Por Tía Política el 18-Feb-2008 | En días recientes miles de costarricenses hemos recibido con beneplácito, la voluntad política de nuestro mandatario, de convocar de una vez por todas, el proyecto de reforma al código electoral. Imperiosos temas se encuentran sobre la palestra, desde el controvertido financiamiento de los partidos políticos, publicidad en medios de comunicación, voto en el extranjero, voto preferente, doble postulación de candidatos, encuestas e inclusive la creación de un Instituto de Estudios para la Democracia, esta últimamente en riesgo por las actitudes de ciertos grupúsculos en nuestro país. Todos los anteriores, temas de trascendental importancia en ser discutidos en provecho de nuestra democracia, la más antigua de América Latina, la cual lamentablemente arrastra un importante rezago en materia electoral. Un importante tema a no perder de vista dentro de estas pretendidas reformas al código electoral, debe ser el tema de la equidad de género, que busca aumentar en un 10%, la cuota obligatoria de participación de representación femenina en puestos elegibles dentro de los partidos políticos, en sus estructuras y papeletas. Tal reforma defendida por diferentes sectores, quienes aducen vendrá a poner en igualdad de condiciones 50% a 50%, la participación entre hombres y mujeres, en diversos cargos de representación dentro de los partidos políticos, es a todas luces injusta, pues parece confundir los conceptos de igualdad e igualitarismo, en el caso que se entienda como igualdad, la ausencia de discriminación por razones de raza, género o credo. La eventual aprobación de tal reforma podría prestarse para la elección de mujeres en cargos de representación de una forma obligatoria y poco democrática, dejando de lado los meritos de los propios candidatos, así como la igualdad de oportunidades, la cual garantiza una igualdad en el punto de partida, más no en la consecución de sus fines, pues cada persona debe ser la responsable de labrar su propio destino y este no debe depender del género del individuo. Este arbitrario intento de ?establecer la igualdad? no sólo atenta contra la igualdad misma, al buscar combatir desigualdades desfavorables para el género femenino erigiendo nuevas desigualdades que sí están a su favor, sino también se opone al principio de la meritocracia tan defendido por nuestro gobierno, permitiendo el auge de la mediocridad y el conformismo, no dejando espacio para la iniciativa individual, la competencia así como la superación personal. Contribuyendo así con la mal infundada creencia de que la política es un campo exclusivo para los hombres, cuando en realidad existen mujeres sumamente capaces de asumir las riendas y llevar por el camino del éxito a este bonito país. Descargue gratis este post en formato mp3
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