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 Usuario: Ingresar | Blog de literatura y pensamiento a manera de Archivo, coordinado por el escritor cubano Jorge Alberto Aguiar Díaz (jaad)
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Enviar a email | Juan Abreu en Cacharro(s) en artistas | Por jorge alberto aguiar díaz (jaa el 01-Mar-2008 | 
Juan Abreu
emanaciones.com
En el expediente 8-9 ( enero-junio de 2005) de cacharro(s), presentamos un inédito de Juan Abreu, junto a un cuento y un fragmento de novela ya publicados, y cedidos en aquel entonces por su autor a nuestra revista. Reproducimos aquí los tres textos.
Antonio José Ponte sobre AccidenteArmando de Armas sobre Cinco Cerverzas
AmanteComandante(Capítulo inédito de la novela El Masturbador)
En el centro de la plaza adoquinada se halla la jaula. Recortándose contra el cielo. Cerca, del otro lado del muro carcomido, el mar. En avanzado estado de putrefacción. Una gruesa capa de grasa aplana las olas. El hedor. Islotes de espuma química. Un grupo de niños se divierte lanzando ratas muertas, diversas inmundicias a través de los barrotes. La basura forma promontorios desarticulados, renqueantes. Basura arrastrada por la hirviente brisa. Latas herrumbosas. Máquinas destripadas. Esqueletos metálicos. Rastrojos al viento. Como banderas. De la ciudad escapan sonidos apagados: eructos, pústulas maduras que estallan. La degradación flota como neblina matinal.Realidad Grotesca Categoría NZ378-SigloXX (Típica).Guntaar está habituado a ella.No necesita someterse a sesiones de aclimatamiento. Forma parte de la excitante realidad de AmanteComandante. La necesita para alcanzar el Climax de Entretenimiento Sexual Plus.La idea de la jaula provenía de la novela de un escritor olvidado. Nadie en la isla sería capaz de recordar su nombre, o el título de una de sus obras desaparecidas con la lectura; sin embargo, la imagen del dictador encerrado en una jaula como epílogo a su derrocamiento, permaneció en el imaginario colectivo y cuando llegó el momento, afloró en medio de un discurso del nuevo Líder. Del nuevo Libertador.AmanteComandante, mucho tiempo atrás, había sido el dictador de aquella isla. El Amo absoluto de vidas y haciendas. De destinos y futuros. Pero ya no era más que una especie de momia polvorienta enterrada entre barrotes, una curiosidad de la que pocos recordaban el papel que desempeñara en la historia del país, y a la que nadie daba importancia.Salvo Guntaar.Para este seguía teniendo una importancia fundamental. El camino hacia la Semejanza pasaba por un elevado nivel de Entretenimiento Sexual y de Entretenimiento Total General. Y AmanteComandante resultaba una excelente fuente de ambas cosas.Guntaar lo encontró justo cuando comenzaron sus viajes al pasado, poco después de descubrir su afición sexual por los dictadores; en la lejana época de los Masturbadores Colectivos. Solía aparecer mientras el gobernante contemplaba el fusilamiento de uno de sus enemigos, o de algún infeliz que deseaba escapar de su control a bordo de una destartalada embarcación. Ejecuciones que ordenaba grabar para disfrutarlas con calma no exenta de pulsión erótica, en su mansión situada en las afueras de la depauperada capital. Centro neurálgico del país en ruinas.Ahí está.Instalado en un mullido butacón acaricia su precaria erección. Mano temblorosa, respiración agitada, llena de baches. Se abre la bata: piel muy blanca, ajada, manchas marrón, unos pocos pelos canosos en el pecho. Pezones perrunos, colgantes. Vello púbico gris. Moja el glande con saliva para facilitar la fricción. Uñas largas y cuidadas. Manos delicadas, de mujer. Se hace la paja con dos dedos como los niños. En la pantalla de la caja grotesca el hombre cae roto: humo en los agujeros del pecho, ruido como de charcos apedreados.Ahí está.A partir de entonces nació una relación muy especial entre el viajero del futuro y el hombre fuerte de la isla. Para el primero gratificación suprema, para el segundo martirio inenarrable. Sólo con el dictador Guntaar alcanzaba el Climax de Entretenimiento Sexual Total, y luego el CEST + PLUS. La sagrada: la satisfacción que lo aproximaba a la Semejanza. De ahí que regresara una y otra vez al pasado, a aquella islita insignificante y paupérrima. Condenada a desaparecer.Con el propósito de enriquecer su disfrute, Guntaar se interesó por los acontecimientos remotos que habían llevado al anciano, cuando aquello un apuesto joven, al poder. Viajó por las diferentes etapas de su gobierno que duró casi un siglo. Y, cuando, por azar (que en aquellos tiempos existía y jugaba un papel trascendente en el destino de la especie), durante una de sus visitas el anciano murió de un infarto provocado por las embestidas de la enorme verga de Guntaar, este lo transportó al Futuro, sustituyó su deteriorado corazón por uno virtualcarnal e instaló en su organismo un nanoequipo médico que se encargara de mantenerlo en buen estado de salud. Concluida la resucitación lo devolvió a la isla, donde nadie se enteró de su fallecimiento.Así Guntaar tuvo asegurado su CEST + PLUS por otro largo período y mantuvo su ritmo ascendente en la Escala de Consumo y en la Escala de Semejanza.Guntaar podría haber trasladado al viejo al Futuro. O creado una reproducción virtualcarnal de este, que sería mucho mejor que el original, pero nunca quiso hacerlo. Había algo especial en la degradada antigua realidad de la que estaba hecho el anciano, en sus costumbres y su entorno, que lo excitaba especialmente.Aquel horror era la fuente de su placer.Las visitas de Guntaar cambiaron la conducta, y la vida del dictador. Pensó que sufría ataques de locura durante los cuales imaginaba que un hombre joven, que en su mente ostentaba una definición y una textura de una riqueza imposible, lo violaba repetidamente. Pero luego tuvo que admitir que se trataba de algo mucho más terrorífico e incomprensible que una pesadilla o un ataque de locura. Aquel hombre venía de otro mundo desde el cual era posible controlar su realidad y en cuanto aparecía él quedaba a merced de sus depravados apetitos. Reducido a inerme espectador de lo que hacían con su cuerpo. Incapaz de defenderse. Los primeros meses, el primer año, significaron una tortura que estuvo a punto de hacerle perder la razón. Pero, llegó el momento en que el Comandante, que jamás hizo a nadie partícipe de su secreto, porque nadie lo hubiera creído, pero sobre todo porque eso hubiera destruido la imagen de macho invencible en la que descansaba su poder, se resignó a su suerte y cooperaba con el misterioso violador para que sus visitas resultaran lo más breves posible.Contra aquel ser todopoderoso nada podía, a pesar de ser el Amo del país, el hombre ante el cual todos se inclinaban despavoridos; pero sus súbditos pagaron por las humillaciones que padecía en silencio con mayores cotas de fanatismo, represión, planes enloquecidos que equivalían a mayores niveles de esclavitud, cárcel y paredones.Con el paso del tiempo, las visitas de Guntaar se hicieron cada vez más frecuentes. Sus relaciones sexuales se limitaron exclusivamente a las que mantenía con AmanteComandante. Renunció a Franco, Pinochet, Stalin, Hitler, Lenin y a Hugo Chavez. Sentía una ternura extraña hacia aquel cuerpo huesudo, carcomido, aterrorizado por su presencia, permanentemente envuelto en un uniforme blindado.Sin embargo, cuando una revuelta militar por fin desalojó del poder al Comandante, Guntaar no intervino. Hubiera sido fácil descabezar la conspiración. Pero se mantuvo al margen, en parte porque aquellas actividades no le hubieran proporcionado Entretenimiento alguno, y en parte porque lo sucedido no alteraba su acceso al objeto de sus atenciones eróticas. Que era cuanto le importaba. Mientras la vida de AmanteComandante no corriera peligro no tenía por qué intervenir.Cuando el nuevo Amo y el pueblo se cansaron de celebrar la caída del régimen destrozando los pocos edificos que quedaban en pie, el Comandante fue encerrado en la jaula, y colocado en un parque cerca del mar. El castigo impuesto por el nuevo Dictador al antiguo Dictador, aquel pueblo envilecido no toleraba otra forma de gobierno, y aprobado a gritos por una muchedumbre entusiasta en la plaza pública, consistía, además del encarcelamiento perpetuo, en hacerle escuchar sus estúpidos discursos perennemente. Unos altavoces situados en las cuatro esquinas de la jaula voceaban las veinticuatro horas del día. El arsenal era prácticamente inagotable. AmanteComandante, en sus noventa años de gobierno habia pronunciado miles de discursos de diez, doce, quince horas de duración.Si algo, al margen de su brutalidad y sanguinario carácter, distinguía al otrora Líder Inconstestable, era su incontinencia verbal.Los discursos, que todos habían tenido que escuchar obligatoriamente y que jugaron un papel fundamental en el embrutecimiento y subhumanización colectivas, alejaron a las multitudes, que pronto se aburrieron de burlarse y humillar a quien antes adoraban como un dios. Por otra parte, el nuevo Dictador determinó cambiar la capital del país al extremo oriental de la isla. La antigua capital, ya en ruinas, cayó en el olvido y pasó a ser un lugar prácticamente deshabitado. Una especie de basurero descomunal.Pavorosa ausencia de Entretenimiento y Consumo. Espeluznante ausencia de Dios Nuestro Señor. Vulgaridad y aburrimiento máximos que presagiaban el justo destino que aguardaba a la isla.Al principio, Guntaar realizó sus visitas, durante las cuales sometía al anciano a toda suerte de excesos, durante la madrugada, cuando no había apenas espectadores o el parque estaba vacío. Pero más tarde comenzó a disfrutar de tener público, aunque fuese escaso. Por lo que se presentaba a cualquier hora del día.Todos creyeron que se trataba de un sofisticado plan concebido por el Nuevo Dictador. Nuevas muchedumbres, enjambres de niños pandilleros, vagabundos, mendigos y la más variada escoria arribaron al parque atraídos por el espectáculo. A veces era tanta la cantidad de porquería arrojada dentro de la jaula, que sepultaba a AmanteComandante. En varias ocasiones estuvo a punto de asfixiarse. Los infantes, con especial saña, subían a la jaula y defecaban sobre él. Hacian apuestas. Triunfaba quien le acertara en la cabeza con sus cagarros. Pero pronto esto también pasó de moda y sólo un grupo de ancianos nostálgicos excompañeros del Comandante que soñaban con devolverlo al Poder, y alguna que otra banda de pequeños bandoleros que proliferaban por todo el país dedicándose al crimen y al pillaje, se acercaba al olvidado parque y al olvidado tirano.Curiosamente, ninguna de las innumerables víctimas del Comandante se atrevía a ajusticiarlo y de esa manera vengar sus crímenes. El Nuevo Dictador había prohibido hacerlo.Aquellas bestias definitivamente domesticadas, concluyó Guntaar, eran ya incapaces de cualquier acto de elemental decencia. Solo podían existir como esclavos obedientes. Guntaar se encargaba de que AmanteComandante no muriera. Le proporcionaba alimentos, lo conservaba como a un bien preciado. Actualizaba y reforzaba, periódicamente, el equipo de nanomédicos. Pero no evitaba su deterioro físico y mental, salvo para que se mantuviera capaz de servir de Amante. La decadencia del cuerpo, su condición muriente, la vileza de la vejez funcionaban como acicate sexual. Exteriormente, el anciano daba muestras de una senilidad extrema. Encorvado. Frágil. La cabeza calva, averrugada, que se obstinaba en cubrir con una mugrienta gorra color verdeolivo, la piel escoriada, cuadriculada, transparente, plagada de ezcemas, psoriasis, diversos melanomas; las articulaciones rígidas, las piernas hinchadas y varicosas. Sin embargo, por dentro, su organismo se hallaba en bastante buen estado gracias a los cuidados del equipo nanomédico que, aunque trabajaba en una naturaleza inferior, obtenía excelentes resultados.El aspecto del ExComandante resultaba repelente, pero esto excitaba cada vez en mayor medida a Guntaar. Y llevaba a cotas apoteósicas la riqueza y profundidad el Entretenimiento Sexual Total que alcanzaba.Todo es juego, Entretenimiento, palabra de Dios.Cuando Guntaar aparece dentro de la jaula, los chiquillos vitorean. Viejos desdentados hacen muecas entusiastas. Cuchichean. Raquíticos, ojerosos. Rotos. Harapos meneados por el viento. Rostros mugrientos. Pestilencias provenientes de la ciudad: vertedero habitado por ratas hombres y niños ratas.El anciano está vestido con su característico uniforme militar. La triangular insignia negra y roja destaca en sus hombros. La canosa barba enmarca el enjuto rostro manchado. Todo es tan vulgar, tan tosco, parece estar tan a punto de desintegrarse, de terminar, que a Guntaar se le pone dura en un instante.¿Por qué aquel ser repugnante, de nalgas fláccidas, espiritualmente sucio y primitivo lo hace alcanzar soberbios niveles de Entretenimiento? Misterio. Voluntad de Dios Nuestro Señor.Santísimo sea, alabado sea.Frente al parque, la ciudad en ruinas se sumerge en la oscuridad. Un pájaro maltrecho huye de sus hambrientos perseguidores. Nubes de alimañas se deslizan entre las sombras. Olas ácidas salpican el muro. El cielo casi verde, verde de Prusia. Pronto la isla sera convertida en basurero de Tierra Firme y sus habitantes exterminados según el Plan de Reorden Mundial aprobado durante las ya cercanas Guerras del Reorden.Garbageland.Guntaar hace que la cabeza de AmanteComandante apunte hacia el público. Las nalgas blancas como panza de un pez resaltan en la semioscuridad. El rostro contra los barrotes. La descomunal verga busca el agujero. Escarba. Mide cuarenta centímetros y es una maravilla virtualcarnal digna del mejor Entretenimiento. Su dueño, orgulloso, la muestra a los espectadores antes de comenzar. El hermoso, perfecto cuerpo del visitante provisto de una luz interior. Efectos secundarios de la superposición temporal, de la realidad futura controlando. Aplausos, chillidos, vitoreos. Agarrones y patadas. Relinchos. Berridos. El equipo nanomédico se concentra en el area listo para reparar los desgarros, las hemorragias internas y los traumas intestinales.La experiencia le ha enseñado que meterla de golpe constituye una garantía de Entretenimiento Sexual Total. Eso hace. La maravillosa verga taladra, abriéndose paso en el sanguinolento interior de AmanteComandante. Se mantiene incontaminada gracias a su naturaleza virtualcarnal. El cuerpo del viejo uniformado va a derrumbarse pero Guntaar lo mantiene en la posición ideal. Máxima penetración. Máximo Entretenimiento. Máximo EntreteneDisfrute. Las destartaladas botas de combate del ExDictador golpean el suelo de la jaula produciendo un sonido rítmico, como de tambores de circo. Sus gritos cascados, sus mujidos, son coreados por el público hasta conseguir una especie de melodía paralela. La maravillosa verga entra y sale enrojecida provocando un goteo contínuo. El sonido de la pelvis de Guntaar contra los pellejos blancos se acopla a los ruidos acompañantes. La velocidad aumenta a medida que Guntaar se aproximaba al Climax de Entretenimiento Sexual + PLUS. El coro acelera a su vez. Los niños, aferrados a los barrotes chillan con los rostros transfigurados, poseídos por una especie de alegría devoradora. Todo desborda primitivez y zafiedad. Chocarrería y ordinariez. Insignificancia y ramplonería. Guntaar cierra los ojos para demorar un poco más el placer. La visión de la suciedad, el perfil podrido de la ciudad, los bestializados rostros de los niños, el clamor del público, la escoria danzante, lo llevaban irremisiblemente al estallido.Su joven, bellísimo rostro se contrae, supura superioridad, Fe, Eternidad vencedora de la podredumbre.¡Ahhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhh!Grita al conseguirlo.Su voz es tan pura que ilumina la plaza, el mar, el cielo, las ruinas.
Cinco Cervezas
pertenece a la novela Cinco Cervezas (Poliedro, 2005)
Y cuanto más intensamente se ha mirado algo, tanto más se ha alejado uno, lógicamente. Ver más significa huir más lejos.
Thomas Bernhard
Me llamo Gabriel Torres, tengo cuarenta y seis años, y mi cuerpo me avisa. Ignoro como sabe que ha llegado el momento de actuar. Pero lo sabe. Basta que me acerque a niveles intolerables de abyección para que reaccione y me sumerja en un océano de dolor, vómito, fiebre, diarrea, sangramientos. Desde mi más tierna infancia sucede. Mis desesperados padres. No es cierto, lo de la tierna infancia. De un hospital a otro. Es falso ese lugar común de que en la más tierna infancia uno es tierno, puro e inocente. El proceso de envilecimiento se acelera a medida que envejecemos; cierto. Pero no partimos de cero, ni al principio es diferente: se arranca ya del estiércol. De la basura.Olor a enfermeras.Es temprano ¿las diez de la mañana? Estoy sentado en mi PatriaBar de la Calle Mallorca, como todos los días, y no existe el mundo mágico de la infancia. El mundo mágico de la infancia es otra invención propiciada por el miedo. Por la endémica pusilanimidad humana. Por nuestra incapacidad para aceptar lo evidente. Eso del árbol de la infancia, la calle de la infancia, el hogar de la infancia, los amigos de la infancia: embustes alimentados por nuestra cobardía. Sin esa y otras invenciones tendríamos que suicidarnos en masa. Necesitamos la ilusión de algo superior (por eso hemos inventado las Historietas de los Dioses), de algo diferente a nosotros (lo que prueba que recónditamente sabemos que somos pura inmundicia), de otra manera enloqueceríamos.Nos envenenaríamos en masa, nos lanzaríamos por el primer farallón a mano como los indígenas cubanos (los últimos cubanos decentes). Primero los niños, luego las mujeres y por último los guerreros. Como hicieron ellos.A salvo tras el cristal de mi PatriaBar veo pasar las manadas. Pegatinas de American Express, Visa, Master Card. La Divina Trinidad. El día flota como una sábana recién lavada, condenada a ensuciarse. Olor a café, a leche. A perfumes mañaneros. La naturaleza despliega sus engaños. Sus dulces patrañas. Cambia el semáforo. Tosen los muros. Arenilla. Las palomas devoran un vómito reseco. Pausa. Cuando bebo el primer sorbo aparece.En ocasiones, pasan largos períodos de tiempo entre uno y otro aviso de mi cuerpo. Otras veces se producen uno detrás de otro. Apremiantes. Están relacionados con el nivel de abyección de mi existencia.Avisos sin sentido, pues el proceso es irreversible (¿qué consigue sino retrasar lo ineludible?) y al final nos convertimos en la misma mierda que todo el mundo; pero avisos al fin y al cabo. Salvavidas que me lanza mi cuerpo cuando ya estoy a punto de hundirme definitivamente. Cuando estoy a punto de desaparecer, tragado por la porquería.Gracias.Lo agradezco.Cuando miro atrás compruebo que mi vida consiste en el típico y por lo demás normal proceso de envilecimiento continuo, creciente y aniquilador, proceso de renuncia (¿qué es una vida humana sino una impresionante colección de renuncias?); pero, eso sí, jalonado de esfuerzos por destacar, por tener éxito en el ?mundo artístico?. Por ser un pintorzuelo o un escritorzuelo. No me conformaba con ser parte de la piara anónima, quería más.Vive oculto, dijo Epicuro.No le hice ningún caso.Tampoco a mi padre: Búscate un trabajo de verdad. Deja la escribidera. No hay nada más deleznable que la lucidez.Me parece escuchar su voz; llega desde la muerte como un encogimiento de hombros de la eternidad.Avisos de mi cuerpo: agónicas sirenas de heridos navíos en turbios fondeaderos (como en la cursi pero para mí conmovedora canción interpretada por Pacho Alonso... turbios fondeaderos donde van a recalar... barcos que en el muelle para siempre han de quedar... sombras que se alargan en la noche del dolor... náufragos del mundo que han perdido la ilusión...), campanadas al borde de los precipicios de la miseria suma y de la suma extinción. Semáforo en rojo: ¡STOP COMEMIERDA QUE DE AHí NO SALES A PARTIR DE ESE NIVEL DE ABYECCION NO HAY RECUPERACIÓN POSIBLE! ¡TE AHOGARÁS SUMERGIDO EN LA MIERDA!Actos de rebeldía, inútiles eso sí, de mi cuerpo, contra los abismos de la llamada normalidad que es siempre una enfermedad moral; un cáncer terminal.Mi cuerpo sabe que nuestra imagen de civilidad es un espejismo frágil presto a ser barrido por nuestra verdad: el horror.En el barrio donde nací, barrio misérrimo en la periferia habanera, la gente no tenía alma. Sólo cuerpo. Gente auténtica como nunca he vuelto a encontrar. El alma es un invento del cuerpo. Cuerpo de casi viejo; no de viejo todavía, el mío. Aunque poco falta. El tufo en la piel llegará pronto, el aliento correoso, hediondo, llegará pronto. El cuerpo pudriéndose de adentro hacia fuera, que es como envejecen los cuerpos, llegará más temprano que tarde, para citar una diarrea epistolar del Che Guevara o de Salvador Allende. ¿Qué más da cuál de estos tarados escribió esa paparruchada?Ya están aquí las manchas, eso sí. Los pelos amarillentos, las canas, las alteraciones gástricas, los agujeros negros en la memoria, las depresiones recurrentes, la peste en la boca, el dolor en las articulaciones, los divertículos, las gafas y ese deseo de parar, de salirme del flujo de las cosas que no es nuevo pero que se acrecienta día a día.Detenerme.¡Que todo siga su curso: la hierba creciendo, la lluvia cayendo, las mareas subiendo y bajando, las estaciones cambiando, el sol saliendo y ocultándose, las estrellas naciendo y estallando pero a mi déjenme al margen!¡Sigan sin mí, no me jodan más!Estoy solo. (Quiero decir que no me engaño pensando que es posible no estarlo). Eso es algo a mi favor. Una de las poquísimas cosas a mi favor; si descontamos que soy un borracho y un monologador cervecero. Siempre cervecero, lo del whisky es una forma de sumisión a Hollywood. Hollywood; la máquina estupidizante más formidable jamás creada por la humanidad. Estar solo (saberlo) es la única forma de sobrevivir, por un tiempo, sin hundirse en la inmundicia irreversible.Hay un grupo de cangrejos confinados en un balde; luchan por trepar hasta el borde y escapar. ¿Cómo saber cual es, entre todos, el cangrejo cubano? Es el que, desde el fondo del recipiente, tira de las patas de los otros impidiéndoles llegar al borde y alcanzar la libertad. Es el cangrejo cómplice del dueño del balde.Si existiera algún sitio al que escapar, y lo hay por supuesto y el mejor ejemplo es esta PatriaBar de la Calle Mallorca donde soy libre por primera vez, la cercanía de otros cubanos, conspiraría contra la fuga.El envilecimiento es inevitable, pero solos, con mucho esfuerzo, con incontables sacrificios, ya que nuestra naturaleza está en contra, conseguimos no envilecernos totalmente enseguida. Permanecer humanos; lo que es muy ruin; pero al menos significa no descender a subhumanos.(Que es lo mismo, y con toda seguridad preferible, estoy seguro, pero para mi cuerpo es una diferencia sustancial. De otra forma no me pondría al borde de la muerte para evitarlo; creo. Aunque... quién sabe lo que trama ese hijo de puta?).A todo el mundo se le hace muy difícil entender ?ni siquiera se las plantean? estas verdades tan simples. ¡Cómo se ofenden cuando las escuchan! O sí que las entienden. Pero tienen miedo. Por eso se dedican a ocultarlas, a interponer padres, madres, amores, coches, casas, amistades, hijos, profesiones, abuelas, ideologías, arte, tías, moral, patrias, modas, sobrinos, religiones, maridos, filosofías, televisores entre ellos y estas simples verdades. Para tener la ilusión de que no están solos, a la intemperie y en irreversible proceso de envilecimiento total.Antídotos contra el suicidio. Sus ilusiones.Ya no me hago ninguna ilusión. Concesión típica de domesticados. Antes sí, confieso; en mi etapa de artista muy prometedor y hasta brilliant, como afirmaba pasándome un brazo leproso por los hombros George el Dealer. Mi amigo en aquella etapa, famoso galerista de Miami. Hacerse ilusiones es asqueroso. Cobardía típica de domesticados y sumisos.Me va mejor así. Sorbiendo la cerveza, reteniéndola un poco en la boca antes de tragar, disfrutando su picante amargura: orillado. Mientras observo a esa vieja hurgando en la basura.Siempre aparece con el primer sorbo.Todas las mañanas viene a meter el hocico en el tacho. Flaca y grasienta. Gran lagarto verdoso. Escamas. La miro a través de las fronteras de cristal de mi PatriaBar: agacharse, rascarse el culo trufado de costras, devorar restos de comida o cualquier otra bazofia. Ni siquiera es una mendiga, es un animal carroñero, peligroso y obstinado.Sabe que estoy aquí, vuelve la mirada acuosa en mi dirección: como todos los días, levanto la copa y ella me enseña los dientes rotos. Tenemos una cita; de enamorados. Escupe. Pechos de cuero seco, rajado, cuelgan. Y ese gorro color sangre coagulada en la cabeza. Gorro frigio.Es la misma vieja; la he visto en Bruselas, San Francisco, Atenas, New York, Miami, Sevilla, Los Angeles, Roma, Berlín, Guayaquil, Londres, Amsterdam, París, Venecia, Praga, Madrid. No me deja en paz la muy puta. No me abandona.Y no hay paz hasta que todos nos han abandonado.Las ilusiones.Me va mucho mejor ahora, que cuando me las hacía. Me las hacía. Suena como si estuviera hablando de pajas. Pajas sí que me hago a cada rato. Pajas internáuticas, sobre todo. La Web es el reino absoluto de las pajas. Se ven imágenes divinas de lo que somos en la Web. Y eso que está en pañales, recién nacida. Y eso que no ha llegado lo virtual y toda la otra muy prometedora cochambre. Muchachitas singando con cerdos, chupándosela a perros y caballos; tipos haciéndosela a costa de su madre o sus hermanas. Tíos singándose a sus sobrinas. Fotos de bebes chupando pollas. Niñas sodomizadas por sus abuelos. Padres violando a sus hijos.Somos lo que somos cuando no damos la cara: una verdad demostrada e indiscutible. La Web nos da la oportunidad de ser sin dar la cara. Somos felices. Probos. Gracias a la tecnología y al anonimato. De ahí su éxito. El futuro es promisorio. Eso se ve muy claro en la Web. Por ese lado soy un optimista. La ciencia nos traerá la verdadera libertad. Sin hipocresías de ningún tipo.Es mejor hacerse pajas que ilusiones; repito siempre como una oración.Rubia la cerveza, delicada como el sol de mayo. Cremosa como el cielo barcelonés. Otra de mis oraciones.El cielo de Barcelona es el de mi destartalado Barrio.Pajas sí pajas sí pajas sí pajas sí ilusiones no ilusiones no ilusiones no: rezo. Cierro los ojos y junto las manos sobre el pecho clásicamente.Parezco una postal catolicona.Ya el empleado, Ministro en mi PatriaBar, se ha acostumbrado y ni me mira. Delantal manchado, rostro de madera húmeda, manos esponjosas, voz de vaso agrietado. Granos. Pajas sí pajas sí pajas sí pajas sí ilusiones no ilusiones no ilusiones no. La oración flota entre los jamones colgantes, entre los chorizos, el fuet, las morcillas, los pinchos de tortilla, el pulpo a la vinagreta, los calamares a la romana, las gambas al ajillo y las alitas de pollo fritas alineadas bajo la cristalera. El mugido trenzado de los clientes. El ruido de la cafetera. No son ciudadanos de mi PatriaBar, están de paso. Turistas. Hablan de fútbol. En este país, me refiero a España no a mi PatriaBar, a los hombres lo único que les interesa es el fútbol. Por eso tantas mujeres siempre andan necesitadas de que alguien que se las singue.Soy devoto del Dios de las Pajas. Que es uno de los pocos dioses que existen. También existen el Dios de las Fornicaciones y el Dios de las Fugas. El Dios de las Singuetas y el Dios del Desamparo. Y el Dios de la Inconsistencia. Y el Dios del Amor Perdido. Y el Dios del Exilio y el Dios de las Mamadas. Y el Dios del Miedo. Y el Dios de la Traición. Y el Dios de la Lejanía de los que Amamos. Y el Dios de lo Efímero. Y el Dios de los Libros. Y el Dios del Abandono. Y el Dios de la Renuncia. Y el Dios de los Nómadas. Y el Dios de la Podredumbre. Y la Santísima Virgen de la Mierda Perenne que es poderosísima.Soy devoto de todos ellos.¡Pajas sí pajas sí pajas sí pajas sí ilusiones no ilusiones no ilusiones no!En ese país, allá afuera, los hombres no singan, ven el fútbol y se hacen pajas pensando en Raúl, en Ronaldo, en Roberto Carlos, en Figo, en Beckham.¡Ahhhh, ahhhhh, ahhhhh! ¡qué piernas, qué velocidad, qué puntería... Raulito, Ronaldito... mi macho aaahhhhhhhh!¡PAJA O MUERTE... NOS LA HAREMOS! Esa debía ser la consigna de mi expaís, de la isla pavorosa; les hubiese ido mejor a esa turba de tarados.Me las hago (sorbiendo, poco a poco, mi propia leche; hay que parar en el momento adecuado y dejar brotar un chorrito, beber, esperar, reiniciar la frotación, otro chorrito, beber, esperar nuevamente... beber. Si no han tratado esto queridos lectores se lo recomiendo encarecidamente; es casi como follarnos a nosotros mismos que es lo que todos quisiéramos hacer dejémonos de hipocresía) a costa de los rostros angelicales de las niñitas de la Web, embarrados con los goterones de esperma de caballo. O de burro. O de perro.No hay nada mejor para comprender a un ser humano que darle la oportunidad de actuar sin dar la cara. Fluye entonces naturalmente su puro, real emporcamiento.O su belleza pura. Es lo mismo.Lo limpio es sucio, lo sucio limpio. ¿No lo dijo el coro de brujas?En Cuba les han dado esa oportunidad y la isla está cubierta de un extremo a otro de delatores, torturadores, carceleros, censores, cobardes e hijos de puta.Bebo una cerveza fría en mi PatriaBar de horrible decorado, de campanita tras la puerta, en la Calle Mallorca. Todas las mañanas. El baño apesta. El Ministro apesta. Barcelona resuena afuera, culona (el culo de esta ciudad es fabuloso, duro, bellísimo, acogedor, profundo y tibio), peluda, tersa. Barcelona con el rostro maquillado, humoso. Las mejillas del cielo doradas, los pechos infantiles.Abajo, en los túneles del metro, millones de lombrices. Oigo el trasiego de sus cuerpos embarrados.Los árboles, no tan asustados como estarán después, cuando avance el día. Apenas tosen.Las manadas pasan rumbo a las oficinas, las escuelas, las fábricas: centros de embrutecimiento colectivo.Conversan, gesticulan, ríen, infectadas de ilusión.El pelo de la vieja, que escapa por debajo del trapogorro empercudido que enmarca su jeta costrosa, es como un matojo requemado, como racimos de patas de araña. Movidos por la brisa. La vieja, portentosa araña hociqueante. Renquea. Brazos y piernas jalonadas de pústulas. Escoria. Ensenadas de pus, playas arrasadas. Barrios podridos. Territorios carcelarios, cancerígenos.La cerveza es el curriculum. Una palabra terrible. Pero imprescindible para los habitantes del llamado ambiente artístico. Al que pertenecí en su momento. Engullo un buen trago. Ambiente que es muy comercial y nada artístico, como sabe cualquiera que haya pertenecido a ese ambiente. Y no me refiero exclusivamente al ambiente artístico de los horripilantes lugares de donde vengo (...yo vengo de todas partes... y hacia todas partes voy... el Apóstol asoma la calva).Es lo mismo.Cualquiera que afirme que el arte tiene hoy todo que ver con los BANCOS y el DINERO y nada que ver con el arte, lleva la razón. Es una persona sensata. Equilibrada. Justa. Que sabe de lo que habla. Cada cerveza conduciendo, permitiendo una parte de la historia: deshilvanándola. Pompas etílicas, versos etílicos. El hilo conductor, como suelen decir los escritorzuelos. Esa crápula que está siempre de moda. Cuyos infectos mamotretos el público devora. Todos los años publican religiosamente algún infecto mamotreto con presentación, nudo, desenlace y demás mierdas resignadas. Una cerveza, un fragmento. Otra cerveza, otro fragmento. ¿Es que hay algo más? No. Sólo fragmentos. Cervezas. Fragmentos. Cervezas. Fragmentos. Cervezas. Fragmentos. Cervezas. Fragmentos. Nada en la vida existe como continuidad; todo fragmentos. Lo de la continuidad es otro invento piadoso sin el cual no podríamos sobrevivir un instante los humanos engendros. Como el aire que respiramos necesitamos la fábula de la continuidad. Yo cada vez percibo menos la continuidad, me siento como lo que soy, pedazos inconexos y sin sentido que nada tienen que ver unos con los otros. Fragmentos fragmentos fragmentos. Cervezas cervezas cervezas.Otro trago.Soy cubano. Es insoslayable decirlo en este momento de desvaríos cerveceros, de monólogos con el mono, conmigo mismo; desvaríos con los que celebro ser parte otra vez, pertenecer a una nueva Patria. Sin una Patria no se puede vivir, hasta yo acepto eso.Digo esto, pero odio a los patriotas y a las Patrias. Odiar a los patriotas y a las Patrias es un requisito fundamental para no ser un cretino. El concepto mismo de Patria es una aberración. Una pulsión cavernícola. Ningún nacionalismo es inocente. Todos los nacionalismos son asesinos y embrutecedores. ¡A matar, a matar! ¡Somos los mejores!; proclaman todos los himnos nacionales. En el fondo de todos los nacionalismos anida el racismo, la discriminación y el fanatismo. El culto a la estupidez y la barbarie. Al final siempre quieren obligarnos a aniquilar al otro porque no canta la misma cantaleta o no habla la misma jerigonza o no adora al mismo Dios que nosotros, o al mismo criminal hijo de puta salvador de la Patria que nosotros. El nacionalismo es el caldo de cultivo ideal de todas las monstruosidades humanas. El nacionalismo es un tumor maligno, una plaga siniestra. Cualquier gobierno sano debería fusilar sin demora a todo el que se declare nacionalista, no sólo por constituir un peligro en potencia para la paz social sino sobre todo por imbécil.Sin embargo, esta mañana celebro no ser un apátrida. Todas las mañanas desde hace meses lo celebro. Día tras día. Tengo una nueva Patria. ¿Existe dicha comparable?Soy cubano, dije, pero lo exacto sería decir "era" cubano, o, ?soy excubano?. Antes de convertirme en feliz ciudadano de la RepúblicaBar de la Calle Mallorca se me consideraba ciudadano de la pavorosa isla. Isla que semeja un montón de mierda modelada por un escultor cubano... ¿Cárdenas? ¿Pero qué digo? La escultura cubana no existe. Copias de copias de copias de copias...La RepúblicaBar de la Calle Mallorca es mi Patria. Patria que es PatriaBar, de ahí que sea habitable. De ser Patria a secas sería cárcel, campo de concentración.En una PATRIA a secas los niños deberían recibir clases de Antipatriotismo; clases en las que cada niño aprendiese a insultar la PATRIA y conocer con lujo de detalles todos los horrores de la Historia ?que siempre es siniestra, canallesca, mentirosa, antiespiritual y degradante? de su país, de su llamada PATRIA. En una PATRIA a secas los niños deberían cagar y mear la bandera en las escuelas a manera de ceremonia higiénica matutina.Pero nada de eso es necesario en mi PatriBar de la Calle Mallorca.Cuando llegué aquí, ser cubano significó una gran ventaja. Decir que era cubano. Muchas mujeres escuchaban la palabra cubano y empezaban a salivar y a abrirse de piernas. Sin sospechar la portentosa cantidad de porquería que acarrea esa palabra: cubano. ¡A empinar los culos se ha dicho! Culos. Aquí no se folla, como le dicen ellos a singar, por el culo. Ni por otras partes... ya saben; el fútbol. El culo se usa para cagar y punto: gran desperdicio.Culos maravillosos abandonados y descuidados por los hombres de aquí que se pasan el tiempo ante los televisores o en los stadiums dando gritos como energúmenos; o van a la isla pavorosa de la que escapé aterrorizado en busca de culos iguales o peores que los que tienen ya.Una locura, pero eso es lo que pasa.Nunca he tenido problemas para encontrar con quien singar. Donde limpiar el fusil como decimos allá en la isla pavorosa. Pero esta situación resultaba nueva. (Inédita; dirían los escritorzuelos bilingües y biculturales del periodicucho Times de Miami).Los cubanos (todos) son indignos de que una mujer les de el culo. Dar el culo es un acto de enorme pureza, un acto mágico, un acto de amor, de delicadeza y entrega extraordinaria que honra al que lo recibe.Seres degradados, sin consistencia, de una abyección ilimitada: los cubanos. No merecen una entrega de tal naturaleza.La vieja suplica una limosna a una pareja que pasa. Lloriquea agitando una mano tiznada. La mujer le da una moneda evitando tocarla. Hace bien, sabe Dios qué infección podría contraer. Cuando vuelven la espalda la vieja les hace una señal obscena con el dedo. Sonríe en mi dirección, enseñando los dientes rotos.Reputa.O no, pragmática.Que los maridos no las satisfagan no es razón suficiente para semejante idolatría de los cubanos. Que los maridos corran a la isla pavorosa en busca de lo que tienen aquí en calidad y cantidad, proporcionales al menos (superiores en mi opinión), a lo que encuentran en la isla pavorosa, no es razón suficiente. Murmuraba al enfrentarme con la idolatría. Una idolatría completamente infundada que tiene como foco (a los cubanos, que apenas saben hablar, les encanta eso del foco: el foco de esto, el foco de aquello...) a los cubanos. Gente ridícula, gangosa y asqueante. Aunque lo oculten muy bien bajo el manto de la jocosidad, la bailadera ?y la alegría y el sentido del humor de ese pueblo risueño...?; como repiten los periodistas y los cagalitrosos escritorzuelos cuando expelen sus paparruchadas ridículas e interesadas. Recién llegados de un viaje con todos los gastos pagados a la isla. Un viaje en el que se han vendido por una langosta.Pero ¿para qué explicarles a las mujeres de aquí lo repugnante que realmente somos los cubanos? No hay nada que cambie de verdad, como se sabe, así que para qué perder el tiempo.De nada habría servido explicar a las mujeres de aquí lo que no iban a entender porque estaban demasiado ansiosas, airadas e insatisfechas y cuando se está demasiado ansioso, airado e insatisfecho no se entiende nada.Cuando se está calmado y satisfecho, tampoco se entiende nada.Es lo mismo.No hay nada que entender. Se atraviesa un paisaje por un tiempo, después, en algún punto uno revienta y el hecho carece de importancia.
un cuento
?Un cuento? pertenece a la novela Accidente (Debolsillo, 2004)
Abro los ojos, lo veo. No sé si apareció ahora o estuvo ahí toda la noche. Es un cuento corpulento, de brazos largos y manos pequeñas y rosadas: fulgura en la penumbra. Cabeza hermosa, ojos brillantes. Viste unos jeans desteñidos, tenis sucios y una camisa arrugada. Por la portañuela abierta escapa un falo pequeño y unos testículos apretados.¿Cómo logró meterse en el cuarto? Mide por lo menos tres metros de alto. El cielo es una mancha, murmura con una vocecita meliflua, incongruente. Lo miro, fijo, cómodamente instalado debajo de mis tres colchas (el aire acondicionado está a todo dar) para ver si desaparece. Con los cuentos a veces sucede eso. Uno los mira fijo un rato, como quien está absorto en algo que ocurre más allá de ellos. Y terminan por esfumarse. Si hay algo que no resisten es que los ignoren.Con éste no tengo éxito. Continúa ahí con sus ojos relucientes, casi redondos, que parecen agitados por un hierbazal interior. El cielo es una mancha. Me levanto. Mientras me visto, orino, cepillo los dientes, lavo la cara y peino, puedo verlo reflejado en el espejo del baño. No me quita la vista de encima y sigue cuchicheando. Las palabras brotan de su boca, espumosas. Tarareo formado por huevos mínimos contenidos en una saliva reluciente. Mueve los brazos. Dentro de la ajustada tela las piernas semejan patas de un ortóptero descomunal. Tiene un cordón desatado. Pienso decírselo, pero me arrepiento. Mientras menos confianza se les dé, mejor.Las frases -espuma o huevos- crujen, estallan produciendo un peculiar sonido, empiezan a pelear en el aire, se convierten en moscas, mosquitos, guasasas, hormigas, arañas y otra miríada de diminutos insectos voladores que no acierto a identificar. También pequeñas hadas de Walt Disney, pero con las tetas grandes y puntiagudas y los culos empinados.Cuando salgo del baño zumban por el cuarto. Algunas terminan dentro de mi boca. No tengo otra alternativa que tragármelas. Todos los insectos, y las hadas que son también insectos, dicen exactamente lo mismo, la dichosa frase: El cielo es una mancha...Continúan emergiendo de su boca en cantidades alarmantes. Apartando a manotazos los miles de bichos que se obstinan en pegarse a mi cara, me deslizo junto a la pared. Trato de alcanzar la puerta. En el camino recojo las llaves del automóvil de encima de la cómoda. Compruebo que me sigue.Molesto, le digo:?Si vas a venir detrás de mí, por lo menos abróchate la portañuela.El cielo es una mancha. La frase se posa, se aferra con sus patas de mosca o de libélula o de garrapata o de chinche al parabrisas, y se disipa luego con un alarido. El asfalto comienza a despedir un vapor que envuelve el monótono y vulgar paisaje. Pequeños comercios. Anuncios lumínicos. Enormes carteles. Spanglish. Un plantón de cañas de azúcar crece dentro de una palangana, junto a la puerta de una cafetería. Si pateo una de esas fachadas caería como un decorado de papel. Pasaría lo mismo si le doy la patada a cualquiera de los que transitan por las aceras. Observo la porquería a ambos lados de la vía. Miro a esa pobre gente fingiendo que está allá, moviéndose como si estuvieran allá, riendo y viviendo como si estuvieran allá y no aquí. A veces, en una esquina, hay un político hablando estupideces y sacándole las monedas a los ancianos nostálgicos, o algún atracador bien trajeado vendiendo algo que no hace falta. Estercolero de sueños, cementerio alimentado por nuestra cobardía.En esta ciudad se vive a merced de los automóviles. Se van metiendo en tu vida y en tu sangre y llega el momento en que sientes que tienes un timón en el centro del pecho y un tubo de escape saliéndote del culo.Un tufo caliente entra por las ventanillas. Asqueroso. Subo los cristales y conecto el aire acondicionado. Sigue siendo hedor contaminado, pero al menos está frío. Enciendo la radio. El líder de La Grande, la más poderosa emisora de radio cubana, reporta un accidente: un tren de carga ha golpeado un carretón tirado por dos mulos en un cruce de vías en el interior de la isla. Los mulos y el conductor resultaron ilesos, pero el carretón quedó destruido. El tren no sufrió daños. La estrella radial, al que los cubanos adoran, narra los hechos como si el accidente fuera a provocar la caída inmediata del gobierno. Cambio de estación y escucho la voz de un ex cura borrachín que conduce un popular programa de entrevistas. Hoy suena más servil que nunca pues su invitado es un alto ejecutivo del poderoso diario local. El norteamericano se empeña en chapurrear algo, ininteligible, en español, y el ex cura beodo le ríe estrepitosamente la gracia. Apago.Detenido en un semáforo a la altura de la Olga Guillot Avenue, lo veo avanzar entre los autos. Sortea los obstáculos como un gran avestruz gigante. Contra el cielo blanco, ya hirviente a pesar de que apenas son las nueve de la mañana. Su corpachón adquiere matices ocres de tierra. De campo humedecido. Con una gran zancada supera un ómnibus repleto de turistas que se aplastan contra los cristales y abren las bocas como peces ahogándose, en medio de una gran algarabía. Gritan, ríen. Probablemente piensan que es algo organizado por las autoridades locales para divertirlos.Sobre el parabrisas continúan pateando ligeros los monstruos, las frases.El edificio donde viven mis padres con el niño es un gallinero. Uno de esos proyectos auspiciados por el gobierno, controlados por amigos de los políticos, que se meten todo el dinero y terminan haciendo cuevas donde la gente pobre lucha para que no las devoren las cucarachas. Mi padre y el niño ya me esperan. Mi madre agoniza, como de costumbre, encerrada en su cuarto. Ahora tiene leucemia o algo por el estilo.Mientras caminamos por el estacionamiento pienso que soy yo mismo en tres versiones y me aterra la idea de que seguiré muriendo aún después que esté muerto, y que moriré antes de morirme. Miro al viejo cuya cabeza destaca contra el muro verde, de arbustos recortados. Su pelo ralo y blanco ondea en la leve brisa que se ha levantado. El rostro, cubierto de manchas y protuberancias que deforman la nariz, exhibe una tristeza gruesa, que no tiene motivo específico.Vuelvo la cabeza a tiempo para ver como por la esquina más próxima dobla el cuento: trota, bamboleante. Suda y la boca entreabierta deja escapar resoplidos de corredor agotado y una nube de bichos.Pongo en marcha el motor y conecto el aire acondicionado.La clínica está repleta, como siempre. En la ventanilla, una muchacha uniformada de labios carnosos, pintados de rojo, nos entrega un cartoncito con un número. Luego nos indica la escalera. En el pequeño salón de espera hay unas quince personas. La mayoría, viejos que conversan como si se conocieran de toda la vida. El niño está sentado junto a mí. Mi padre ha encontrado un lugar frente a nosotros y habla con un anciano encorvado, sin dientes. Aprovecho para observarlo, ahora que tengo la oportunidad de hacerlo sin temor a encontrarme con sus ojos. A través del deprimente cúmulo de deterioro asoma una semejanza intolerable con mi propio rostro. Cruzo las piernas y me doy cuenta de que las he colocado en la misma posición en que las tiene él. Bajo la pierna y retiro la mano del muslo, pues la mano de mi padre descansa sobre el suyo de idéntica forma, es decir, los dedos ligeramente doblados, apuntando la entrepierna. Hago una mueca, contraigo la mandíbula, tratando de escapar a la semejanza. A mi lado, el niño imita todos mis movimientos al tiempo que sonríe.El médico resulta ser un joven un poco bizco que me dice, después de un breve reconocimiento, que mi padre está sordo de un oído y que el otro va por el mismo camino. Le receta antibióticos, pues, según él, todo es producto de una infección, y le da una cita para el mes próximo. Cuando salimos del consultorio veo la mancha de las frases del cuento arrastrarse y ronronear por las paredes. Grises sobre el azul pálido de la pintura. Los labios de la muchacha que da los turnos son una supuración. Los grupos de palabras se ord
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