Trafford. Mientras Wayne Rooney enfila hacia el centro del campo en busca del balón que premiará su extraordinario Hat Trick, Arsene Wenger y los suyos se retiran frustrados, humillados por un Manchester United pletórico, que sin piedad alguna acaba de endosarle la irrisoria suma de ocho goles.
Los estallidos aun retumban. Los goles se rememoran y la cifra sorprende. La que inició Danny Welbeck y cerró con un gol antológico Ashley Young será recordada por siempre como la tarde en la que el rejuvenecido United de Alex Ferguson pudo de rodillas a un Arsenal irreconocible, en pleno proceso de descomposición.
Diezmado por las bajas y condenado por sus propios errores, el cuadro de Wenger solo ejerció de partener, siendo burlado por un Manchester arrasador y resplandeciente, en el que si bien Ronney se erigió como mejor exponente todos brillaron, desde De Gea, de apariciones significativas en momentos importantes del juego ?le contuvo un penal a Van Persie con el encuentro 1-0-, hasta Welbeck, autor del gol que inauguró la inolvidable faena.
Preciso, veloz y letal, el Manchester United se tornó imposible de parar para el Arsenal. El joven Cleverley expuso sus cualidades, Nani y Young ejercieron de puñales por las bandas y tanto Rooney como Welbeck, luego reemplazado por Chicharito Hernández, se movieron con sobrada inteligencia.
Desperdiciada la posibilidad del empate, Young marcó el segundo ?firmando el primero de sus dos golazos- y posteriormente Ronney se anotó el tercero, dando muestras de que también puede convertir de tiro libre. El tanto de Walcott fue solo una anécdota.
Llegaron más en el segundo tiempo. La reacción del Arsenal fue fugaz y llegado los goles el marcador comenzó a reflejar la escalofriante diferencia entre un equipo y otro.
Nuevamente de tiro libre marcó Rooney, esta vez eligiendo el poste custodiado por Szcezesny. Posteriormente lo hizo Nani, desempolvando una definición sublime, y tan solo unos minutos después el ingresado Ji-Sung Park.
Si bien descontó Van Persie, la cifra se tornó escandalosa, aunque insuficiente para un United sin clemencia, que con el cuadro ?Gunner? con diez futbolistas en cancha dada la expulsión por doble amarilla de Jenkinson, redondeó la estrafalaria goleada con uno más de Ronney, de penal, y otro de Young.
Tapando sus rostros, los simpatizantes del Arsenal quisieron ocultar su vergüenza. Los oles del final golpearon duro. Lejos de reaccionar tras un inicio de temporada titubeante, el equipo sufrió uno de los reveses más crueles de su historia.
Wenger reconoció sentirse humillado y más tarde dejo abierta la posibilidad para que el club incorpore a dos o tres futbolistas antes del cierre del libro de pases, lo cual se antoja primordial en horas en las que su extraordinario proceso al frente del Arsenal transita por su momento más crítico. Líder junto a un City que le marco cinco goles al Tottenham, el United vive una realidad diametralmente opuesta.
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