Por Enrique Ballester el 11-Jul-2010 |
Foto 0 en Iniesta conduce a España a su primer Mundial (1-0): pega esta imagen en tú pagina, Foro, Myspace o Ebay con este código...
Andrés Iniesta Luján nació en Fuentealbilla, iluminado, brillante y especial. A los 8 años lo fichó el Albacete, y a los 12 el FC Barcelona. En el libreto de los entrenamientos de La Masia pulió su talento puro, en el carrusel continuo de controlar, pasar y ofrecerse, para controlar, pasar y volver a ofrecerse. En uno de los habituales juegos colectivos, la posesión se perdía si al jugador, en el control, la pelota se le elevaba por encima de la rodilla, tal y como le ocurrió a Andrés, en Sudáfrica y ante Holanda, en el minuto 116 de la final de la Copa del Mundo, cuando recibió un pase interior de Cesc Fàbregas, algo escorado, y dejó botar el balón, paciente, perfilándose para la volea de su vida, y la nuestra, la cruzada y firme que batió a Stekelenburg para coronar a España, en el uno a cero definitivo, y para aupar a lo más alto a una generación maravillosa de deportistas, que compitió del primer al último suspiro con bravura, porque nadie se achantó ante la violencia del rival, y con estilo, porque el grupo se reafirmó ante la adversidad y la incertidumbre, en el toque, en la pausa y en la ambición que empujaron el partido al campo contrario, donde cazó el rechace Cesc para plantar al colega Iniesta frente al portero, la gloria y la historia.
A Iniesta se le levantó el control, pero enderezó el milimétrico fallo técnico para convertir el error en virtud, porque no sólo aprendió de fútbol y de la vida en el manual de La Masia. Sin corazas, allá donde no valen padrinos, quien se dobla para no quebrarse es quien no deja de crecer. En el arranque de un Europeo sub17, que España terminó ganando sin él, a Iniesta lo lesionaron un par de alemanes en cacería sistémica, antes del descanso. La noche pasada, ya pudieron pegar a gusto los holandeses, que Iniesta no se quebró, ni se encogió, sino todo lo contrario. Creció con el pasar del partido, mayor rendimiento a mayor exigencia, quizá sustentado en los recuerdos, el del amigo Dani Jarque, impreso en el pecho, el del dolor de las interminables lesiones musculares, ya cicatrizadas, y quizá voló envuelto por el destino, Andrés, el chico que lo hacía todo bien menos ennoviar con la red, protagonista y ejecutor en el gol de los goles, el que decidió un envite canalla, durísimo, porfiado micra a micra desde el primer minuto, cuando Van Persie definió en una sola acción, patada cirujana a la rodilla de Busquets, la tortura que estaba por venir.
A tres coces naranjas en dos minutos replicó España con sapiencia ofensiva, un cabezazo y un centrochut de Ramos y un aroma general de superioridad. Comprobados sus problemas en mar abierto, Holanda planteó un repertorio de emboscadas guerrilleras, con Van Bommel en plan cacique. Webb perdonó la roja a De Jong tras una patada voladora al pecho de Xabi Alonso, y la acción se enredó entre interrupciones, lamentos y cambios de inercias. Los de Van Marwijk habían hecho fortuna en este Mundial con una receta simple. Procurar que ocurriese lo menos posible, casi nada, hasta que lo que ocurría era su gol, en un ramalazo, una contra letal, un golpeo flotante o una rosca afortunada. Anduvo cerca, a un pelo, de cobrar una vez más la recompensa asido a la clase de Sneijder, armador, y a las piernas veloces de Robben, una flecha a la carrera.
Cumplida la hora de juego, en el cénit del juego embarrado, Sneijder filtró una pelota brillante entre Piqué y Capdevila, y Robben se citó ante Casillas con todo a favor. El portero se estiró sobre el verde, agigantado, y desvió el zurdazo a córner, con las piernas, apurado. El ángel de Iker rescató a España en el abismo, de nuevo en el minuto 82 en otro mano a mano ganado a Robben, que trató de regatearle, después del ingreso de Navas, que descosió a Gio con reincidencia, provocando la más clara oportunidad de Villa, que desaprovechó la pifia de Heitinga en boca de gol, y después también de un testarazo perdido de Ramos tras la salida de un córner botado por Xavi.
Expirando el tiempo reglamentario, creciente la tensión hacia el infinito, Del Bosque subrayó el mensaje, por si todavía no había quedado claro. España bracearía hasta la victoria, siempre, fuera dudas. Cesc Fàbregas sustituyó a Xabi Alonso, en la antesala de una prórroga trepidante, e inolvidable. Cesc, de inmediato, se compinchó con la pelota, con Xavi e Iniesta. Del manchego recibió un pase profundo que no atinó a definir ante Stekelenburg, con Villa relamiéndose para empujarla. El error, brutal por lo trascendente, no nubló a Fàbregas, que tiró de personalidad para aparecer en cada una de las ofensivas españolas. A los tres minutos, devolvió el pase a Iniesta, que tampoco se decantó, dudando entre la entrega y el remate, en el área. Y al poco, conectó con Villa, que cedió a Navas un disparo que tropezó en Gio para tumbar al portero y quedarse en el lateral de la red.
Dominadores, los futbolistas españoles afrontaron el segundo acto del tiempo extra. Torres entró por Villa, y pronto Iniesta provocó la expulsión de Heitinga, en una maniobra trenzada por los de siempre, Cesc y Xavi. En superioridad, por deseo irrefenable, España halló por fin la rendija a la victoria. A cuatro minutos para el final, en una jugada grabada en la memoria, que se inició con una arrancada valiente de Navas, que continuó Iniesta para Cesc, y Cesc para Navas, que unió a Torres, que templó sin mucho acierto la pelota que despejó Van der Vaart y recogió Cesc, con instinto, en la media luna, para controlar y citar a Iniesta, el hombre iluminado, brillante y especial, con la más bella inmortalidad.
Por fin, tras siete partidos al límite, y antes de las lágrimas inconsolables de Casillas, en su abrazo con Puyol, en su abrazo con Valdés, y antes del cielo rojo sobre el estadio Soccer City, y la copa alzada, no había final, sino campeón.
foto:fifa.com
Leído 8 veces

|