
El tener tantos sentimientos en un puñado apretujado de razones sin ton ni son es lo que me lleva a la inquietud de sentirme demasiado quieto.
El sentirme demasiado quieto va alejándome del mundo en el cual intento jugar un rol cualquiera.
El no ser uno más del montón me encripta y nadie me entiende: yo tampoco, vuelo en la oscuridad.
Pero la oscuridad no es lo peor lo peor es saberse claro dentro de ella.
O sea, no encajar, ni siquiera en un vacío.
No encajar me vuelve a inquietar no por estar quieto sino por estar vacío en un claroscuro encriptado.
Y sigo así, tratando de desenvolverme de sacarme el tapiz que cubre mis huesos de hallar la aguja que señale algún rumbo pero la aguja me apunta con saña y destierro.
Al fin y al cabo es el destierro de mi propio ser el lugar en el que parezco encajar, pero eso, también me inquieta.
Me inquietan la inquietud, la quietud el destierro la oscuridad el no ser un rol: el ser yo y no serlo.
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